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A muchos adultos les sucede que cuando ven una tablet sobre una mesa se les ponen los ojos como platos, y en su fuero interno desean poder tocarlay jugar con ella. Estos aparatos causan en los niños el mismo efecto que tendría una caja de golosinas abierta, y en muchos países ya empieza a ser común verlos pasar horas y horas jugando con las pantallas táctiles.

Los niños cada día pasan más tiempo en contacto con las tecnologías digitales mediante touchscreens, y muchos padres y profesionales se preguntan cómo afectará esto a su desarrollo.
Niños y pantallas táctiles

The Atlantic publicó un artículo en profundidad sobre el tema, y recordaba cómo los medios electrónicos de entretenimiento nunca han gozado, desde sus inicios, de una opinión buena entre los padres y tutores de los niños.

De la televisión se decía que provocaba un ‘efecto zombie’ sobre audiencias mas jóvenes, creando un estado cerebral similar al del sueño, y a pesar de que se demostró en diversos estudios que no es así, la ‘caja boba’ no ha perdido su mala fama.

De un modo similar, se temía que los videojuegos convirtieran a sus usuarios en personas más violentas, algo que con el tiempo se ha demostrado que tampoco es cierto.

Vivimos en la era de las pantallas, y muchos hijos se han acostumbrado a apoderarse de los dispositivos móviles de sus mayores para jugar. Una televisión o una consola de videojuego podían desconectarse, o incluso guardarse en un armario bajo llave, pero negarle el uso del celular a un niño que ve a sus padres usándolo constantemente resulta más complicado.

Esta realidad no ha pasado por alto a los desarrolladores de apps para celulares y tabletas, que cada año lanzan miles de productos enfocados a los más pequeños. Y es que la forma en la que se usan estos dispositivos es mucho más sofisticada y sencilla. Para jugar no es necesario que aprendan a usar un teclado o un joystick, basta con tocar la pantalla y ver qué sucede. Su uso es intuitivo, y una acción implica enseguida una reacción. Incluso los bebés pueden disfrutar de las touchscreens con aplicaciones diseñadas especialmente para ellos.

¿Bueno o malo?

Un estudio realizado por la Academia Americana de Pediatras afirma que en Estados Unidos los niños pasan una media de siete horas frente a medios de entretenimiento, entre los que se encuentran la televisión, computadora, teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles.
Para la mayoría de los padres, poner a sus hijos frente a una pantalla táctil es una manera fácil de tranquilizarlos y entretenerlos.

De acuerdo al Joan Ganz Coony Center –un laboratorio independiente de innovación que estudia los desafíos de educar niños en un escenario cambiante– en 2010 dos tercios de los niños estadounidenses de entre 4 y 7 años usaron un iPhone.

Las tecnologías digitales son ubicuas y en cierto modo inevitables, y eso genera cierta inquietud entre los padres.

Por un lado, quieren que sus hijos manejen las tecnologías digitales con soltura en la medida en que van a tener una presencia muy importante en sus vidas, pero por el otro temen que se queden atrapados y vivan sus vidas a través de ellas, perdiendo la capacidad de relacionarse con el mundo sin hacerlo a través de las pantallas.

La forma en la que los padres capean la culpa y los desarrolladores venden sus aplicaciones es poner la etiqueta de “educativo” a los juegos orientados a los más pequeños. Desde hace un tiempo, cada año se lanzan miles de aplicaciones orientadas a este público.

Sin embargo, todavía no existen investigaciones en profundidad sobre los efectos que estos dispositivos pueden tener en el desarrollo de los niños. No hace ni tres años que el iPad se popularizó, y en este tiempo es muy difícil para una institución conseguir los fondos, formar profesionales y realizar las investigaciones necesarias. Por lo tanto, nadie puede probar si usando estas tecnologías un preescolar se volverá más inteligente, podrá aprender idiomas con más facilidad, o si por el contrario, se volverá una persona más vaga, retraída y distraída.

En un encuentro que tuvo lugar en Monterey, California, y que reunió a diversos actores relacionados al diseño de apps para niños, la periodista Hanna Rosin preguntó a algunos de los desarrolladores que también son padres cuánto tiempo dejaban a sus hijos jugar con las tabletas. La respuesta general, en el mejor de los casos, fue media hora al día como máximo, y en el peor, solamente los fines de semana, y no más de una hora. Probablemente la regulación de los padres de a pie con este tipo de dispositivos sea más laxa. En casa de herrero, cuchillo de palo.
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