En parte porque las negociaciones para la liberalización del comercio de servicios se instalaron en 2013 –aunque retoman una discusión anterior en un ámbito más acotado–, y Uruguay se sumó recién en febrero de este año a pedido expreso del gobierno de José Mujica.
Las discusiones del TISA transcurren actualmente sobre la base del Acuerdo General de Comercio de Servicios (GATS, por su sigla en inglés) de las que participan los 159 miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Sobre ese marco se establecieron las principales definiciones del TISA tales como su alcance, el acceso a los diferentes mercados, y el tratamiento y exenciones nacionales que comprenderá. De hecho, el TISA no tendría razón de ser si no fuera por la parálisis que desde 2008 enfrenta la negociación comercial en el marco de la OMC, y es también por eso que la participación en el acuerdo está abierta a cualquier miembro de la organización que lo solicite, como fue el caso de Uruguay.
En la actualidad hay 51 países representados en la negociación del TISA, entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea bajo mandato de sus 28 miembrosEn la mesa de negociación están sentados hoy 51 países, entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea (UE) en representación de sus 28 miembros. Ese conjunto de economías representan 70% del comercio mundial de servicios, de acuerdo a datos publicados por la UE, uno de los impulsores de la ronda negociadora junto a Estados Unidos.
Las conversaciones están basadas en propuestas realizadas por los participantes de la negociación, y es por eso que tanto desde el gobierno uruguayo como del sector privado se defiende la participación en el diálogo como forma de poder incidir en la definición del acuerdo.
De lo contrario, un ingreso posterior implicaría aceptar las reglas que ya hayan redactado los países negociadores.
Al cierre de 2014 se llevaban realizadas 10 rondas de discusión en Ginebra, Suiza, a las que Uruguay se sumó a partir de febrero de este año.
¿Qué busca?
El objetivo del TISA es la apertura del mercado y la mejora de las normas en sectores como la concesión de licencias, los servicios financieros, las telecomunicaciones, el comercio electrónico, el transporte marítimo y el traslado provisional de profesionales hacia el extranjero para prestar servicios, según documentos publicados por la UE.
También implica la apertura de las compras estatales para que empresas del exterior puedan competir en pie de igualdad con las locales al momento de proveer de servicios. Sectores como la educación, la salud y el financiero también podrían verse afectados por una adecuación de las regulaciones al formato que se defina en el acuerdo.
“¿Nosotros vamos a hipotecar todo el país para beneficiar a dos sectores que producen servicios de exportación extrarregionales?” Constanza Moreira, senadora del Frente Amplio
Cada país participante del diálogo podrá asimismo reservar sectores que considere sensibles para sus intereses, lo que habilita, por ejemplo en el caso de Uruguay, a proteger los monopolios fijados por ley, como es el caso de la telefonía fija de ANTEL o la distribución de energía de UTE, entre otros.
Pero el TISA trata sobre la exportación de servicios, y un análisis no sería completo si no se hace foco en lo que significa hoy esa categoría para la economía uruguaya.
Si bien el país tiene una vasta experiencia en la exportación de servicios en general, un acuerdo de este tipo favorece en mayor medida a la exportación de servicios no tradicionales –de desarrollo más reciente en la economía local–, que son aquellos que excluyen al turismo, el transporte y la logística.
En el área no tradicional de los servicios es donde Uruguay ha tenido el mayor desarrollo en las últimas décadas, con tasas de crecimiento, de inversión y de exportaciones que sobrepasan a las registradas por el total de la economía, aun en un período de expansión histórica como la registrada en la última década.
El año pasado la exportación total de servicios fue de US$ 3.215 millones de acuerdo a los datos de balanza de pagos del Banco Central, que por su confección y por tratarse los servicios de algo intangible, tiende a subestimar su impacto real en la economía.
US$ 1.913 millones fue lo que exportó Uruguay en servicios no tradicionales en 2013, el último dato disponible según el Instituto Uruguay XXI
Las exportaciones de servicios no tradicionales, en tanto, se estimaron en US$ 1.913 millones en 2013 –el último dato disponible–. De ese monto, 70% correspondió a servicios globales –unos US$ 1.330 millones–, de acuerdo al informe Servicios Globales de Exportación publicado en febrero por el instituto Uruguay XXI.
Es aquí que un acuerdo como el TISA puede abrir la puerta a una mayor expansión de ese tipo de colocaciones en el exterior, de la mano del desarrollo de las capacidades tecnológicas y de infraestructura que Uruguay ha encarado en las últimas dos décadas.
En la actualidad, el sector de servicios globales, el más relevante dentro de los no tradicionales, emplea de forma directa a unas 16 mil personas, con la particularidad de tratarse de personal con niveles de capacitación y de escalas salariales por encima de la media de la actividad nacional.
En la última década el sector no tradicional de los servicios creció a una tasa promedio de 26%, mientras que sus exportaciones lo hicieron a una media de 16% anual, afirma Uruguay XXI. De esa forma, pasaron de representar 2% de las exportaciones totales en 1990 a 8% en los últimos años.
