Los caminos opuestos de Putin y Obama
La estrategia por momentos errática del presidente estadounidense permitió que la figura del mandatario ruso ganara peso en el contexto internacional
Cuando Vladimir Putin regresó a la Presidencia de la Federación Rusa, todo hacía pensar que la convivencia con Barack Obama abriría un período de colaboración entre ambos países, inédito en la historia. De hecho, tres años antes los ministros de exteriores de ambos países, Hillary Clinton y Serguei Lavrov, había apretado simbólicamente un botón de reset de las relaciones entre ambas potencias. Sin embargo, dos años después las cosas no pueden estar peor entre Moscú y Washington. Hay que remontarse a momentos anteriores a la caída del muro de Berlín –directamente a la guerra fría– para encontrar momentos de tensión como el actual. Los conflictos de ambas potencias chocan en diversos ámbitos, pero es en el terreno geopolítico donde la fricción se hace más evidente. La política cortoplacista y por momentos errática de Estados Unidos ha fortalecido la figura de Putin.
Los ejemplos son claros. En el caso de Siria, la diplomacia rusa bloqueó los avances de Estados Unidos, que estaba decidido a derrocar al régimen de Bachar al Assad. Moscú logró llevar las cosas al terreno diplomático y a organizar –ONU de por medio– la entrega del arsenal de armas químicas por parte del gobierno sirio, desactivando de esa forma los argumentos estadounidenses para iniciar una acción militar directa en esa delicada zona de Medio Oriente.
Pero la respuesta estadounidense no se hizo esperar. Al poco tiempo, Washington apoyó al movimiento ucraniano prooccidental –conocido como el Euromaidan– que derrocó al presidente prorruso de Ucrania Víctor Yanukovich, luego de que este se negara a firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea. Lo que siguió es conocido: el nuevo gobierno –resultante de la revuelta– fue desconocido por las regiones con población de origen ruso y el país quedó sumido en una guerra civil. De ese modo, Rusia tenía un conflicto en su frontera, al tiempo que se debatía entre la diplomacia el apoyo a una población prorrusa que siente como propia. Fue un golpe estratégico de Washington ya que más del 60% del gas que Rusia vende a Europa pasa por territorio ucraniano, ahora en manos de un gobierno hostil a Moscú.
Pese a que Rusia ha llevado la peor parte en este duelo porque su economía ha sido duramente afectada por las sanciones impulsadas por Washington y Europa, en el terreno político Putin ha salido mejor parado que Obama. Y la principal razón para que se dé este fenómeno es que la política encabezada por el inquilino de la Casa Blanca desde 2008 no ha conformado a su frente interno en el país y, como consecuencia no deseada, ha favorecido al presidente ruso.
Lo interesante del caso es que en diferentes temas ambas potencias han seguido sistemáticamente caminos casi opuestos.
Política interior
Putin: Cuando el líder ruso volvió a la Presidencia, su elección estuvo seguida por las protestas de los grupos opositores, lo que auguraba un gobierno con complicaciones. Sin embargo, el duelo con Occidente hizo explotar su popularidad a nivel interno y llevarlo a niveles de aceptación que han superado el 75%. Putin representa la defensa de los derechos nacionales de los rusos que ven el conflicto en Ucrania como una causa nacional. Los picos de mayor aceptación se lograron cuando el presidente decidió la anexión de Crimea, una acción que la opinión pública rusa considera un acto de justicia histórica. Además, la aplicación de sanciones por parte de las potencias occidentales es interpretada por los ciudadanos rusos como un ataque directo a su nación y por lo tanto exigen al gobierno posiciones de fuerza. Todo esto no solo ha sepultado las críticas contra Putin, sino que además le ha dado un mayor respaldo popular que el que tuvo en las urnas.
