Investigando a los alumnos
Antes, durante y después de viajar al continente blanco, los estudiantes se sometieron a un estudio que buscaba analizar el impacto de los factores ambientales en su fisiología. Uno de los aspectos estudiados fue el sueño. Para ello, registraron sus hábitos para comprobar si las horas de luz influían en su reloj biológico.
Los investigadores, entre quienes estaba la doctora en biología Ana Silva, querían descubrir si el cambio de un lugar cálido, como es Uruguay en febrero, a un
clima de dos grados bajo cero junto con las 20 horas de sol que tenían en la Antártida influían en los hábitos y horarios de sueño de los estudiantes.
Silva explicó que la investigación involucró un cambio de enfoque dentro de la cronobiología, la disciplina que estudia los ritmos biológicos. Antes, señaló, se buscaba estudiar a los seres vivos en condiciones artificiales y en esta investigación se estudió a humanos en un ambiente natural, sin modificar sus hábitos. Ellos simplemente registraban lo que les ocurría.
Los investigadores no pudieron concluir sobre aquello que se plantearon inicialmente porque hubo un obstáculo: la rígida rutina militar que la base antártica les impuso a los estudiantes. Esto transformó sus hábitos de sueño de forma radical y no como consecuencia de las horas de luz en la Antártida.
Sin embargo, los descubrimientos y las puertas que se les abrieron fueron más interesantes. Gracias a los registros, se descubrió antes de embarcarse en el viaje, el cambio de horas de sueño de los alumnos entre los días hábiles y los fines de semana (generalmente días de trabajo y de descanso, respectivamente) era equivalente a la descompensación horaria que causaría a un uruguayo un viaje a Japón, país con el que hay 12 horas de diferencia.
“Estas discrepancias se asocian a problemas de salud”, explicó Silva. Insomnio, patologías del sueño, obesidad y adicciones son algunas de las consecuencias.
Una de las pistas que esto deja es la necesidad de estudiar los hábitos de sueño de la población, especialmente de los jóvenes. De confirmarse que este fenómeno ocurre en la mayoría, las implicancias podrían llegar incluso a las instituciones educativas. Por ejemplo, si los jóvenes se desenvuelven y sienten mejor durante la noche, ¿por qué no comenzar las clases más tarde?