Mediciones genéticas (I)
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Voy a comenzar a partir de esta edición una serie de notas que tienen que ver con una visión de la genética, inevitablemente sesgada a la raza Angus, pero que en la mayoría de los casos sirve para todas las razas de carne, al menos para las principales británicas.
Hay un primer tema que no es nada fácil de encarar, pero que debe ser abordado, y que tiene que ver con el hecho de que cuando se habla de medir inmediatamente tenemos que decidir cuál será lo que se denomina la “población de referencia”.
Es decir: ¿contra qué me comparo?
En la mayoría de los países de la región se ha comenzado por medir obligatoriamente los toros de pedigree, especialmente los que concurren a exposiciones. Ya hemos dicho en una nota anterior con título similar que en los Estados Unidos se mide la totalidad de la oferta genética.
Mi opinión: para que las mediciones genéticas (incluyendo los DEP tradicionales –fenotípicos– y los genómicos) puedan tener un resultado que nos sirva habría que medir toda la oferta de los toros que no son pedigree y que en Argentina se denominan PC o puros controlados. La oferta de toros de pedigree no alcanza ni con mucho a la cuarta parte de la oferta total y por tanto condiciona sesgadamente las mediciones. Esta necesidad no solamente comprende a los productores de genética sino a los ganaderos que compran los toros. Además, facilitaría a los sectores productivos/industriales ver las tendencias de producción e incentivar determinadas líneas genéticas en función de sus negocios a destinos, entre otros aspectos.