Las derivaciones del secuestro
La aparición con vida de la médica Milvana Salomone fue lo primordial este caso de secuestro, pero corresponde destacar la eficiencia policial en su manejo y esclarecimiento
La aparición con vida de la médica Milvana Salomone fue, obviamente, lo primordial en todo lo relacionado con este caso de secuestro. Pero corresponde destacar la eficiencia policial en su manejo y esclarecimiento, incluyendo la individualización de los captores y su rápida detención en cuanto la víctima quedó en libertad, así como la recuperación del rescate que había pagado la familia. El mejor equipamiento técnico y el entrenamiento de efectivos especializados en esta modalidad delictiva desempeñaron un papel preponderante a lo largo de las semanas que duró el cautiverio.
La población sufre todavía la cotidiana agresión de la delincuencia, a veces sangrienta, a estaciones de servicio, a todo otro tipo de comercios y a peatones. Atenuar la inseguridad de la población es todavía un debe de la Policía y de la estructura judicial penal y la carcelaria. Pero lo ocurrido en el caso del secuestro de la doctora Salomone fue alentadora evidencia de la evolución que ha logrado en los últimos años el accionar policial en materia de delitos complejos. Los sistemas de inteligencia y de rastreos técnicos de comunicaciones, tarea en las que también colaboró la Justicia, permitieron estar un paso adelante de los secuestradores y desbaratar a una banda que proyectaba continuar con este tipo de delitos, habituales en países cercanos pero casi desconocidos en Uruguay.
Del episodio quedaron otras comprobaciones también importantes, relacionadas con la estructura penal y el sistema carcelario. Ya está en marcha un proyecto de ley para endurecer sentencias, a ser incluido en el empantanado debate actual sobre la reforma del Código Penal. Este instrumento se estancó en el Parlamento por diferencias entre legisladores sobre la deseable eliminación del delito de abuso de funciones, un pernicioso comodín que ha generado injusticias notorias en el pasado, o mantenerlo con una redacción modificada. Es una necesidad urgente la aprobación de un código que ha quedado obsoleto, en gran parte por el aumento de viejos delitos y el surgimiento de nuevas modalidades. Además de una definición de delitos más adecuada a la realidad actual, debe incluir endurecimiento de penas como posible disuasivo a los malhechores y para facilitar la acción de fiscales y jueces, constreñidos a veces por normas que coartan la severidad penal que correspondería imponer.
Es igualmente necesario asegurar la eficacia del sistema carcelario, especialmente en los centros donde están recluidos los delincuentes más peligrosos. Existen en teoría áreas de máxima seguridad. Pero en la práctica hay cárceles que son un colador de ventajas indebidas a presos que dirigen desde la cárcel a sus compinches aún en libertad. Desde drogas, celulares u otras formas de comunicaciones con el exterior y, a veces, hasta armas de fuego, de alguna forma llegan a manos de reclusos y violan el aislamiento al que supuestamente están sometidos. Provienen de guardias carcelarios corrompidos por narcotraficantes, ya dados de baja cuando han sido descubiertos, y de la visitas que reciben. El director nacional de Policía, Julio Guarteche, dijo que “es necesario cambiar el relacionamiento que se da en las cárceles”. Lograrlo exige mejorar el sistema carcelario, ayudando a los reclusos socialmente recuperables pero asegurando el estricto aislamiento de los más peligrosos, como los líderes del narcotráfico o los procesados secuestradores de la doctora Salomone.