Obama: el presidente estadounidense llegó al poder arropado en un halo de esperanza y de cambio. Sin embargo, su influjo se ha ido desgastando al punto de que las elecciones parlamentarias de este año han resultado ser un duro revés para los demócratas, ya que deberán enfrentar la recta final de su presidencia con un Congreso en contra. Si bien en el terreno económico el país muestra una leve recuperación y en el estratégico sector energético se ha logrado prácticamente la autosuficiencia, las críticas siguen arreciando contra el primer presidente afroamericano en torno a la aplicación de sus políticas sociales, aunque por razones contradictorias. Por un lado, están los sectores conservadores que acusan al presidente de impulsar reformas “socialistas” que terminarán implicando más gastos impositivos para sus ciudadanos. Por otro están los sectores progresistas que se han decepcionado por la evolución de las reformas prometidas por Obama al llegar al poder. Este estado de opinión se ha reflejado en los números del inquilino de la Casa Blanca: su partido ha sufrido una dura derrota en las elecciones parlamentarias y los niveles de aceptación del presidente han caído al punto de asemejarse a los de George W. Bush en 2006.
Política exterior
Putin: La preocupación de China por atender sus propios intereses y la creciente distancia de Occidente han hecho que Moscú quedara sola. El remedio que encontró el gobierno ruso fue diseñar una estrategia basada en la acción en los foros internacionales. En ese sentido, en medio del intercambio de disparos retóricos con las potencias occidentales, Rusia ha buscado de forma sistemática que los conflictos sean tratados en espacios multilaterales como la ONU para el caso de Siria (en el que los rusos insistieron en la implicancia de Naciones Unidas) o Misnk para tratar el conflicto en Ucrania (donde participan Ucrania, los separatistas prorrusos, Rusia, EEUU, y la Unión Europea). Y en este sentido, algunos de los mayores desafíos de la diplomacia rusa son promover la reforma de los organismos de toma de decisiones de la ONU –para lo cual ha encontrado aliados en varias potencias emergentes–, e impulsar el diálogo entre Corea del Sur y el régimen comunista del Norte. La estrategia de Putin es convertirse en un referente internacional y posicionarse como líder de los países que desean forjar una alternativa al sistema de potencia única que representa EEUU.
Obama: La política exterior del presidente estadounidense ha estado en cuestión, en especial desde lo interno. La principal acusación, y esto le ha generado diferencias incluso dentro de su propio gabinete, es que en ocasiones se muestra dubitativo. Y el problema básico es que su rol de premio Nobel de la Paz entra recurrentemente en contradicción con el de líder de la principal potencia mundial. El camino que ha elegido la administración Obama es el de trabajar muchas veces en las sombras, pero no ha hecho un gran negocio y en este sentido es particularmente claro lo que ha sucedido en los países árabes. Inicialmente se mostró proclive a desarrollar una relación “fundada en intereses y respeto mutuos”, pero luego la fuerza de los hechos lo llevó a respaldar regímenes dictatoriales y en otros casos a promover revueltas populares (definido por Henry Kissinger como intervencionismo humanitario) para promover cambios de gobierno. Esto tuvo efectos indeseados para Obama porque muchos de esos países, Libia es un ejemplo, terminaron en manos de islamistas radicales o señores de la guerra que terminaron negociando con las armas estadounidenses. Un caso especial es el del Estados Islámico, una organización sanguinaria que se terminó alimentando de las armas que EEUU repartió entre los grupos opositores sirios y que obligó a Obama a forjar una acción bélica para la que le costó encontrar socios. Los escasos avances en la lucha contra el EI son parte de la factura que le pasan al presidente estadounidense.
Socios
Putin: Conforme se aleja de Occidente, Rusia busca construir un nuevo orden apoyándose en China y fortaleciendo institucionalmente a los Brics (grupo integrados por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El gran desafío de Putin consiste en sacar a China de su ensimismamiento e impulsarlo a forjar una alianza. El camino que ha encontrado Moscú es a través de un ambicioso acuerdo energético con el gobierno chino, que a su vez busca con el gas ruso disminuir la volatilidad del petróleo. El Kremlin, por su parte, busca un cliente alternativo a Europa, su principal socio comercial en este rubro. Pero La Federación Rusa ha ido más allá y ha tratado de darle mayor poder institucional a los Brics, una organización que deambulaba sin rumbo fijo hasta que se plantearon metas concretas como órganos de toma de decisión conjunta y la conformación de un banco de inversión del grupo. El potencial económico y humano (buena parte de la población del mundo está representada en él) hace que el bloque Brics se convierta en un jugador de peso en el escenario internacional. El desafío está en que sus intereses, en ocasiones contrapuestos, logren armonizarse.
