Los Estados Unidos y Filipinas refuerzan su alianza militar frente a la creciente influencia de China
Los presidentes Joe Biden y Ferdinand Marcos ratificaron que Manila permitirá a Washington usar cuatro bases navales cercanas a Taiwán en el marco de las nuevas directrices bilaterales acordadas por ambos países
Los presidentes de los Estados Unidos, Joe Biden, y Filipinas, Ferdinand Marcos, acordaron profundizar la relación bilateral en materia de Defensa para de contrarrestar la expansión de Beijing en la región del Índico-Pacífico y en especial en el Mar de China Meridional.
Así lo convinieron durante la reunión que mantuvieron en la Casa Blanca en el marco de la visita de Estado que realiza el mandatario filipino a Washington, cuatro días después de que Biden recibiera a su homólogo de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, ocasión en la que firmaron un acuerdo que refuerza la cooperación militar e incluye el envío de submarinos estadounidenses con armas nucleares para reforzar la disuasión ante Corea del Norte.
La cumbre se produce inmediatamente después de la visita a Filipinas de la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, en noviembre de 2022, y de la reunión del secretario de Defensa, Lloyd Austin, con Marcos en Manila en febrero pasado, que culminó en el acuerdo para permitir el acceso de los Estados Unidos a cuatro bases más en territorio filipino, acuerdo ratificado ahora por ambos mandatarios en el marco de las nuevas directrices bilaterales acordadas.
La visita del jefe de Estado filipino tiene lugar en un contexto "extraordinariamente importante", según evaluaron fuentes de la Casa Blanca, al tiempo que calificaron los compromisos del país con la seguridad de Filipinas como “inquebrantables”; esto último en referencia al tratado de 1951 firmado por Washington y Manila, y cuando el gobierno de Marcos denunció una “serie de provocaciones” por parte de China y presentó unas 200 protestas diplomáticas contra Beijing desde el año pasado.
Las mismas fuentes precisaron que la Casa Blanca aprovechará la visita para anunciar en las próximas horas la transferencia de tres aviones C-130 y patrulleros costeros a Filipinas.
“Nos enfrentamos a nuevos desafíos y no podría pensar en un mejor socio para tener que usted”, dijo Biden al comienzo de la reunión en la Salón Oval de la Casa Blanca. “Los Estados Unidos también se mantiene férreo en nuestro compromiso con la defensa de Filipinas, incluso en el Mar de China Meridional, y continuaremos apoyando la modernización militar de Filipinas”, agregó. Marcos, por su parte, dijo que la relación era esencial, ya que Filipinas y el Pacífico se encuentran, “posiblemente, en la situación geopolítica más complicada del mundo en este momento”.
La cumbre entre Biden y Marcos se concretó luego de que el 23 de abril un buque guardacostas chino bloqueara a una patrulla filipina, situación que casi deriva en un choque entre ambas embarcaciones a 200 kilómetros de la isla de Palawan, incidente en el contexto de las disputas que mantienen Manila y Beijing por la soberanía del archipiélago Spratly, un grupo de un centenar de arrecifes e islotes bajo control de Filipinas y rodeados por bancos de pesca y yacimientos de gas y petróleo.
Tras ser elegido en el cargo, el presidente filipino afirmó que era partidario de una relación equilibrada con Washington y Beijing. De hecho, viajó a la capital de China, en donde prometió que su país sería "el amigo de todos, el enemigo de nadie". Posición que pareció ratificar cuando aseguró poco antes de partir hacia Washington que su gobierno “no permitirá que se use Filipinas como base para ninguna acción militar".
Filipinas, sin embargo, acordó este año darle acceso a los Estados Unidos a las cuatro bases, incluidas instalaciones navales cercanas a Taiwán, isla que China considera parte de su territorio. Las ubicaciones de tres de estas bases están relacionadas con Beijing: dos están en las provincias de Isabela y Cagayán, que miran al norte hacia Taiwán. La tercera, en Palawan, cerca de las islas Spratly.
