Un gran cúmulo de falsedades, o de información de baja calidad, suele darse por cierto por estar en la web: una frase de Winston Churchill sobre Argentina jamás dicha; unos poemas de Borges que Borges nunca escribió; un comentario de Eduardo Galeano que en realidad pertenece a otra persona. Y noticias de toda índole que en realidad no existen. No se trata de errores, como los que los medios de comunicación convencionales cometen y deben rectificar, sino de historias falsas a sabiendas con fines políticos o comerciales.
Mundo de fantasía
Un alud de páginas web estúpidas o mentirosas socava los cimientos de la civilización