ver más

Uno de los mejores monólogos de la sexta temporada de Mad Men, si no de toda la serie, es el que pronuncia el personaje de Roger Sterling durante The doorway, el primer capítulo de este año del aclamado programa televisivo que trata sobre un grupo de publicitas neoyorquinos en la década del sesenta.

“¿De qué se trata la vida? Ves una puerta, por ejemplo. La primera vez te preguntas qué hay al otro lado. Después abres varias puertas y dices, ‘Ahora quiero cruzar un puente. Estoy cansado de las puertas’. Y luego lo cruzas y llegas al otro lado y te das cuenta que eso es todo lo que hay: puertas. Y ventanas y puentes y rejas. Y todas abren de la misma manera. Y todas se cierran detrás de ti. Se supone que la vida tiene que ser un sendero, y sigues, y estas cosas te pasan, y se supone que tienen que cambiar tu dirección, pero resulta que no es verdad. Resulta que las experiencias son nada. Solo son centavos que recoges del suelo y pones en tu bolsillo mientras vas yendo en línea recta hacia tú sabes donde”.

¿Hay posibilidad de cambio? ¿De construir sobre la destrucción? ¿De que todas esas puertas no sean callejones que conduzcan siempre a la misma pared sin salida?, son algunas de las preguntas que emergen no solo del monólogo de Roger sino del final de la sexta y penúltima temporada de Mad Men. El capítulo, que se emitió el domingo 13 de junio en EEUU con la cifra récord de 2.7 millones de espectadores, terminó por demostrar que Mad men es mucho más que un melodrama con vestidos bonitos sino una de las mejores series de la televisión actual.

El último episodio, en el que finalmente Don Draper –un John Hamm que viene mereciendo hace tiempo un premio Emmy- deja emerger a Dick Whitman, representa una luz de esperanza para una de las temporadas más oscuras de Mad men. Por fin parece que Don -para quien el creador de la serie, Matthew Weiner, dejó claro el camino que seguiría cuando lo puso a leer en el primer capítulo de este año El Infierno de La divina comedia de Dante Alighieri- puede tener una chance para redimirse.

El hombre al que los espectadores han visto hundirse cada vez más en su espiral de alcoholismo, mentira, frialdad y egoísmo ha tenido que tocar fondo y perderlo todo para tener una oportunidad. En In care of, el último episodio de la sexta temporada, Don termina en la cárcel demasiado alcoholizado para recordar por qué está allí, luego de pegarle a un religioso que quiere acercarlo al camino del Jesucristo; hace que su esposa renuncie a su trabajo con la promesa, que por supuesto incumplirá, de empezar una nueva vida en Los Ángeles, lo que provoca que Megan se vaya dando un portazo; y es obligado a tomar una licencia por tiempo indeterminado en la agencia después de decirle a unos clientes que creció en un burdel.

Luego de la confesión, Don parece, por primera vez, libre. “La libertad es solo otra palabra para decir que no hay nada que perder”, dice una canción de Janis Joplin, que a esta altura parece aplicarse perfectamente a él, como vienen señalando los fans de la serie. Don se ha encargado de hacer trizas el edificio sobre el que edificó su mentira. Solo ante la verdad, se sincera por primera vez y lleva a sus hijos a conocer lo que queda del burdel donde creció. El gesto está dirigido especialmente a Sally, a quien no dejó de decepcionar y amargar durante toda la temporada.

Libertad de elección

Tampoco le queda mucho por perder a Pete Campbell, quien marcha hacia Los Ángeles con Ted Chaough luego de perder en la sexta temporada a su mujer, a su madre (la conversación con su hermano al respecto es desopilante) y de ver amenazado su lugar profesional por la figura intrigante de Bob Benson. Siendo Weiner un amante de la circularidad y los simbolismos, la importancia de Bob parece ser la de reflejar a un Don joven que hace de la mentira su fórmula de vida, al igual que Peggy Olson muestra otras de las facetas que se esconden tras la consecución del sueño del éxito.

Pero Peggy, como Joan, como Megan, y como todas las mujeres de Mad Men no tiene la misma libertad de acción que los hombres. “Qué afortunado que puedas tener opciones”, le dice a Ted, cuando este le informa que se va a Los Ángeles con su familia para huir del amor que siente por ella. Durante toda la temporada sus posibilidades de elección, tanto laborales como sentimentales, han sido coartadas por los hombres.

Pero al final del capítulo, cuando Peggy aparece luciendo pantalones por primera vez y ocupando la silla de Don, todo parece indicar que esto es algo que está a punto de cambiar. En el camino hacia el éxito, Peggy ha tenido que sacrificar mucho, inclusive ese hijo del que no se volvió a hablar pero que la última temporada tendrá que retomar si no quiere dejar cabos sueltos.

In care of termina con la versión de Judy Collins de la canción Both sides now. No es un dato menor sabiendo de la obsesión de Weiner por los detalles (algo que llevó a los fans a todo tipo de suposiciones, como que Megan iba a morir como Sharon Tate debido a las alusiones a la actriz y a El bebé de Rosamary de Roman Polanski). La letra dice: “He mirado la vida desde ambos lados/ desde el ganar y el perder y de alguna manera todavía/ son solo las ilusiones de la vida las que recuerdo/ realmente no conozco nada de la vida”.

¿Hay posibilidad de un cambio real o es solo de “cambiar todo para que no cambie nada”? ¿Podrán esas puertas y ventanas abrir hacia otro lado? ¿O es imposible incidir en la realidad si lo único que reconocemos son ilusiones?

Quizás en la séptima temporada esté la respuesta.

Seguí leyendo