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Acorralado por un fuerte operativo de las Fuerzas Especiales de EEUU, el jefe y fundador del Estado Islámico (ISIS), Abu Bakr al Baghdadi, se inmoló en una cueva en Idlit, Siria, el 26 de octubre, y muchos se preguntan ahora sobre el rumbo del temible grupo fundamentalista islámico.  

Sin duda, el operativo fue un éxito contra el terrorismo internacional por parte del presidentes estadounidense, Donald Trump, ante un Baghdadi que sembró terror en todo el mundo por sus ejecuciones en masa, decapitaciones, torturas, aniquilamientos y otras atrocidades, especialmente entre los años 2014 y 2017.  Y que sembró células terroristas más allá de Medio Oriente, responsables de atentados en Francia, Alemania, Bélgica y Reino Unido.

No obstante su baja, mientras exista dinero del petróleo que alimente las arcas del terrorismo e intereses internacionales encontrados en Medio Oriente, será difícil que el extremismo en esa parte del mundo desaparezca. 

HO / US DEPARTMENT OF DEFENSE / AFP

Si bien ISIS sufrió un duro revés con la muerte de Baghdadi, el cual se sumó a otros, como la pérdida de su último bastión en Siria en marzo pasado, informes de inteligencia indican que desde hace tiempo, el movimiento, aún debilitado, está desarrollando estrategias para reclutar más integrantes a sus filas y preparando a líderes emergentes.

Joseph Votel, ex comandante de Operaciones Especiales de EEUU en Medio Oriente, advirtió que “el califato todavía tiene líderes, todavía tiene combatientes, todavía tiene facilitadores, todavía tiene recursos…”.

El jueves pasado, ISIS confirmó la muerte de su líder y anunció a su sucesor, Abu Ibrahim al Hashimi al Qurashi, presentado por la organización como un erudito y figura prominente de la Yihad y combatiente. Su presunto linaje vinculado a Mahoma y su liderazgo dentro del movimiento lo llevarían a querer restaurar el califato. En realidad, se desconoce su identidad exacta, dado que Qurashi es uno de los nombres de guerra con el que lo identifica la organización terrorista.

Es de prever que otros líderes se sumen en esta nueva etapa, ya que el movimiento funciona en forma descentralizada, con delegados en distintas zonas geográficas. A diferencia de Baghdadi y seguramente de Qurashi, Osama bin Laden ejercía un control más centralizado o mayor en Al Qaeda.

Apenas asumió como califa, Qurashi envío un fuerte mensaje amenazador: “No te alegres, América” e hizo un llamado a vengar la muerte de su predecesor.

El ganador inmediato

Con la caída del terrorista número uno del mundo, Trump se anotó una victoria en política exterior, pocos días después de haber sido muy criticado, incluso por su propio partido, por haber retirado las tropas estadounidense de la frontera turco-siria, lo que dio pie a una ofensiva militar turca contra las fuerzas kurdas. 

Trump negó que su retirada de Siria haya sido una luz verde para el ataque de Turquía, pero el hecho debilitó la credibilidad de EEUU ante sus aliados en Medio Oriente, que vieron como la Casa Blanca abandonaba a los kurdos.

Hay que recordar que los kurdos fueron aliados de Estados Unidos en la lucha contra el ISIS, por lo que el retiro de las tropas estadounidenses en la zona de conflicto fue visto como una traición. Esto perjudicó la imagen de Trump en recientes semanas.

Pero ahora, con la muerte de Baghdadi, Trump da un mensaje claro respecto a su compromiso con Medio Oriente, justamente en un momento relativamente próximo a las elecciones presidenciales de EEUU y cuando atraviesa una crisis doméstica por un proceso de juicio político en marcha en su contra. 

No falta quien piense que la redada de Baghdadi podría servir como un contrapeso a la investigación del juicio político que se basa en el argumento de que Trump ha moldeado su política exterior para su propio beneficio político.

El reconocimiento al éxito de Trump en el operativo contra el jefe fudamentalista tuvo la contra de un sector de la opinión pública que en lugar de la lucha contra el terrorismo, ve un supuesto interés estadounidense por los campos petroleros sirios o interpreta incluso una intención de usar la fuerza y el poderío militar para invadir tierras extranjeras hostiles para extraer recursos, en vez de ayudar a desarrollar economías destruidas o instituciones más democráticas.

