La tarea de mantener la llama viva
Dinamita Pereda hace del rock ‘n’ roll su modo de vida y lo demuestra con su nuevo y segundo disco de estudio
Federico Pereda tenía 13 años la primera vez que escuchó a Jimi Hendrix. Ese verano Are You Experienced sonó hasta el cansancio. Se internó en un cuarto trasero de la casa de verano para sacar incansablemente los riffs y los piques con su nueva guitarra eléctrica. “Guardo muy lindos recuerdos de esto. Porque hasta el día de hoy sigo vinculado a ese estilo, esa vibra y en lo artístico”, contó Pereda a El Observador. Esa llama que Hendrix comenzó al incendiar su guitarra, Pereda trata de mantener viva.
Años después y luego de pasar por bandas como Dsus4 y Limousine, ya bajo el nombre Dinamita y desde la esfera independiente local, se encarga de mantener viva la llama del rock clásico y mantener a toda cuesta su esencia.
Se lo puede ver liderando su banda, La Swing Factory, con su melena enrulada, su look traído desde los 1960 y 1970 gracias a las tiendas de segunda mano y un carisma que nace de la confianza en su talento. Así no es difícil retrotraerse a un pasado donde el rock era un modo de vida más que una moda.
Con su primer disco, Río Bravo (2010), editado de manera digital, presentó su proyecto, basado fundamentalmente en un rock ‘n’ roll que ya no sonaba en las nuevas generaciones de músicos. En sus shows en vivo, además de sonar los temas de su autoría, se entremezclan versiones de tema como Chain of Fools y Gimme Shelter, apoyados en las voces de sus hermanas y coristas, Luxy y Dakota Pereda. El registro del show en vivo se puede ver en su DVD Río Bravo Live! que fue nominado a los Premios Graffiti como Mejor álbum en vivo.
Este sábado Pereda y su banda presentarán su segundo trabajo de estudio, No hay más tiempo que perder, un disco que según detalla el músico, está a medio camino entre Brooklyn y Montevideo.
Uruguayo en Nueva York
Desde hace cinco años, Pereda comenzó a viajar a Nueva York para pasar temporadas en la Gran Manzana. Si bien su primera estadía fue más turística que laboral, ya comenzó a crear contactos que sirvieron para que, en 2012, pudiera armarse un circuito de shows. Allí se trataba de hacer “esa historia típica de Nueva York de los 1960, donde todo el mundo tocaba con todo el mundo en sesiones de jam”, explicó.
En 2012 se fortalecieron los contactos y ya el objetivo fue un crecimiento artístico. “Ir ahí es tratar de enriquecerse con otras músicas. Es un lugar donde se mezcla mucha cosa y está bueno”, afirmó el músico.
Su última estadía fue el año pasado, en la que realizó una residencia durante todo el verano boreal en el bar de blues y country Skinny Dennis en Brooklyn y representó a Loog Guitars en una feria de instumentos musicales en Nashville.
Lo que lo sigue llevando año a año a Nueva York es el ritmo y el trajín que adquiere, tocando seguido y colaborando con músicos que llevan el blues y el rock en la sangre. “Soy un músico full time, no me reparto entre un trabajo de medio horario y de tarde despunto el vicio de la banda. Todo el tiempo estoy enfocado en eso. Y realmente el circuito uruguayo es pequeño y uno se satura. A mí me gustaría tocar todo el tiempo. Me gustaría hacer giras por el interior pero acá es muy difícil. Viajar me lleva a buscar superarme y en inspirarme con otros artistas y otros estilos. Allá se valora que el artista esté 100% entregado al arte”, afirmó.
La esencia del rock ‘n’ roll
Para Pereda, el fundamento del rock se trata de manifestar la emoción en lugar de buscar la perfeccion en la ejecución. “El rock no funciona así. Hay que ponerle muchas ganas para que el rock ‘n’ roll sea creíble y se sienta”, explicó. Así como Elvis o Little Richard hacían de todo un espectáculo para encender al público. “Eso es el rock ‘n’ roll. Hay un factor de entrega y de vivir el momento. Eso es lo que rescato de toda esa generación. No la estaban careteando, daban todo. Y así se murieron varios. Yo por mi parte prefiero llegar a los 50 entero y estar tocando fresco”, agregó entre risas el guitarrista y cantante.
Sin embargo, hoy por hoy parece difícil mantener esa esencia, en un mundo donde la palabra “rock” es usada para definir tantos y diferentes sonidos. “Se ha bastardeado mucho la imagen del rockero. Mucha gente ‘pomelizó’ el estilo y piensan que tocar rock es eso. Creo que se vanalizó y con la banda tratamos de mantener el orgullo y el estilo del rock n’ roll clásico”, dijo Pereda.
Con su banda, el músico siente que lleva consigo esa vieja bandera. “Llevo adelante un estilo y una ideología de vida, que es entregarse a lo que uno hace. Hay gente que me dice que se identifican con eso, y eso me fuerzas para seguir”, explicó.
Ese espíritu se refleja en No hay más tiempo que perder, un disco grabado con una banda a la que considera una familia, que tocan porque creen en lo que hacen.
Está compuesto por canciones en español que datan de sus 17 y 18 años, otras bastante nuevas, que se hicieron entre Nueva York y Montevideo, y que engloban ese blues y rock del que se nutrió desde que conoció a Hendrix.