Una reja irónica recibe a los visitantes. Con letras negras sobre una etiqueta blanca afirma: “Esto no es un buzón”.
Una reja irónica recibe a los visitantes. Con letras negras sobre una etiqueta blanca afirma: “Esto no es un buzón”.
La Fundación de Arte Contemporáneo parece a simple vista el lugar ideal para Riki Musso. Fue su principal sala de grabación para su flamante disco ¡Formidable! y es ahora su sala de ensayo. Su espacio vital se redujo a una única sala atravesada por cables y repleta de artefactos hechos o reformados por el músico y sonidista.
¡Formidable! está repleto de personajes dominados por su rutina. Sin embargo, la construcción de las letras es lo que menos le interesa a Musso. Al contrario de su hermano Roberto, cuya metodología de trabajo es “marcar tarjeta”, componer de 9 a 17 y zurcir rimas a la perfección, lo que le interesa a Riki es la construcción de la música. Todo lo otro es accesorio. Incluso la creación misma de un disco.
El 3 de julio, sin previo aviso, Musso subió ¡Formidable! a su sitio web en forma gratuita. “Lo colgué y me fui a Chile. Y ahí fui viendo qué pasaba”, explicó a El Observador. “Quería sacarlo durante el Mundial. Como los músicos suponen que la gente está en otra, ninguno quiso sacar el disco ahí y los críticos de música no tenían de qué escribir (risas). Lo mandé y todo el mundo empezó a cubrirlo. Fue una buena idea para promocionarlo”.
Su intención fue lanzar un disco para hacerse escuchar y salir a tocar. Y lo logró. A los dos meses se presentó por primera vez en el ANTEL Fest. “El disco para mí no es un fin en sí mismo, sino el medio publicitario de la música. Grabar sí es un fin en sí mismo, para crear la canción. No tengo una instancia de composición o arreglo, sino que hago todo a la vez. Lo cuelgo para que alguien lo escuche. A mí no me interesa tener el disco físico. Yo lo hago para que lo escuchen, no para hacer dinero”.
Luego de que el trabajo se viralizara y obtuviera más de 7.000 descargas, Musso tomó la decisión de lanzar el disco físico, luego de que Montevideo Music Group le ofreciera la propuesta “más interesante y completa”. Sin embargo, esa cifra para él no significa nada. “No se corresponde con 7.000 discos comprados”, afirmó. “Primero, porque es gratis; segundo, porque son bajadas mundiales. Hay 2.000 de Argentina y 1.000 repartidas por el mundo. Acá serían unas 4.000. Ahora no me fijo más. Por otro lado, es gente que está en internet y eso es un mundo paralelo. No sé si se toca con la realidad”.
El recital en vivo
El músico afirmó que: “Todo fue más rápido de lo que pensaba”. “Tan rápido que no me dio el tiempo de armarme para el show. Un recital me lleva ocho meses de trabajo. De 12 horas por día”.
Parte de ese sistema de armado está desperdigado por la sala. Una torre de computadora, una serie de pedales, un amplificador, una guitarra y un monitor. Y no es nada sencillo.
“La voz pasa por la compu, que la procesa y le hace cosas raras. Además, tengo muy mala memoria; entonces tengo que organizarme la parte de las letras, y sumado a que no veo: tengo un monitor de 24’’ que muestra las letras. Es un teleprompter midi que se va actualizando. Después, todos los efectos de la guitarra: hay pedales que me hago yo, sistemas que me armo. Siempre estoy con el soldador caliente porque siempre estoy arreglando algo. Cosas que duran cuatro compases me demandan una semana de trabajo.
Me lleva mucho tiempo armar un recital, por esas boludeces y por taras físicas y mentales mías. A veces tengo las letras también en los auriculares, porque no quiero estar con la vista fija en el monitor. Es muy complicado”. Gracias a esto, su esposa lo apodó “Patoaparato”.
