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El mundial de Brasil es testigo de una tendencia cada vez más frecuente en el futbol mundial: la presencia de jugadores nacidos en un país pero que actúan para otro.

Por ejemplo, el gol con el que la selección estadounidense derrotó el lunes a Ghana fue marcado por John Brooks, un alemán. Brooks nació en Berlín, y juega en el Hertha de esa misma ciudad, pero sus padres son estadounidenses y por eso posee la doble nacionalidad que le permitió optar por jugar con los americanos.

Situaciones similares son las de Fabian Johnson, nacido en Munich, hijo de madre alemana y padre estadounidense; Jermaine Jones, hijo de un soldado estadounidense destacado en Frankfort, como también lo es Timothy Chandler. Estados Unidos cuenta también con un ex sub-21 islandés, Aron Johansson, y con un noruego, Mix Diskerud.

El entrenador estadounidense, el alemán Jürgen Klinsmann, fue criticado en su momento por apelar a jugadores extranjeros, aunque por lo que se vio ante Ghana, la estrategia ha dado resultado. "El mundo está cambiando. Es un juego global. Creo que los estadounidenses son estadounidenses, sin importar si crecieron en Japón, Sudáfrica o Buenos Aires", afirmó Klinsmann.

Y el ex delantero germano no es el único que piensa así. El arquero Daniel Davari nació en Alemania, pero fue convencido por el entrenador Carlos Queiroz para integrar la selección de Irán, la tierra de su padre. Por otra parte, el delantero estrella del equipo, Reza Goochannejhad, nació en Irán pero vivió a partir de los ocho años en Holanda, donde jugó para las selecciones juveniles antes de decidirse definitivamente jugar para su país de origen. Queiroz también fue criticado por la conservadora sociedad iraní por esta estrategia.

Otro caso llamativo es el de Argelia, selección de la cual 18 de sus 23 integrantes nacieron en Francia. La inmigración argelina en este país europeo ha sido masiva desde 1962, año de la independencia del país africano. De hecho, Zinedine Zidane nació en Francia, aunque sus padres eran argelinos.

Las selecciones europeas aprovechan a sus viejos territorios coloniales y cuentan con jugadores que descienden de extranjeros o que directamente han nacido en ellos, como Patrice Evra, quien juega para Francia pero nació en Senegal; o Raheem Sterling, nacido en Jamaica pero futbolista de la selección inglesa.

Los conflictos bélicos también pueden ocasionar que un futbolista acabe jugando para otro país. Suiza se caracteriza por ser un país neutral que recibe a una buena cantidad de refugiados. Actualmente cuenta con dos jugadores nacidos en la conflictiva década de los 90 en Kosovo, y que hoy son algunas de sus figuras más importantes: Granit Xhaka y Valon Behrami.

Los talentos más destacados suelen generar incluso “conflictos” deportivos entre varios países, que intentarán convencer al futbolista de que opte por ellos, como en su momento sucedió con Argentina y España por Lionel Messi, o incluso con Diego Poyet, quien puede optar entre la selección uruguaya o la inglesa.

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