Desde que el rock se convirtió en un asunto mayoritariamente para bandas, cada década ha tenido sus grandes nombres.
Desde que el rock se convirtió en un asunto mayoritariamente para bandas, cada década ha tenido sus grandes nombres.
En varios casos han sabido continuar su camino hasta hoy o, de haber sufrido una eventual separación, su influencia se sigue notando en la actualidad. Por nombrar a algunas, en los años de 1960 surgieron los Rolling Stones, The Who y The Doors, en los 70 Led Zeppelin, AC/DC y Queen, en los 80 Guns n’ Roses, U2 y los Red Hot Chilli Peppers, mientras que en los 90 aparecieron Nirvana, Oasis y Blur.
Desde entonces, las bandas de rock masivo han desaparecido y los grandes shows en estadios repletos quedaron en manos de las viejas bandas. No hubo renovación. Hoy en día, no hay una banda actual que sirva como referencia en el género, a excepción de Foo Fighters, que de todos modos no alcanza el nivel de los anteriormente citados, al menos por ahora.
Disco versus temas
El rock moderno se ha convertido en un género casi de nicho, al cual se califica o bien como alternativo, o bien como indie, porque también es más fácil para una banda darse a conocer a través de la difusión digital. Ya no es necesario que los grandes sellos adopten a los grupos y los difundan de forma masiva en las radios, porque el método principal de acceso a la música es internet. Esto es una ventaja para los músicos, y en cierta forma para el público, que puede elegir qué escuchar de forma más libre.
No obstante, esta forma de difusión y consumo es una de las causantes de la desaparición de las grandes bandas de rock. Hay más oferta y, al escuchar a un grupo, se ofrecen automáticamente otros similares. La música se consume más que nunca y es difícil estar al tanto de todo lo que hay disponible en el mercado.
Esto también ha generado la crisis del disco como tal y una separación del artista y su música, pues los temas pueden comprarse por separado. Según manifestó a la revista Forbes el crítico musical Timothy Rosenberg, esto genera que “el público se separe de los artistas porque ya no compran álbumes sino canciones individuales. Si el público no se hace fanático de 12 canciones seguidas, no sorprende que no se acerquen a las bandas como Led Zeppelin. Aunque no lo crean, esto es saludable. Los fanáticos se están encariñando más con la música que con la personalidad de los artistas”.
Así se ve la desaparición de bandas en el formato de Kiss o AC/DC, donde pesa tanto la música como la estética y actitud del conjunto. Eso también se refleja en los artistas. Ya no están las estrellas que destrozaban hoteles o montaban escándalos en sus espectáculos. Ahora son veteranos que ya no están para esos trotes. Pero al menos en su música, son los únicos que mantienen la crudeza y el poder original del rock y por eso continúan siendo escuchados por generaciones que jamás los vieron en vivo o que los conocen como grupos de viejitos simpáticos (ver foto).
Por siempre joven
El rock siempre fue un género joven, al menos en su actitud. En 1980, John Lennon decía que los Stones, ya cuarentones, seguían teniendo 16 años en su mente. Hoy, las grandes estrellas de la música joven están en el pop y se renuevan a un ritmo vertiginoso. Allí también se replica la gran variedad de ofertas: si se mira el top 100 de Billboard, es muy difícil ver nombres repetidos en el ranking, salvo los de las superestrellas (del momento, ni siquiera del año) como Taylor Swift.
“Si Oasis comenzara mañana no hubiera tenido ni de cerca el impacto que tuvo”, dijo Noel Gallagher a la revista musical británica NME a comienzos de enero. Por lo pronto, parece que el modelo de las grandes bandas de rock es un modelo agotado. Aunque, como en la música todo vuelve, quizá en un par de décadas surja algún otro grupo que llene estadios. Mientras tanto, el género continúa en manos de los viejos dinosaurios que saben cómo roquear.