Las Usinas Culturales están funcionando desde 2009. Pero un video en YouTube logró ponerlas en boca de todos. El video del rapero Don Cony, Yo soy Marconi, ha superado las 25 mil visitas, poniendo al barrio Marconi en las pantallas de televisión, ya no por las noticias y los operativos de saturación, sino por su música.
El fenómeno Yo soy Marconi nació en la Usina Cultural de Casavalle. Las usinas son centros dependientes del Ministerio de Educación y Cultura, equipados con salas de grabación y equipos para la producción audiovisual. Asimismo, cada usina cuenta con talleres especializados en diferentes campos de la cultura.
En Montevideo funcionan cuatro usinas en los barrios Carrasco Norte, Casavalle, Cerro y en el Comcar. En el interior del país están presentes en Rocha, Salto, Paysandú, Durazno, Artigas y Treinta y Tres.
La idea detrás de la creación de estos centros es el cumplimiento del derecho del hombre a generar cultura. Es definitiva la democratización de la creación cultural.
Hugo Achúgar, director nacional de Cultura, explicó a El Observador que “había una necesidad de habilitar espacios en los que la creatividad de los uruguayos de todas las clases sociales –especialmente las más vulnerables o más alejadas geográficamente de las capitales– pudieran tener acceso a crear lo que ellas quisieran”.
Este esquema, planteado al comienzo de su mandato, fue tomado con “gran entusiasmo”. Fue declarado ejemplo de buena práctica de política cultural por la Organización de los Estados Americanos, fue reconocido por la Asamblea Mundial de la Unesco, y Brasil lo ha tomado como inspiración para crear sus propias Usinas Culturais.
Además de encontrarse en barrios carenciados o alejados de centros urbanos, se fundaron usinas en centros de reclusión. “Entendimos que podía ser un instrumento interesante para la creatividad de aquellos que están castigados por la Justicia. Perdieron sus derechos cívicos, pero no los derechos culturales”, afirmó Achúgar. Hay instalada una usina en el Comcar y una “media usina” en la cárcel de Paysandú. “La Unión Europea se interesó y el año que viene tendremos cinco “medias usinas” en distintos penales de Uruguay. Y aspiramos también a tener una en el hospital Vilardebó”, agregó el director nacional de Cultura.
Para llegar a aquellos lugares donde todavía no llegaron estos centros, se realizó la Usina Móvil. “Es una especie de container equipado, financiado por el gobierno canario”, explicó Achúgar. Por el momento tanto en San Carlos como en Marindia se planea la construcción de nuevas usinas. “Ya la demanda es mayor a la capacidad que tenemos”, agregó.
Las personas interesadas en utilizar los servicios se comunican directamente con la usina, presentan su proyecto y agendan fecha y hora. “Por lo general se aceptan todos los proyectos. De cualquier manera nos basamos en algunos criterios básicos, priorizando condiciones socioeconómicas, experiencias pedagógicas y formativas y creación de composiciones originales. Se abarcan todos los géneros musicales y si es necesario se orienta y se dan talleres”, explicó Cecilia Alzogaray, Coordinadora General de la Usina Cultural Casavalle.
Por su parte, Fabián Acosta, técnico de sonido de la Usina del Cerro –y conocido por su nombre artístico Max Capote–, afirmó que para sacar una “foto natural” de lo que pasa musicalmente en el Cerro, deben tener lugar también aquellos artistas que cantan con pista. “Hay mucho artista de tipo melódico internacional en el Cerro. Hay una cultura muy grande del cantante con pista. Y el intérprete también es un artista”, sostuvo.
Las músicas del barrio
La Usina Cultural Cerro se encuentra en el predio de APEX, el programa educativo de la Universidad de la República, permitiendo así la interacción entre ambos centros.
De acuerdo con Acosta, a pesar del prejuicio que existe sobre la música tropical, la mayoría de los músicos que llegan a la Usina del Cerro no se insertan en ese género. “Acá predomina más el punk y el rock”, afirmó, detallando bandas como Vieja Estirpe, de rock folklórico y Notoka, representando el punk.
Hoy tienen en desarrollo un proyecto junto al taller de candombe que se dicta en APEX. “Grabamos un CD didáctico para aprender a tocar candombe”, explicó Acosta. Los tracks muestran el sonido de cada uno de los tambores por separado y juntos, permitiendo al alumno tocar sobre la pista. El disco se ofrece gratuitamente en el taller.
Uno de los proyectos que culminó en 2010 fue la Escuela de Rock a cargo de Gustavo “Topo” Antuña y Pablo Sónico. Realizado en conjunto por la Dirección Nacional de Cultura del MEC, El Abrojo y Compromiso Producciones Culturales, la escuela en forma de talleres enseñó tanto sobre aspectos prácticos de la música así como también sobre cómo autogestionar una banda. En la usina, las 10 bandas participantes –entre las que se encontraron Notoka, Jaque Mate y Falta un Boom Plan– grabaron un disco y lo presentaron en el teatro Florencio Sánchez.
Por su parte, la Usina Cultural de Casavalle se encuentra dentro del Centro de Desarrollo Económico Local (Cedel), institución dedicada a la capacitación y ayuda en inserción laboral.
Alzogaray detalló también el panorama musical de Casavalle. “Lo más que se escucha en el barrio es la cumbia villera, reggaeton, hip hop y candombe”. En concordancia, los artistas que han representado a la usina en eventos barriales han sido el taller de candombe La Roma “que trabaja con niños y adolescentes en contexto crítico del barrio Flor de Maroñas, la joven y talentosa cancionista Sofía Álvez y del propio Don Cony”, detalló.
Las usinas permiten además instancias de colaboración entre los artistas. Por ejemplo, Yo soy Marconi cuenta con los coros de Sofía Álvez, como también la cuerda de tambores La Roma. Por su parte, Álvez realizó junto a La Roma y el grupo de hip hop de la Usina CH2 la canción Se puede cambiar, elegida para representar el Encuentro de Arte y Juventud de 2011, realizado en el marco del Bicentenario.
De la usina a los medios
Para la Dirección Nacional de Cultura no fue sorpresa el éxito que despertó Yo soy Marconi. “Primero escuché la grabación de la canción y hace un mes vi el video cuando lo estaban terminando. Estamos siguiendo de cerca desde la dirección lo que se está haciendo”, afirmó Achúgar. Además de Don Cony, el director recomendó a Sofía Álvez. “Tiene una voz impresionante y unas canciones lindísimas”, dijo.
Si bien el trabajo de los artistas de las usinas se difunde principalmente por internet, a través de su canal oficial en YouTube (usinasculturales) como también por medio de la web SoundCloud (soundcloud.com/usinas-culturales), Achúgar afirmó que se está trabajando junto a TNU para difundir las creaciones. Las producciones serán sometidas a concurso para poder participar.
Para Acosta, se debe trabajar en un instrumento de prensa para los artistas, “para posicionarlos en los medios. Una forma de curar a los artistas y apostar a ellos. Desarrollarlos a nivel mediático para que puedan hacer de su música un trabajo”.
De acuerdo con Alzogaray, Yo soy Marconi ya logró captar la atención y marcar en la agenda el trabajo de las usinas, permitiendo a su paso difundir a otros artistas. “Sin duda, ha sido un disparador para que otros jóvenes se acerquen a la usina con la expectativa de lograr que su propuesta adquiera la misma relevancia. Por otro lado, la opinión pública ha tomado conocimiento de las usinas y se ha puesto en el tapete el rol que cumplen en la sociedad”, afirmó.