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La renuncia de Richard Read al secretariado del PIT-CNT dejó al resto de los dirigentes desnudos ante la gente.

Por estrategia o por principios, lo cierto es que la renuncia es la respuesta al reclamo que se oía desde todos lados una vez que apareció el video de la represión violenta a dos internos del Centro de Privación de Libertad (Ceprili).

¿Por qué? Porque lo menos que esperaba gran parte de la sociedad era una condena dura y firme por parte del movimiento sindical. Después de tibias expresiones de rechazo a la situación, el secretariado del PIT-CNT terminó presionando al vicepresidente José Lorenzo López –que había estado presente durante parte de la situación violenta en el centro de reclusión de menores– para que se tomara licencia mientras se analiza el caso, pero ante la gente, no hizo más que respaldarlo.

Un movimiento sindical que se autoproclama como defensor de los derechos humanos dio la señal más liviana. Y Read se fue en el momento justo. Y se llevó todos los aplausos.
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