El desarrollo del sector se explica por un fuerte impulso a la inversión en infraestructura y en la mejora de las capacidades para la captación de empresas del exterior que deciden deslocalizar algunos de sus procesos, o que centralizan en un solo lugar sus operaciones para la región. En ese grupo se cuentan empresas financieras, de informática e información, de servicios profesionales, backoffice, audiovisuales, ciencias de la vida, entre otros, que han tenido un amplio desarrollo en Uruguay.
Un factor que ha jugado a favor del posicionamiento del país como destino para ese tipo de inversiones son los regímenes promocionales como la ley de zonas francas, de puertos y aeropuertos libres y el decreto para los centros de servicios compartidos.
En ese marco se ha desarrollado la inversión privada al amparo de esos regímenes como son las zonas francas de servicios –con Zonamerica, Aguada Park, WTC Free Zone y Parque de las Ciencias liderando esa avanzada–, a lo que se suma el aporte público a través del desarrollo de las capacidades en el área de las telecomunicaciones, como es la instalación de fibra óptica por parte de ANTEL.
La importancia de las zonas francas en la exportación de servicios es tal que la cancillería ya mantuvo contactos con la cámara del sector para conocer su opinión y recabar insumos para delinear la estrategia de negociación, informaron desde la gremial empresarial.
También existe un amplio desarrollo de servicios globales de exportación por fuera de los espacios francos. Entre ellos se destacan los rubros audioviduales, el software, y los servicios de consultoría, entre otros.
Competidores directos
Pero uno de los factores que dan mayor relevancia a la participación de Uruguay en la negociación del TISA es que tanto su principal mercado de destino de la exportación de servicios –EEUU–, como algunos de sus principales competidores –Chile, Costa Rica, Colombia y Panamá– están ya sentados en esa mesa de discusión.
Se trata de jurisdicciones "con características similares a las nuestras" que se han perfilado como Uruguay a los efectos de captar proyectos internacionales que tengan como objetivo exportar servicios, dijo a El Observador Marcos Soto, gerente senior de PwC.
Esos países son tomados como "centros o plataformas de servicios para centralizar funciones o actividades del tipo call center, backoffice, servicios profesionales o financieros", explicó Soto.
Uruguay integra hoy la "lista corta" de países que se perciben atractivos para esas actividades, por lo que quedar fuera de un acuerdo que sí incluya a los principales competidores puede ser un factor de "exclusión" de ese grupo a los ojos del inversor.
"A veces la decisión de instalar un centro de servicios se toma por detalles, milímetros. No estar dentro del TISA puede ser un detalle muy importante", agregó.
El factor de competencia también fue mencionado por la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI).
El presidente de la gremial, Carlos Caetano, dijo que la meta planteada de alcanzar un promedio de exportaciones anuales del sector de US$ 1.000 millones "podría verse comprometida si Uruguay no participa en un tratado de estas características". "Otros países competidores en nuestra industria quedarían en mejor situación de comercialización en la mayoría de nuestros mercados consolidados", agregó.
Estados Unidos es el receptor de cerca de 35% de los servicios no tradicionales que Uruguay exporta, dijo Soto, por lo que cualquier preferencia comercial que aporte un acuerdo de este tipo tendrá un impacto positivo relevante sobre ese rubro de actividad.
Para el caso de las tecnologías de la información, 36,8% de la facturación en el exterior correspondió a servicios prestados para Estados Unidos, de acuerdo a datos más recientes de la CUTI, correspondientes a 2011.
Secretismo y violación de la soberanía nacional
“Falta de transparencia”, “pérdida de soberanía”, “amenaza a los monopolios estatales”, “negociaciones secretas”, “antidemocrático” son algunas de las frases y calificativos que se escuchan de parte de los detractores del TISA para justificar su oposición a que Uruguay integre la negociación del acuerdo.
Uno de los acérrimos opositores es el PIT-CNT, que volvió a explicitar su posición en el acto realizado el jueves en el marco del primer paro general realizado en el actual gobierno. En esa oportunidad, el dirigente sindical Jorge Bermúdez se refirió al TISA como un “engendro del neoliberalismo” y anunció que, al igual que el ALCA, “no pasará”. La cúpula del PIT-CNT también dejó claro que “se le exigirá” al presidente Tabaré Vázquez que retire a Uruguay de la mesa de discusión del acuerdo.
El mes pasado, 24 personalidades de izquierda, entre los que estaban los exministros durante el gobierno de José Mujica, Roberto Kreimerman y Daniel Olesker, firmaron una declaración que cuestionaba al TISA y la participación uruguaya en la negociación. En la misiva dejaron plasmada la “fuerte preocupación” por la participación de Uruguay en una negociación de la que solo se ha conocido información “fragmentada y tardía”. También condenaron la “naturaleza secreta” de las negociaciones que tilda de “antidemocráticas”.
En el texto se afirmó que como consecuencia del TISA habrá un “menoscabo” de las empresas públicas y se debilitará la protección de los trabajadores. Cuestiona que se pondrá en juego la autonomía en las políticas públicas, ya que las normativas en materia de relaciones laborales, de seguridad social, protección al medio ambiente, regulación del sistema financiero, promoción del derecho a la salud o a la educación estarán subordinadas a que no menoscaben el interés de empresas extranjeras.