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Después de haber observado y operado mercados durante ya varias décadas he aprendido que la manera en que los precios se ven afectados cuando se desequilibran la oferta y la demanda puede ser bien diferente.

Una cosa es una suba de precios por un faltante de oferta, el caso típico de un problema climático con un producto determinado en un lugar del mundo.

Se dará entonces una suba que dependerá de la importancia del faltante. De ordinario estas subas terminan tan pronto como la oferta se regulariza y la caída de los precios suele ser proporcional a la suba.

Otra cosa es cuando sube el mercado por un aumento de la demanda de un producto. Estas subas suelen ser graduales y sostenidas en el tiempo ya que pueden responder, por ejemplo, a cambios de hábito de consumo. Normalmente no generan una corrección brusca a la baja como el primer caso.

Y, en tercer lugar, tenemos la que ocurre hoy en los Estados Unidos con la carne vacuna y que arrastra al mercado mundial de este producto: es la combinación perfecta para una suba que no parece tener techo, por ahora.

El precio de la carne vacuna ha subido el 74% desde el año 2009, al tiempo que el maíz ha bajado un 18% desde el año pasado, lo que aumenta los
márgenes.

El rodeo vacuno norteamericano ha caído por séptimo año consecutivo a 87,7 millones de cabezas, la menor cifra desde 1951. El Rabobank hace pocos meses estimó que China deberá importar un 20% más de carne vacuna cada año por los próximos cinco años para satisfacer su demanda. El escenario perfecto para un exportador neto: menos oferta y más demanda.

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