Las claudicaciones de Ancap
Las cuantiosas pérdidas de ANCAP se originan en pobreza de gestión, reflejada en la baja productividad de su refinería y en errores de planificación en inversiones no redituables dentro y fuera del país
Las cuantiosas pérdidas de ANCAP se originan en pobreza de gestión, reflejada en la baja productividad de su refinería y en errores de planificación en inversiones no redituables dentro y fuera del país. El ente opera a pérdida o con costos desmesurados en sus áreas principales, especialmente en la refinación de combustibles, la producción de cemento y la de etanol sobre la base de la caña de azúcar de ALUR. Las ineficiencias de la refinería de La Teja han sido reiteradamente informadas. Se derivan de un tremendo exceso de personal, hasta 10 veces más del necesario, lo que redunda en un bajo nivel de productividad. Tiene alrededor de 1.000 trabajadores cuando en países más eficientes, por ejemplo Estados Unidos, una refinería pequeña de tamaño comparable funciona con no más de un centenar.
El área del cemento también trabaja a pérdida, excepto por un breve período de exportaciones a Argentina años atrás, que condujo, con poca previsión, a expandir instalaciones con nuevas inversiones costosas que hoy carecen de suficientes compradores que las justifiquen. ALUR, por su parte, surgió del compromiso del presidente Tabaré Vázquez, en su primera campaña electoral en 2004, de reabrir la planta Espinillar, cerrada durante la administración Lacalle. Transformaciones y dificultades operativas a lo largo de los años desembocaron en la actual producción de etanol, que la empresa vende al ente madre en condiciones financieras que esconden subsidios, según aseguran expertos en el tema.
A las claudicaciones dentro de fronteras se agregan las deficitarias aventuras en Argentina y Venezuela. La compra de una red de estaciones de servicio en Argentina, realizada antes de que el Frente Amplio llegara al poder, resultó un mal negocio que todavía hoy afecta las finanzas del ente petrolero. Ha invertido también en una improductiva asociación minoritaria con la deteriorada Pdvsa estatal de Venezuela. Las consecuencias de la acumulación de errores de gestión son las pérdidas en aumento que ANCAP acumula año a año. Fueron de US$ 169 millones en 2013, US$ 323 millones en 2014 y, según se ha informado, alcanzó los US$ 100 millones en los primeros meses de este año.
Esta situación complica aun más las dificultades financieras que enfrenta el gobierno. Proyecta que las empresas públicas aumenten sus aportes a Rentas Generales para ayudar al prometido abatimiento del déficit fiscal en un punto, a 2,5% del PIB. Pero el estado de las cuentas de ANCAP apuntan a que, en vez de arrimarle más recursos, el gobierno tenga que salir al rescate de la más grande pero deficitaria empresa del país. No todas las empresas públicas están en igual situación ya que algunas, como UTE y ANTEL, han sido mejor administradas para mejorar servicios a través de la transformación del marco energético y el desarrollo de las comunicaciones mediante la fibra óptica. Hoy Uruguay está solucionando los problemas de abastecimiento de energía y depende cada vez menos del petróleo. Además se ha colocado a la vanguardia de las telecomunicaciones en América Latina con acceso universal a servicios de calidad.
La solución expeditiva de cortar pérdidas y actuar con sentido empresarial choca con la inamovilidad del empleo público y la parsimonia oficial. Es un intríngulis que desafía la decisión del gobierno de ordenar las finanzas del Estado, meta solo alcanzable a largo plazo si se asegura la buena administración que hoy lo elude en tantas áreas.