Todo este esfuerzo está hecho exclusivamente para salir a tocar, algo que ya, hoy por hoy, extrañaba. “Porque me divierte mucho y también porque necesito otro trabajo. Porque no puedo vivir de los cinco trabajos que tengo, necesito otro más. Y me gustaría llegar a tener uno solo. Si esto funcionara, sería genial. Pero preciso tocar porque me gusta. No tanto el asunto de tocar en sí. Estoy tan enchufado a las máquinas que estoy medio aislado de la situación. Cuando lo hago está buenísimo, pero me voy al carajo, me olvido de las letras. No me puedo permitir gozar todavía hasta que tenga todo automatizado”, explicó.
Mientras habla, Musso no se queda quieto. Acomoda y ordena objetos de sus estanterías o del piso, como si en este momento de quietud se encontrara con un desorden que no tolera. “Viste que soy obsesivo, me está molestando esto”, dice, levantándose de su silla para arreglar el tapizado de una suerte de biombo.
Ese tipo de obsesión se traslada también a la música. La grabación de las baterías fue lo único que delegó. Leo Baroncini, exbaterista de El Cuarteto, Los Estómagos y Los Tontos, las grabó en su sótano de Indianápolis y suplantó las baterías digitales que había compuesto Musso.
Controlar todos los aspectos de la creación le resulta “imprescindible”. “Por eso no hice un videoclip aún. Me parece antiartista que otro lo haga o que no estés involucrado”, afirmó. “Igual trato de que no”. En lo que refiere al show, las luces y el sonido son materia de terceros. ¿Delegaría el rol de cantante?
“Sí. Totalmente. No me interesa cantar. Pero es medio raro que saque un disco solista y cante otro. Hay gente que lo hace. Frank Zappa, salvando las diferencias. Yo podría hacer un disco así. Invito a figuras a cantar los temas y creo que alguno vendría gustoso. Pero después, en vivo, no podés depender de los tipos”.
La fuerza de los arreglos
¡Formidable! es el primer disco que lanza desde su partida de El Cuarteto y, como tal, engloba todo lo que al músico le interesa. “Tengo todo ahí. Lo pop, rock y lo raro, porque hay arreglos muy extraños. Casi la mitad de los temas no son en 4/4. Cabras en el ascensor es un tema inagarrable, y sin embargo suena de lo más normalito. Simplemente me quedan así. Lo grabo y le saco pedazos de compás porque me aburre esperar tanto. Hay esas cosas raras porque soy ansioso”.
Cuando descubrió a Los Beatles, Musso encontró lo que realmente le interesaba: los arreglos, la grabación, los aparatos y efectos. “Ese tipo de cosas me alucinaban más que las canciones en sí. Todas esas cosas me divierten mucho más. Y esa fue una de las causas por las que me fui de El Cuarteto: porque se dejó de hacer eso. Están los temas compuestos por este o aquel, pero es la banda la que hace los arreglos, que es lo divertido. Y dejó de preocuparse por eso; delegaban esa parte. Y me parecía reaburrido hacer música así. No tiene ningún sentido. Salvo que tengas carretillas de dinero a cambio, pero tampoco fue el caso”, afirmó.
“Para mí la letra es un instrumento más, que sigue narrando la misma historia o aportando fotos. Capaz que más que una historia es como tener una cartelera de fotos y vos te la armás. Yo no me pongo a escribir una letra. No me sale”, afirmó. Comparando su trabajo con el de El Cuarteto, en particular, el de su hermano, afirmó: “Ese es uno de los casos de que el público se cree que le está dando mucha bola a la letra, cuando en realidad las melodías que hace mi hermano son muy buenas. Y las canciones son mucho más que letra. Y a él le está pasando lo mismo que a mí: el otro día me preguntó cómo hacía para acordarme de todo. Le dije: ‘Pasá por mi estudio que te muestro todas mis muletas’”.