El matrimonio infantil es el primer eslabón de una larga cadena de injusticias con consecuencias inmediatas y permanentes. Embarazos precoces, mortalidad materna, aulas vacías, aislamiento social, pérdida de autoestima y el riesgo siempre latente de la violencia doméstica son apenas algunos los funestos efectos de una práctica alimentada por factores materiales y culturales.
Aunque aberrante y denunciada, la práctica no cesa. Al menos 12 millones de niñas por año en todo el mundo son obligadas a casarse, según un informe elaborado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). El esfuerzo para evitarlo, “una batalla cuesta arriba”, ve aparecer día a día nuevos escollos.
"El mundo está sumergido en una crisis tras otra, que destrozan los sueños y las esperanzas de infancias vulnerables, especialmente de niñas que deberían ser estudiantes, no esposas", dice la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, coautora del informe del organismo de Naciones Unidas (ONU).
"Las crisis económicas y sanitaria, la escalada de los conflictos armados y los devastadores efectos del cambio climático forzaron a las familias a escudarse en el matrimonio infantil, en un falso sentido de refugio. Necesitamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para asegurarnos de que se cumplan sus derechos a la educación y a vidas empoderadas", agrega Russell.
Los especialistas de la Unicef señalan que unos 640 millones de niñas y mujeres en el mundo se vieron obligadas a contraer matrimonio en la infancia, y si bien el porcentaje de las jóvenes que fueron forzadas descendió del 21% al 19% en cinco años, la ONU estima que el ritmo de descenso debería ser 20 veces superior para que se cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030.
La desaceleración en la erradicación de la práctica es especialmente pronunciada en el África subsahariana, una de las regiones que presenta los mayores índices de pobreza y menor nivel de desarrollo. Allí, según Unicef, al ritmo actual, se necesitarían no menos de dos siglos para acabar con el matrimonio infantil. También América latina y el Caribe están quedando atrás. La región se encamina a constituirse en la segunda con la más alta tasa de matrimonio infantil hacia 2030.
La situación tampoco mejoró en forma sustancial en otras regiones. Tras varios períodos de un progreso constante, Medio Oriente y el Norte de África se estancaron. Lo mismo en Europa del Este y en Asia Central. Según Unicef, sólo Asia Meridional mostró signos de avanzar contra el matrimonio infantil. Pese a concentrar el 45% de las niñas casadas, los países del área podrían erradicarlo en unos 55 años. Incluso India, que concentra un tercio del total mundial, registró un progreso significativo en las últimas décadas.
Por lo pronto, Nueva Delhi lanzó una fuerte campaña contra el matrimonio infantil que incluye, incluso, operativos policiales, como el desarrollado durante dos semanas en la provincia rural de Assam, en el nordeste del país. Sólo en el primer día de la campaña fueron arrestadas más de 2.000 personas, entre ellas 52 sacerdotes y responsables locales que permitieron las bodas.
“Se trata de una práctica funesta. Una de cada ocho mujeres en Assam quedó embarazada antes de los 18 años, lo que conlleva tasas muy elevadas de mortalidad infantil y materna”, dice Himanta Biswa Sarma, dirigente local que aboga por profundizar la lucha contra el matrimonio infantil, una práctica muy extendida en las zonas rurales. Según la Policía local, las autoridades civiles deberían investigar al menos unos 4.000 casos detectados en Assam durante la campaña.
El informe de Unicef subraya que las niñas sometidas al matrimonio infantil padecen consecuencias inmediatas y de por vida, ya que corren más riesgo de abandonar la escuela y quedar embarazadas de manera prematura, lo que a su vez puede aislarlas de sus familias y comunidades, además de aumentar la probabilidad de que sufran complicaciones psicológicas y físicas.
“Las niñas que viven en entornos más vulnerables son más proclives a convertirse en esposas que el promedio mundial de jóvenes”, advierte el documento. De acuerdo al análisis, tienen el doble de probabilidades de casarse, mientras que cada vez que las muertes ligadas a conflictos se multiplican por diez, hay un aumento del 7% de los matrimonios infantiles.
Según las estadísticas del organismo, en 1997, el 25% de las jóvenes se habían casado antes de los 18 años. En 2012, la tasa se redujo al 23%, y al 19% en 2022. Un avance muy lento.
"Sin duda hemos hecho avances en el abandono de la práctica, particularmente en los últimos diez años. Pero este avance no fue suficiente", señala Claudia Cappa, autora principal del informe. "A este ritmo, tendríamos que esperar 300 años para eliminarlo", insiste Cappa, quien recuerda que estos matrimonios afectan mayoritariamente a niñas de entre 12 y 17 años.
Las proyecciones son dramáticas. De continuar al ritmo actual, el número de niñas obligadas a contraer matrimonio superará los 9 millones por año en 2030, frente a los 12 millones de la actualidad. De allí que los especialistas enfaticen que para eliminar la práctica hacia el final de esta década es imprescindible multiplicar por 20 la tasa de reducción. Más todavía en momentos en que los efectos colaterales de la pandemia, los conflictos armados y el creciente impacto del cambio climático amenazan con "revertir los avances logrados con mucho esfuerzo".
"Aunque el matrimonio infantil es una violación clara de los derechos de la infancia, las familias lo consideran a menudo como una medida de 'protección' para las niñas, protección financiera, social o física", explica el informe. No sólo eso. Para las familias pobres, también es una forma dramática de tener una boca menos que alimentar. Las estadísticas lo confirman. El matrimonio infantil es mucho menos frecuente entre los hogares con mayores recursos.
En lo inmediato, la principal preocupación de Unicef, aunque no la única, está centrada en África subsahariana, la región en donde las niñas corren mayor riesgo de ser casadas antes de los 18 años. Con el actual crecimiento poblacional, los expertos del organismo prevén que el número de jóvenes menores casadas aumentará un 10% para 2030.
El informe de Unicef es coincidente con otros estudios. Es el caso del realizado por World Vision, una organización cristiana ecuménica de ayuda humanitaria. La ONG analizó recientemente la situación en Afganistán, Bangladés, Senegal y Uganda. El informe pone el foco en la pobreza, la fragilidad social, en los sistemas legales injustos y en las normas y tradiciones. Los factores que, según el estudio, están detrás de la práctica que aleja a millones de niñas de su derecho a serlo.
Otros estudios, como el concretado por Girls Not Brides (Chicas, no novias), una asociación mundial no gubernamental para acabar con el matrimonio infantil, señalan que las niñas que se casan antes de los 15 años tienen casi un 50% más de probabilidades de haber experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja que las mujeres que lo hicieron después de la mayoría de edad. Los informes, además, demuestran que las jóvenes que contrajeron matrimonio antes de los 18 años son más propensas a creer que es “aceptable” que un hombre golpee a su esposa.
Además de las vallas materiales que se erigen contra la lucha por erradicar el matrimonio infantil, los especialistas insisten en las culturales. Apuntan que el trabajo de sensibilización es crucial para modificar lo que, más que una práctica ilegal, es un estilo de vida normal en muchas regiones del mundo. Para evitarlo, la Unicef enfatiza en la necesidad de empoderar a las niñas y mujeres, involucrar a los niños y jóvenes, hacer participar activamente a los líderes comunitarios y religiosos, y garantizar una educación de calidad para que la infancia sea un derecho real.