La evolución del ISIS  

El ISIS nació como grupo insurgente tras la invasión estadounidense a Irak durante el gobierno de George W. Bush en 2003. Cuando Osama Bin Laden, líder máximo de Al Qaeda, fue eliminado por fuerzas estadounidenses en Pakistán en 2011, su movimiento quedó debilitado, e ISIS –que surgió con los auspicios de Al Qaeda y luego tomó distancia de él de la mano de Baghdadi–, fue cobrando notoriedad.

Baghdadi, que provenía de Al Qaeda, se autoproclamó en 2013 califa del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), estableciendo un presunto linaje vinculado a Fátima, hija del profeta Mahoma. Es así como este clérigo y académico radical islámico iraquí pasó a ser el sucesor simbólico de Bin Laden y jefe del ISIS.

Se afirma que el ISIS gana adeptos no tanto por el fanatismo religioso (aunque es un elemento de mucho peso), sino por ofrecer dinero y poder fundamentalmente a personas que sufrieron la opresión o miserias bajo los regímenes de Irak y Siria. 

La represión y el fracaso del estado en el mundo árabe, con todo lo que eso conlleva en términos de corrupción, injusticia, sectarismo y abuso del poder, están entre las causas del crecimiento de los movimientos terroristas que prometen calmar las necesidades de millones de personas en crisis, o les ofrecen un ilusorio sentido a sus vidas.

El ISIS está compuesto por tres grupos: voluntarios (muchos de ellos extranjeros, yihadistas endurecidos, insurgentes sunitas extremos, inadaptados, hombres jóvenes que nunca tuvieron trabajo); ex oficiales del Ejército iraquí o del servicio secreto de la época de Sadam Husein; e ideólogos religiosos que eran liderados por el propio Baghdadi. 

El grupo fundamentalista se mueve entre la clandestinidad y la constante presión de los servicios de inteligencia de numerosos países, habiendo perdido autoridad de facto sobre los casi ocho millones de personas que llegó a influenciar o aterrorizar en el pasado, en su “período de auge”.

En cuanto a Al Qaeda, hay datos de que está fortaleciendo su estructura y hoy en día continúa estando activo en muchas regiones, según un informe de la ONU publicado a principios de este año. En 2018, llevó a cabo 316 ataques por todo el mundo, según la ONG Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), especializada en la violencia política en el mundo. 

Escenarios 

La Casa Blanca aseguró que el ISIS ha sido eliminado en Siria, pero otras fuentes indican que el grupo está activo. 

De hecho, si bien perdió terreno en Siria, sus integrantes libran nuevas luchas en territorios remotos del norte de Irak y mantiene seguidores en países conflictivos como Nigeria, Libia, la península del Sinaí, Afganistán y Filipinas, según reportes. 

Los analistas concuerdan en que la desaparición de Baghdadi tendrá menos impacto que la de Osama Bin Laden en su tiempo. 

La amenaza y sed de venganza del nuevo califa Qurashi, intimidante y con la promesa de ser más cruel que su predecesor, hace temblar al mundo nuevamente.

Según el Centro de Contraterrorismo estadounidense, Qurashi tendría unos 14.000 combatientes en Siria e Irak, en una multitud de células clandestinas diseminadas.

Otro escenario posible es que el ISIS se acerque al actual líder de Al Qaeda, el egipcio Ayman al Zawahiri. 

Lo cierto es que en la interminable guerra de Medio Oriente, plagada de movimientos extremistas, cuando estos pierden control y se presume que están acorralados, logran resurgir. Y así será hasta que no se aborden las causas subyacentes del terrorismo vinculadas, en gran parte, a las malas gobernanzas y las miserias económicas y morales que se generan, además de las tensiones locales que son el combustible para estos grupos. El peligro siempre latente, además, de que actúan fuera de Medio Oriente, se ha potenciado.

Al decir de Clint Watts, del Instituto de Investigación de Política Exterior de la Universidad George Washington, “los años de operaciones (de ISIS) reclutaron, entrenaron y enviaron combatientes extranjeros de docenas de países que liderarán la próxima generación de yihad a otras fronteras… "

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