Uno siente un poco eso de que está presenciando la caída de un grande en cámara lenta con todo el drama del expresidente Lula en varios actos. Hay algo de angustia y de ansiedad, de ajena tristeza, y a la vez una decepción, y un deseo de que se haga justicia. Es como la muerte de Aquiles: uno no la desea (tal vez por eso Homero elige no narrarla); pero en todo momento sabemos que el héroe ha violado los códigos de su propia heroicidad, y que su caída es inexorable.
Los dos tiempos de Lula
El drama que vive hoy el expresidente brasileño es una metáfora de los gobiernos de la región
