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La variedad de situaciones en los cultivos de soja en Uruguay es tal que hay casos bien extremos, chacras donde ya las pérdidas son completas y otras que padecen por la sequía, pero aún pueden brindar un margen de rentabilidad al menos mínimo. En el medio, la cantidad de escenarios distintos es similar a cómo ha llovido, que en general ha sido poco y para nada uniforme.

Roberto Verdera, presidente de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO) y gerente general de la cooperativa Calmer, explicó a El Observador que considerando solo la última jornada con lluvias, la del sábado 25 de febrero, hubo sitios incluso próximos entre sí donde no llovió, cayeron pocos milímetros o como mucho recibieron alrededor de 30 mm.

Todo eso sucedió tras varios meses en los que hubo chacras donde no llovió, se recibieron pocas lluvias o en casos puntuales las hubo en forma bastante aceptable, aunque nunca del modo ideal.

Por lo tanto, no se puede generalizar y eso impide ser certeros en los pronósticos de rendimientos y márgenes, al menos al cierre de febrero, cuando falta más de un mes para que llegue el momento en el que cosechadoras, tractores, tolvas y camiones comiencen a recoger y trasladar el grano.

 

Cultivos de soja afectados por la sequía.

 

Riego: menos del 2%

En la campaña sojera de 2021/22 en solo 17.000 de las 991.899 hectáreas sembradas se dispuso de la tecnología de riego (en el 1,7%). Allí el rendimiento fue superior al promedio nacional para todo el cultivo y llegó a 3.818 kg/ha en soja de primera y a 3.102 en soja de segunda, contra 2.799 kg/ha de promedio en soja sin riego (2.869 kg/ha la de primera y 2.717 kg/ha la de segunda).

 

No dio para nada

Verdera detalló, antes que nada, que aunque algo llovió “la sequía no terminó, los problemas siguen, llovió poco y solo en algunos lados y enseguida hubo días con más de 30° C y viento, así que secó enseguida, en general no dio para nada”.

Hay chacras donde ya se perdió el cultivo –“se quemó”, dijo–, en el mejor de los casos se pudo usar algo como alimento para el ganado, pero son muchos los agricultores que ya dieron de baja al cultivo. Y la cantidad de ese tipo de decisiones seguirán dándose si el estrés hídrico no se revierte.

Hay otros emprendimientos en los que el volumen de granos a levantar dará algo, pero lejos de cubrir los costos; otros podrán tener el consuelo de al menos no perder; y serán muy pocos los que de desarrollos agrícolas –si los hay– que ganarán algo con este cultivo y en esta zafra, lo que además dependerá como siempre del valor que se obtenga cuando se comercialice el grano.

Hay agricultores que, incluso, incurriendo en mayores gastos, decidieron hace algunas semanas resembrar y también derivó eso en casos de pérdidas totales o al menos parciales.

 

Este año los cultivos de punta, excepcionales, con altos rendimientos, ya no existen, afirmó Verdera, marcándose con eso un claro contraste con lo que sucedió el año pasado.

 

Juan Samuelle Se espera una cosecha mucho menor a la del año pasado.

 

Pérdidas: US$ 490 millones

El 2 de febrero, hace un mes casi, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) estimó que por la sequía y exclusivamente en el segmento productivo de cultivos de secano había ya pérdidas por US$ 490 millones, con un volumen de al menos 1,08 millones de toneladas no cosechadas de cultivos de verano. Entonces, el MGAP señaló que “la situación podría empeorar”. Y es lo que ha pasado.

 

Verdera señaló que un modelo que maneja establece que hay una perspectiva de obtener en el mejor de los casos 1.550 kilos por  hectárea, entre sojas de primera (en el eje de 1.900) y segunda (de 1.200 a 1.300). Eso, si no hay que pagar renta por el campo, permitirá un escenario de empate, se estima. Pero pocos lo lograrán y depende, a esta altura, iniciándose marzo, de que llueva mientras se desarrolla la etapa de llenado de grano en las chauchas.

Hoy, volviendo a la disparidad de las pocas lluvias que hubo, “hay de todo”, tanto en sojas de primera como de segunda, es decir cultivos perdidos, otros que darán algo insuficiente para pagar las cuentas y hay un porcentaje de casos que pueden lograr empates o algo de ganancia, pero si los días pasan y no llueve ese porcentaje seguirá achicándose.

 

Panorama crítico en maíz

Verdera añadió que en el caso de maíz, segundo cultivo en área en la zafra de verano, tuvo pérdidas casi totales en el caso del de primera, con mucho maíz destinado a forraje, y pérdidas ya relevantes en los de segunda, con perspectivas de rendimiento bajas, de 3.500 a 4.000 kilos, salvo algunos que tuvieron suerte y recibieron alguna lluvia puntual que pudieron aprovechar.

 

Juan Samuelle El maíz, muy afectado, también necesita lluvias con urgencia.

 

Los números de la soja

 

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Sequía Agricultura emergencia agropecuaria Soja 2023 MTO Roberto Verdera

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