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Una vez me pusieron ‘zamarrilla’… ¡casi me muero!”, recuerda Carolina García. Le quedó grabada la palabra, pero no tiene idea de lo que quiere decir. Es que alcanza con que esté en la 22ª edición del diccionario de la Real Academia Española, que es la última.

“A nosotros eso no nos interesa. No importa el significado de las palabras”, reafirma enfáticamente su compañera Sabrina Winiarski. Aunque después reconoce que “hay personas a las que sí les interesa saber qué significan”.

Porque si se habla de Scrabble lo fundamental es que la combinación de letras sea válida. Punto. El que quiera puede consultar la definición que da el diccionario, pero para el juego en sí, es tarea superflua.

Surgen entonces palabras como “axoidea”, “teodicea”, “querochar”, “ascesis” o “pchs”, que no se acuerdan bien qué significan, pero saben que existen. O mejor dicho, que están en el diccionario, que es lo que cuenta.

No ocurre lo mismo con otras tan habituales para el uruguayo como “rapiñero”, “destender” o “desprolijo”; por lo tanto, hay que conocer muy bien el mataburros que regula la competencia.

Estrategia y azar
Saber palabras es fundamental, pero tampoco es lo único. Estrategia, conocimiento de vocabulario y azar: esa es la tríada necesaria para ser un buen scrabblista, según cuenta Andrea Pesce, campeona uruguaya de Scrabble duplicado, una de las variantes que existe.

El Scrabble es un juego de mesa que consiste en armar palabras –en sentido horizontal o vertical– sobre un tablero de 15 casillas de lado. También conocido popularmente como Palabras Cruzadas, se juega de a dos, tres o cuatro personas y gana quien hace más puntaje a partir de siete letras y las palabras que va formando con ellas.

El puntaje de cada palabra varía según el que tengan las letras y la combinación que se haga en el tablero. El de cada letra está dado por la frecuencia de uso en el idioma. Por ejemplo, en inglés su creador definió esto luego de analizar una portada del New York Times.

En español, las letras de menor puntaje, que valen uno, son las vocales (“a”, “e”, “i”, “o” y “u”) y algunas consonantes (“s”, “n”, “l”, “r” y “t”). La que vale más es la “z”, que otorga 10 puntos. Entre las 100 fichas (98 letras y 2 comodines) no hay ninguna “w” ni “k”, pero sí están las letras dobles “ch”, “ll” y “rr”.

Pero, más allá del idioma en cuestión, siempre la jugada deseada es “hacer Scrabble”. O sea formar una palabra con las siete letras que el jugador tiene sobre su atril. “Es como hacer un gol”, compara Carolina. “A nivel de torneo es normal, porque es lo que siempre se busca”, agrega Sabrina. Durante una partida de alta competencia se pueden realizar incluso siete u ocho.

Se va la copa
Este fin de semana, Carolina, Andrea, Sabrina y otros scrabblistas uruguayos estarán despuntando el vicio y compitiendo por el Torneo Nacional de Scrabble, clasificatorio para el XV Campeonato Mundial, que tendrá lugar en noviembre en Ciudad de México.

También estará presente Mónica Roux, que mientras conversa con sus compañeras y El Observador juega online al Scrabble. Es que para alcanzar un buen nivel hay que practicar y para eso cuanto más se juegue, mejor. Así como leer el diccionario, estudiar listados de palabras difíciles o de alto puntaje y ejercitarse en formar anagramas, es decir las diferentes palabras que se pueden armar con una serie de letras.

Hay quienes van más lejos. Según cuenta Sabrina, el argentino Luis Picciochi, actual bicampeón mundial, tiene grabaciones de palabras que escucha mientras va conduciendo su auto.

Precisamente Argentina es uno de los países que se destaca en las competencias internacionales. Los otros son España y Venezuela. Ahí, por ejemplo, es una materia universitaria que da créditos de estudio por lo cual hay muchos y muy buenos jugadores.

A diferencia de lo que ocurre en otros sitios, en Uruguay este juego es practicado mayormente por mujeres y pocas son jóvenes. Esa es una de las cosas que desde el Club Uruguayo de Scrabble pretenden modificar.

“Queremos que la gente se saque de la cabeza el concepto de que es un juego para viejos, porque sirve contra el Alzheimer. Eso pasa solo acá”, afirma Andrea.

Así y todo, cuando las scrabblistas locales salen a representar a Uruguay no les va mal. Al mundial 2010, que se disputó en Costa Rica, fueron solo tres competidoras (Selene Delgado, Andrea Pesce y Carolina García) y obtuvieron el vicecampeonato en la Copa de Naciones, que es el torneo por equipos. A nivel individual la mejor posicionada fue Selene, que salió sexta entre 90 competidores.

Ella ya está clasificada para el torneo que habrá en México. Este fin de semana, en el Torneo Nacional, se sabrá quiénes la acompañarán.
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