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El acuerdo de trueque tejido con Venezuela es de enorme utilidad para el país pero debe quedar limitado estrictamente a su conveniencia comercial, sin extenderse a ramificaciones políticas. Pese a la reanudación de vitales exportaciones que anunció el presidente Tabaré Vázquez, su administración presumiblemente mantendrá la distancia política que ha venido tomando del gobierno del presidente Nicolás Maduro. Esta posición saludable contrasta desde hace ya algún tiempo con el respaldo que le dio el gobierno de José Mujica, y que sobrevive en sectores del Frente Amplio anclados en sus pantanos ideológicos, a un régimen que ha hecho trizas el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos.

Si Maduro cumple con lo acordado, exportadores uruguayos cobrarán deudas por US$ 53 millones que parecían sin esperanzas y, más importante aun, se reabrirá el mercado venezolano para la industria láctea, que enfrenta graves dificultades por la caída de los precios internacionales, y para otros productos. Los compromisos del chavismo siempre hay que tomarlos con pinzas, especialmente en los actuales momentos caóticos en que se tambalea la economía del país caribeño por la desastrosa gestión primero de Hugo Chávez y luego la peor de su sucesor. Pero según el anuncio de Vázquez, existen ahora garantías firmes contra un posible incumplimiento venezolano. Las fortalece el hecho de que el propio presidente decidió detallar personalmente el acuerdo, algo que no es habitual en su estilo de gobierno.

Vázquez informó que la Corporación Venezolana de Comercio Exterior depositará mensualmente alrededor de US$ 50 millones, en la sucursal uruguaya del banco Bandes de ese país, como fondo que asegure el rápido pago a convenidas exportaciones uruguayas, que alcanzarían a US$ 300 millones en lo que resta de este año. La mayor parte será de leche en polvo y quesos, para los que Venezuela era hasta el año pasado nuestro principal mercado. Pero las ventas se derrumbaron 78% durante el primer semestre de 2015, explicado en su casi totalidad por el cierre de ventas de esos productos. El acuerdo incluye también exportaciones de pollos, arroz y soja, totalizando con los productos lácteos 265 mil toneladas de alimentos a ser vendidos –y presumiblemente cobrados sin demora– por los exportadores uruguayos.

Como contrapartida del trueque, Venezuela aceptó cancelar una deuda de ANCAP por US$ 420 millones por suministro de petróleo venezolano, con una quita del 38% por pago anticipado, lo que la redujo a US$ 238 millones. Como las deudas hay que pagarlas de todos modos, no parece mal negocio, especialmente si facilitó que el régimen de Maduro se aviniera a reanudar la compra –y el pago– de productos alimenticios uruguayos. Vázquez destacó que “todo apunta a que reactivemos la producción de la industria láctea”, sector duramente castigado por la caída de precios y en el que dos importantes empresas extranjeras ya cerraron sus plantas en el país. La reactivación dependerá de que el acuerdo para este año se extienda a los siguientes y se cumplan los términos establecidos. El presidente los describió como “oxígeno puro”, lo cual es exacto siempre que no salga del área económica y no induzca a volver a tenderle una alfombra roja política, sembrada de flores, a un régimen que avergüenza al continente.

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