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¿Saben ustedes cuál fue el récord histórico de gente en las calles de Argentina y por qué? Fue en la celebración por la obtención de la Copa del Mundo de Catar 2022.

Más de cuatro millones de personas salieron espontáneamente a las calles para festejar el logro deportivo. No fue la política, sino el fútbol, la que logró unir al menos por un día al pueblo argentino. Esa manifestación popular tuvo un líder ejemplar llamado Lionel Messi: un héroe no colérico, calmo, que nunca buscó venganza, incluso contra aquellos que en algún momento criticamos su función en la selección argentina. 

Messi personifica la ‘sophrosyne’, la antigua virtud griega de equilibrio y autocontrol en situaciones difíciles, en contraste con los héroes coléricos como Aquiles, que a menudo caían en la ‘hybris’, la desmesura o el exceso de orgullo. 

En la Ilíada de Homero Aquiles quebranta una ley divina fundamental al no ser piadoso con el padre de Héctor (Príamo), quien le suplicó que le devolviera el cuerpo de su hijo y Aquiles no lo hizo. En ese momento el héroe colérico cayó en hybris y se separó de lo que el héroe virtuoso debía ser. Rescato este momento de la Ilíada porque es paradigmático de cómo un héroe se puede degradar humanamente por una debilidad de su propio carácter y sólo puede restituírsele su honor cuando su falta se haya reparado. Esta reparación se produce en el último libro de la Ilíada cuando Príamo lo visita a Aquiles y éste le devuelve el cadáver de su hijo. Cuando se le pasa su ira, Aquiles recupera su verdadero carácter y vuelve a ser un héroe aceptable.

La Ilíada es un manual de cómo la furia, el enojo, el buscar venganza y no pensar, destruye a los seres humanos. Precisamente por ello conecto esta obra clásica con lo que ocurre en la política argentina, que está en estado de hybris. 

Hay una palabra maldita que subyace hoy a la política argentina (está instalada en los discursos políticos, en los spots y en las entrevistas que dan los políticos): la venganza, que a menudo es destructiva y que está íntimamente relacionada con la desmesura. Sin embargo, los argentinos debiéramos buscar la ‘areté’, término griego antiguo que se refiere a la excelencia o virtud personal. La ‘areté’ era una parte  fundamental de la ética de Aristóteles, quien definía la virtud como el justo término medio entre dos extremos igualmente viciosos (el exceso y el defecto). Así, por ejemplo, el valiente es el justo medio que no cae ni en el exceso de la temeridad ni en el defecto de la cobardía. En Argentina no parece haber valientes, sino o bien cobardes (que no quieren cambiar nada) o bien temerarios (que quieren cambiar todo venga lo que venga). 

Yo los veo a ustedes, hermanos uruguayos, como parte de una sociedad que sabe caminar por la senda del justo término medio, que no cae en la locura ni en el vicio de los extremos. Los argentinos, en cambio, vivimos en estado de furia. La Ilíada nos representa, pero en su faceta negativa: en la funesta cólera de Aquiles, que pierde la cabeza y termina haciendo cosas que no debería hacer, como maltratar el cadáver de 
Héctor y no devolverle el cuerpo a su padre suplicante. 

¿Quién debiera ser el faro moral en mi país? Lionel Messi, un líder heroico que tiene rasgos como los de Aquiles en la Guerra de Troya. Pero que, a diferencia del guerrero griego, nunca buscó venganza. Aun cuando pudo hacerlo, Lionel decidió no levantar el dedo acusador contra aquellos que fuimos duros en la crítica cuando los resultados no se daban y se le negaba la ansiada conquista de Troya. Él fue un líder que  siempre construyó mirando hacia adelante y buscando unir a los argentinos. Quizás por eso haya logrado la mayor congregación popular de la historia argentina. Messi representa la humildad, el justo medio, la caballerosidad, atributos que muchas veces no se asocian con la argentinidad, pero que nos marcan el camino a seguir como sociedad.

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Alejandro Fantino

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