“Los Estados Unidos está muy agradecido por el acceso a estas bases y se usarán siempre en coordinación total con las autoridades filipinas”, dijo John Kirby, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, en un intento por tranquilizar al gobierno de Manila y, sobre todo, responder a las duras críticas lanzadas por los partidos políticos que se oponen al rumbo adoptado por las actuales autoridades de Manila.
Antes que Marcos asumiera el cargo, Kurt Campbell, coordinador de asuntos del Indo-Pacífico en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, reconoció que las "consideraciones históricas" podrían presentar "desafíos" en la relación de Washington con Marcos, una referencia indirecta al litigio planteado por los Estados Unidos por el patrimonio de su padre, el dictador Ferdinand Marcos (1965-1986), considerado por la Casa Blanca un aliado durante la Guerra Fría.
En 1996, un tribunal de apelaciones de los Estados Unidos confirmó una indemnización por alrededor de US$ 2.000 millones contra el patrimonio del dictador por la tortura y el asesinato de miles de sus conciudadanos, veredicto que sucedió a lo resuelto en 1994 por un jurado de Hawai, isla a donde huyó Marcos después de haber sido forzado a dejar el poder en 1986 y en la que murió en 1989.
Antes de partir hacia Washington, en lo que es la primera visita de un presidente filipino a los Estados Unidos en una década, Marcos dijo que estaba “decidido a forjar una relación cada vez más fuerte con los Estados Unidos en una amplia gama de áreas que no sólo aborden las preocupaciones de nuestro tiempo, sino también aquellas que son fundamentales para promover nuestros intereses fundamentales”.
Según los analistas, Biden espera que el aumento de la tensión en el Mar de China Meridional contribuya a que Filipinas acepte nuevas reglas "de defensa bilateral". De hecho, los Estados Unidos se mostró dispuesto en los últimos meses a apoyar la "modernización" de las fuerzas armadas filipinas con aviones y buques de guerra. Un giro en su relación con Manila, luego del deterioro de las relaciones bilaterales durante el mandato del anterior presidente filipino, Rodrigo Duterte (2016-2022), partidario de un acercamiento a China.
Los expertos en materia de Defensa destacan que el gobierno estadounidense intenta profundizar sus acuerdos militares no sólo con Japón y Corea del Sur, sino también con Filipinas, como parte de su política centrada en fortalecer sus alianzas en la zona de Asia y el Pacífico. Un giro que llevó a Manila y Washington a realizar hace pocos días sus mayores maniobras militares conjuntas en el Mar de China Meridional y el primer entrenamiento conjunto de aviones de combate desde 1990.
Los analistas también recuerdan que las actualmente estrechas relaciones entre los Estados Unidos y Filipinas no eran un hecho cuando Marcos asumió. El hijo y homónimo del difunto hombre fuerte de Filipinas parecía tener la intención de seguir el camino de su predecesor, quien buscaba lazos más estrechos con China.
Biden y Marcos se reunieron en septiembre pasado durante la Asamblea General de Naciones unidas. En ese contexto, según Washington, el presidente estadounidense hizo referencia al pasado “a veces rocoso” entre sus países. Durante la reunión celebrada en privado, Biden le habría resaltado su deseo de mejorar el vínculo y le habría preguntado cómo su gobierno podría “cumplir sus sueños y esperanzas” para lograrlo.
Por lo pronto, Marcos, además de la reunión concretada con Biden, tiene programado visitar el Pentágono. Un acercamiento que es criticado por la oposición a su gobierno. Renato Reyes, secretario general de la Nueva Alianza Patriótica, señaló a los medios locales que el renovado vínculo demuestra que los Estados Unidos considera a Filipinas como un “protectorado” y su “puesto militar avanzado” en Asia. Según Reyes, las nuevas directrices bilaterales sobre la presencia del ejército estadounidense constituyen “una clara violación a la constitución” y la “soberanía nacional”.
(Con información de AFP)