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Muchas imágenes de tranquilidad y lentitud se puden asociar al Mar Caribe: una playa plácida con aguas de celofán, un par de palmeras con cocos, una hamaca, incluso el dulzón olor de la marihuana.

Pero estos Juegos de Londres entregan al mundo una imagen diferente: la mayor parte de los hombres y buena parte de las mujeres más rápidas proviene de islas de ese supuesto mar de la tranquilidad.

A los ya reconocidos competidores jamaiquinos se deben sumar los de islas conocidas por el turismo y otras cuasi desconocidas por ciudadanos de estos lares.

En este sentido, los Juegos se han transformado en una auténtica lección de greografía caribeña.

Por ejemplo, el corredor de Granada, Kirani James, ganador de los 400 metros llanos, trajo a colación de nuevo la pequeña isla invadida por EEUU en 1983. La plata en esa prueba fue para el dominicano Luguelín Santos y el bronce para Lalonde Gordon, de Trinidad y Tobago. Por lo tanto, todo quedó en casa.

Entre los competidores de la finalde 100 metros llanos, aparte de los jamaiquinos Usain Bolt y Yohan Blake, compitieron Richard Thompson, de Trinindad y Tobago, Churandy Martina, nacido en Curaçao, y Courtney Carl Williams, de buena actuación en las series de 100 mertos llanos, aparte de suena aprecido al célebre “Hijo del Viento”, nació en San Vicente y Granadinas, apenas al norte de Granada.

En 400 metros con vallas dominó el dominicano Félix Sánchez y el tercero fue el puertorriqueño Javier Culson.

Los cubanos Dayron Robles y Orlando Ortega (aunque no obtuvieron medalla) se destacaron en los 110 m con vallas, al igual que Ryan Brathwaite, nacido en la isla de Barbados. El tercero en esa competencia fue el jamaquino Hansle Parchment.

Los competidores de Bahamas Derrick Atkins y Warren Fraser también tuvieron buenos tiempos en las series de 200 metros.

Incredulidad geográfica
Uno de los favoritos para los 100 y los 200 metros llanos era Kim Collins, descalificado por la organización de los JJOO a causa de que dejó la Villa Olímpica para pernoctar con su esposa. Collins es oriundo de Saint Kitts y Nevis, un pequeñísimo par de islas (cada una bautizada con uno de esos dos nombres), ubicado al este de Puerto Rico, en las llamadas Islas de Barlovento.
En las pruebas de atletismo también participaron con diferente suerte corredores hasta de las Islas Caimán, demostrando que son algo más que paraísos fiscales donde se realizan gigantescas transacciones bancarias.

Los caribeños dominan con amplitud las pruebas de velocidad menores a los 800 metros, a partir de donde comienza el reinado de los competidores de Kenya que, salvo alguna pequeña alternancia con Etiopía, obtenien victorias en las categorías que van hasta el maratón.

Genes vs. cultura

En los últimos años se ha generado abundante debate sobre las causas de que los competidores caribeños tengan tan buen desempeño.

Un estudio de las universidades de Glasgow conjuntamente con la universidad de las West Indies, sobre más de 100 atletas de velocidad, dio como resultado que los corredores caribeños poseen un componente particular denominado Actinen en las fibras musculares que permite una contracción rápida al momento de correr a alta velocidad.

Pero esta explicación, definida como “simplista” por algunos científicos del deporte, va en contra de buena parte de la investigación científica sobre los complejos intercambos entre los genes y los estudios del genoma, que han revelado que características cuantitativas (como altura y masa corporal) están frecuentemente influidas por decenas de cientos de genes, cada uno con su pequeño efecto. Desde este punto de vista, la perfomance atlética de un competidor será aún más compleja.

El “argumento genético” además deja de lado el importante nivel de inversión en infraesrtuctura por parte de algunas naciones del Caribe (con un destaque especial en Jamaica) y en los sistemas de entrenamiento requeridos para identificar y nutrir a los atletas de elite.

Tampoco toma en cuenta los innegables efectos culturales que poseen las victorias deportivas en los países que idolatran a los corredores, más el poderoso deseo de los jóvenes de esas ignotas islas quienes buscan tras el éxito deportivo sacar a sus familias de la pobreza.

Bajo el fuerte sol del Caribe florece la flor y nata del atletismo veloz. Y por ahora no se ven rivales a la vista.
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