Obama: El aliado natural de Estados Unidos sigue siendo Europa, en especial Inglaterra, Francia y Alemania. Sin embargo, no ha sido fácil para Obama mantener unido al bloque. Existe desconfianza hacia su forma de llevar la política exterior y los casos de espionaje de sus aliados (en especial en Alemania) han minado la relación. El principal problema con los europeos radica en que mientras Obama promueve acciones económicas cada vez más duras contra el gobierno ruso, ellos entran en un terreno peligroso porque, al contrario de Estados Unidos, sus potencial económico depende mucho del mercado y la energía de Rusia. El problema es que Estados Unidos –un país casi autosuficiente en lo energético– endurece su acciones contra Putin, pero el que paga la cuenta es el viejo continente, que ve bloqueado su comercio hacia el gigante euroasiático y resquebraja su relacionamiento energético, aunque hasta ahora Rusia se cuidó de no adoptar medidas que afecten el suministro de gas a su principal socio comercial. Pero en el ámbito internacional, Obama realizó otra jugada arriesgada al acercarse a Irán, país rival de las monarquías del Golfo Pérsico, aliados naturales de EEUU que, sin embargo, parecen haber jugado un papel determinante en la financiación del Estado Islámico. En Estados Unidos los más críticos señalan que el presidente corre el riesgo de quedarse sin el pan y sin la torta en caso de fracasar el diálogo con Irán. En la mesa de negociación que busca prevenir el uso de material nuclear en la industria militar iraní participan EEUU, Irán, Rusia y otros tres países.
América Latina
Putin: Este es otro caso en el que el conflicto con Occidente obligó a Rusia a buscar nuevos socios. Cuando Europa se plegó a las sanciones contra Rusia a causa de la guerra en Ucrania, sabía que estaba entrando en territorio fangoso. Moscú no ocultó su decepción ante las medidas adoptadas por la UE, en especial porque consideró que lo hizo por sola voluntad de EEUU ya que los europeos no contaban con pruebas contundentes de las acusaciones que pesaban sobre los rusos. La respuesta de Putin fue proporcional a las sanciones: prohibió el ingreso de una serie de productos europeos a la Federación Rusa. Fue por eso que el presidente ruso inició este año, coincidiendo con el mundial de fútbol, una gira por América Latina en busca de socios comerciales que sustituyeran los productos europeos que tienen vedado el ingreso a Rusia. Sin embargo, la respuesta europea no se hizo esperar y se transmitió en forma de amenaza, ya que algunos funcionarios llegaron a condicionar un acuerdo comercial entre la región y el viejo continente a la disminución de la relación comercial con Rusia.
Obama: Cuando llegó a la Presidencia contaba con el respaldo y la reputación para iniciar una línea de acercamiento con América Latina. Sin embargo, la crisis económica en la que estaba sumido su país lo obligó a prestar atención a los problemas nacionales. Esto le hizo perder tiempo precioso y a la larga fue enfriando una relación que, además, se veía obstaculizada por la consolidación en América Latina de gobiernos de izquierda, lo que le ponía una cuota más de frialdad a la relación. Pero en cualquier caso, EEUU fue tímido a la hora de acercarse al sur del continente y cuando finalmente vio el avance de Rusia y China sobre su patio trasero buscó la forma de llegar, aunque sin estridencias. La Alianza del Pacífico parece ser su instrumento de acercamiento al sur. Sin embargo, en varios países con gobiernos de izquierda los partidos de corte socialista –muchos de ellos en el poder– ven con desconfianza al bloque y no es de dudar que busquen ponerle un freno.