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Natalia Oreiro, la diva oriental

Cómo encara su multifacética carrera la artista uruguaya, que en un mes estrenó dos canciones mundialistas y una película y que desarrolla su primer guion televisivo

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22 de julio de 2018 a las 05:05

Sonó el timbre. Natalia Oreiro se paró y fue hasta la puerta. Era el delivery que traía el sushi que había pedido su amiga cumpleañera. Abrió, y el muchacho, de no más de 25 años, la reconoció en seguida. "Ah, Natalia, mi novia te sigue de chiquita, le voy a contar que se muere", y ahí le largó la pregunta: "¿No trabajás más, no?".

–¿Sabés que no? Me retiré. Ya estaba vieja.
–Si, aprovechás para descansar. Está bien.

Oreiro entró con el sushi y un ataque de risa. Venía de presentarse en Rusia, de dar a conocer sus dos canciones para el mundial, y estaba a punto de estrenar la película Re loca. Y en estas últimas semanas, es cuestión de prender la televisión para verla ofreciendo préstamos, pelotas de fútbol o medicamentos.

Y por delante hay convocatorias para series en México y Chile, una película bajo la dirección de Lucía Puenzo –que ya la dirigió en Wakolda– y un proyecto de guion propio sobre una historia que trascurre en el mundo del tango y el crimen, y que se ambienta en las décadas de 1920 y 1930 en Montevideo, Buenos Aires y Rosario.

Oreiro trabaja, trabaja y trabaja. Está en su forma de ser. Así lo reconoce. "Creo mucho en la perseverancia, en la prepotencia del trabajo, en creer en algo y darle para adelante", dijo a El Observador cuando vino a presentar su última película a Montevideo. "Estoy donde me toca estar, un lugar adonde creo que llegué por ganas, que son las que mueven todo".

Su amigo, el artista Martín Sastre, señala que son "El carisma, el trabajo y el amor que le pone a todo lo que hace", las que la han hecho destacarse. Sastre la conoció en 2001, la dirigió en Miss Tacuarembó, y se hicieron amigos de verdad en un viaje a la ciudad francesa de Biarritz durante la presentación de la película en España.

El trabajo. Buscar lo que quiere hacer. Elegir. Eso fue lo que pasó con Re loca, actualmente en cartel, en la que interpreta a Pilar, una mujer de 40 años que lleva una vida repleta de frustraciones laborales, domésticas y personales, lo que se altera por completo cuando un misterioso maestro de la autoayuda le receta un ritual que la convierte en una persona completamente honesta, que dice lo que piensa y que se explota contra su vida cotidiana y las personas de su entorno.

A Pilar le salta la cadena y se destapa una faceta zafada de Oreiro hasta ahora inédita. Eso le costó mucho como actriz, por más que insultar y actuar sin filtro parecería fácil. "Me costaba el grito, la mala palabra, porque no lo uso".

No lo usa, pero eso no quiere decir que Natalia Oreiro sea una persona apocada. Nunca lo fue. "Soy una persona de carácter, desde muy chica. De plantarme y que no me pasen por arriba, lo hacía hasta con el director de la escuela. De grande empecé a buscar el consenso, la palabra, el no gritar, que aunque tengamos opiniones diferentes podamos llegar al mismo punto".

Entonces no le salía sacarse en cámara, por más que había ensayos, una y otra vez. No era orgánica, recordó Oreiro. Hasta que le empezó a salir y no podía parar. La catarsis la liberó, y tuvo que moderarse.

"Estoy donde me toca estar, un lugar adonde creo que llegué por ganas, que son las que mueven todo"

Todo es parte de la forma en la que encara sus personajes. "Trato de hacer personajes que estén alejados de mí, porque eso es lo más divertido: disfrazarse y ser otro. Cambiar la forma de caminar, de hablar, vestir, pensar, el pelo. Todo suma para alejarse de quién soy yo. Pero después trato de reconocer en mí algunos sentimientos. Porque todos somos un poco de todo, bueno, malo, patético. Entonces trato de rascar y buscar hasta que me salga de forma natural", explicó la actriz cerrense de 41 años.

Hace comedia, hizo drama y hasta mostró una faceta sensual en una publicidad para Las Oreiro, la marca de ropa que tiene junto a su hermana Adriana. Esa capacidad de aplicar distintas facetas, juzga Sastre, se debe a que "todos tenemos la capacidad de ser muchas personas, de niños jugábamos a ser indios, médicos, detectives, sin embargo cuando crecemos lo vamos perdiendo, Natalia en ese sentido nunca creció y además de hacer eso su profesión y ser muy profesional puede hacerlo desprejuiciadamente, divirtiéndose, eso es lo que traspasa".

Martino Zaidelis es el director de Re Loca. Fue su primera película, aunque ya había trabajado con Oreiro en ese mismo rol en la serie de televisión Entre caníbales, en 2015. El vínculo entre ambos en el rodaje fue constante porque la uruguaya aparece en casi todos los planos y escenas del largometraje. "Es una actriz extremadamente profesional", afirmó el director. "En la previa ensayamos mucho con todos los actores para llegar a la filmación lo más preparados posible, y eso creo que se ve en la pantalla. Ella se siente cómoda en la comedia".

Un vistazo al currículum de Oreiro muestra que desde 2011 no pasaba por ese género, cuando actuó en Mi primera boda. Las ganas de hacer comedia estaban, pero no encontraba el guion adecuado, hasta que Zaidelis le envió el de Re loca. "No paraba de reírme. Todos los personajes son reconocibles en un vecino, un amigo", recordó Oreiro.

Además le atrajo la construcción de los personajes desde el punto de vista de actores, guionistas y director. Zaidelis explicó que desde las primeras etapas del proyecto la intención fue que el humor viniera a través de las situaciones que transcurren en cámara, y no de los personajes, que en realidad atraviesan un drama. Y todo bajo un tono de veracidad. "En la película hay estúpidos y también gente buena que no sabe hacer otra cosa y que ella los quiere, como el marido de Pilar, del que es mucho más difícil separarse, porque ella lo quiere, no lo odia".

Para Oreiro fue liberador hacerla y después verla, porque las ganas de decir la verdad o lo que se pasa primero por la mente están en el inconsciente colectivo. El sueño de vivir sin filtro. "Pero eso tiene una consecuencia, porque podés lastimar y lastimarte", advirtió.

Cambio dolor

La evolución de Pilar en la película es encontrar el camino para darse cuenta de que, como la canción que hace 20 años publicó Oreiro, hay que cambiar dolor por libertad. Con eso está de acuerdo la intérprete, que considera que la idea de liberarse y ser totalmente honesto no está atada específicamente al género femenino. "Lo que la película intenta reflejar es la idiosincrasia que todos vivimos en este momento. Estamos rodeados de gente que, incluso sin querer, te maltrata, te pasa por arriba con el auto, te insulta, te menosprecia en el trabajo, te subestima en una relación en la que ya no sos escuchado. Y nos preguntamos qué queremos ser, cuál es el verdadero yo. La psicología habla de máscaras, cómo nos ven, cómo nosotros creemos que nos vemos, pero la búsqueda de uno es toda la vida. Pilar termina sabiendo qué no es y qué no quiere y dándose cuenta de que, a pesar de la presión social, no es necesario tener a alguien más para ser feliz. Y se encuentra sola pero dice 'Vamos a ver qué pasa, quién soy'".

Pero más allá de que la historia podría aplicarse a un hombre, Re loca tiene algunos momentos que resuenan en el contexto social actual, donde las luchas por la igualdad femenina y por una mejor representación están presentes, también en el cine. "Naturalmente se presentó en la película el cambio que está atravesando la mujer y su representación. Natalia es una actriz que brilla desde que se prende la cámara y te diría que desde que llega a la filmación, es espectacular lo que siempre hace y ver cómo defiende en esta película al género femenino y es algo que realza esa situación", explicó Martino Zaidelis.

Oreiro repasa algunas de esas situaciones de la película en las que a Pilar la piropean por la calle, la subestiman por ser mujer, le preguntan una vez que se vuelve loca si "está indispuesta" y la consideran una vieja a sus 40 años. "Todo eso te lleva a acostumbrarte a algo que no deberías, normalizás el maltrato y tenés miedo de salirte de la media, de que no te quieran". De todas maneras, considera que "por suerte hay cosas que ya no corren y no se permiten más socialmente".

Oreiro, que se considera fanática y defensora de las mujeres en el cine (aunque asegura que su presencia, al menos en la cinematografía argentina, es minoritaria), se embanderó con otra causa de una forma diferente.

Natalia Oreiro LGBTI.jpg
Durante la presentación de sus canciones mundialistas, United by love y Mi pobedim en una radio rusa, utilizó un buzo con el arcoíris, el símbolo del colectivo Lgbtiq, que no puede manifestarse públicamente en ese país. Llevar ese buzo (que además utiliza en una escena de Re loca) fue un acto consciente, aseveró Oreiro. "Siempre me he expresado con mucha libertad en cualquier parte del mundo y doy opiniones de lo que creo que es importante visibilizar. Lo hago con Unicef o con la Peluffo. Y me pareció que era una buena oportunidad para hacer un guiño. Fue un gesto. No fui a la radio a hablar del tema, pero tenía el buzo, que usé en varias oportunidades para visibilizar algo. No es lo mismo que lo use en casa para cocinar", explicó.

Una actriz que canta

Oreiro no tiene dudas. Es "una actriz que canta". Actuar es su oficio y desde allí hace el resto de su carrera multifacética. "Me gusta cantar, me preparo muchísimo, sigo estudiando canto dos veces por semana. Pero sigo siendo actriz".

Su plan es elegir los lugares donde le gusta estar y que pueden aportarle algo a su trayectoria, para lo que también cuenta la intuición. Así fue que cumplió algunos sueños, como interpretar a Gilda en su película biográfica, uno de los papeles por los que más peleó en su carrera. "Siempre fui a buscar lo que quería que me pasara, no me quedé a esperarlo", dijo.

"En algún momento empecé a entender que eran más importantes los no que los sí. De chica todo era sí, hasta que un día empecé a decir no. Y ahí me di cuenta de que estaba bueno, y que al decir no aparecían cosas más interesantes"
Constancia. Consecuencia. Ganas. Trabajo. Obsesión por los detalles, aunque después los noten unos pocos. Y suerte. Los ingredientes para desarrollar su carrera. Y aprender a decir que no. "En algún momento empecé a entender que eran más importantes los no que los sí. De chica todo era sí, hasta que un día empecé a decir no. Y ahí me di cuenta de que estaba bueno, y que al decir no aparecían cosas más interesantes".

Y eso responde a su estrategia al momento de elegir en qué proyectos trabajar. "Quiero hacer personajes acordes a la edad que tengo, que me hagan crecer actoralmente, trato de que no se repitan. Y cuando algo te funciona y te llaman para hacer lo mismo es tentador. Pero yo lo llamo el precio de mi libertad, saber decir que no, que hay otras chicas que lo van a hacer mejor. Hay resistencia al decir que se quiere hacer algo nuevo, pero después lo toman como algo natural".

Sastre apuntó: "del Cerro al Kremlin hay un largo camino y Natalia sabe de donde salió eso hace que cada paso en su trayectoria sea siempre un premio al esfuerzo de aquella niña jugando a ser actriz en la casa de su abuela, que en definitiva es la que todo el mundo ve en sus ojos y aplaude de pie". Y concluye: "Querer a Nati es inevitable, quienes no lo hacen, pronto lo harán".

Con título de comediante

Re loca
Oreiro se recibe de comediante en Re loca. Es lo que tiene aparecer en todas las escenas, ser el hilo conductor de la trama en la que el resto de personajes entran y salen para interactuar con ella, y lograr hacer reír de forma consistente, a través de sus dichos y sus acciones.

Con su paleta de colores brillante, una banda sonora chiclosa de canciones argentinas pop pasadas por un filtro de voz femenina y guitarra, y una premisa sencilla pero efectiva, la película tiene buenos momentos que la hacen divertida para pasar el rato.

Los quiebres emocionales y de actitud de Pilar la convierten en un personaje hilarante que pelea contra los monstruos cotidianos, que se pueden encasillar con apenas un par de rasgos y actitudes: su esposo es un artista vago, su jefe es un irresponsable e influenciable, y la youtuber que amenaza quitarle el puesto en la agencia de publicidad en la que trabaja es una adolescente insufrible que menosprecia a Pilar por su edad y por su falta de conocimiento de las redes sociales.

Pero más allá de eso, lo que destaca, de verdad, es Oreiro y su carisma, para llevar adelante esta versión de una película chilena (Sin filtro), que ya tuvo además una remake española y una mexicana.
Es fácil querer a Pilar, simpatizar con ella y querer que le grite "basta" al mundo que le pega una atrás de la otra. Es una experiencia divertida, pero no deja de ser un relato superficial, sin demasiada reflexión detrás de los exabruptos.

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