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"Arranca diciembre y mi estado de ánimo se ve alterado y no es casual. Las fiestas se te vienen encima y todavía quedan 23 días. La gente se vuelve loca, corren de acá para allá, empieza el estrés por comprar regalos, las despedidas de fin de año, el tránsito, el calor, los ómnibus parecen estar más llenos. Y Papá Noel por todo lados”, se queja Amanda (29 años), para quien aquello de “noche de paz, noche de amor” no parece correr el 24 y el 31 de diciembre. “Varias veces me he ido a llorar al baño unos minutos antes de las 12 sin una razón o sin una única razón. Y para que el reloj marque las 0 horas esperás años esas dos noches”, confiesa.

El caso de Amanda no es algo aislado. Como a ella son muchos a los que abruman estas fiestas y las viven con angustia, ansiedad y hasta depresión. El psicólogo social Juan Fernández Romar, profesor agregado de la Facultad de Psicología, explica que este modo de sentir las fiestas se trata de un “fenómeno universal”. Y es que, según comentó a El Observador, “pocos momentos en el año son tan intensos como la Navidad y fin de año”.

“Intensos” no solo en lo que refiere a emociones, sino también en lo que tiene que ver con las obligaciones sociales, las presiones económicas y las familiares.

“Comprar regalos es de las pocas cosas que disfruto en estas fechas porque me gusta regalar y que me regalen”, agrega Amanda en diálogo con El Observador, pero a las fiestas de fin de año, señala, cada vez les tiene más pavor. “No quiero más reencontrarme con ciertas personas a las que dejé de ver porque no tenía nada más en común, pero resulta que en estas fechas vale todo y hay que juntarse igual”, afirma. Y se autoexamina: “No encuentro la razón, no hay una gran explicación y mucho menos una justificación, pero año a año disfruto menos las fiestas. El 24 me hace mal. Me pone triste, me amarga, me angustia, me lleva a hacer balances innecesarios y a sentir nostalgia por no sé qué”.

Como explica Fernández Romar, la Navidad coincide en el hemisferio sur con el cierre de un año laboral y la gente necesita establecer un balance de su situación económica, evaluación que inevitablemente traslada al ámbito personal, pasando raya de las metas y aspiraciones alcanzadas y de las que quedaron por el camino. “Las fiestas son un corolario de este balance” y las frustraciones derivadas de ello generan angustia y ansiedad. “Parte de la explicación a mi odio (por las fiestas) es quizá que tomé conciencia de que todas estas fechas, incluyendo el cumpleaños, te hacen ver dónde estás. ¿Soltero, casado, en pareja, en planes de…? ¿Dónde me ubico? Y lo que es peor, ¿dónde quiero estar y no puedo? También en el trabajo. Eso es lo que más duele”, se explaya Amanda.

Fernández Romar dice que el problema no queda circunscrito a la carga emocional. A esto se suma el encuentro familiar, “donde subyacen conflictos enterrados” y que “actualiza vivencias infantiles”. “Muchas personas se ven enfrentadas por estas fechas a tomar la decisión de concurrir o no al encuentro familiar, una imposición social que, por experiencias pasadas, puede ser cristalizado como una vivencia histórica de malestar y estrés”, agregó.

Sociedad y vínculos rotos
Ernesto (32 años), quien tiene sus padres divorciados y no tiene pareja, confiesa que luego de años de pasar la Navidad con los familiares de un tío – que nada tenían que ver con él – decidió pasarla solo en su apartamento. “Ya no era una Navidad en familia, era más un evento social en el que me rodeaban desconocidos. Estaba como invitado a la Navidad de otras personas. Así fue que terminé optando por pasar una Navidad solo en mi apartamento. Mejor solo que mal acompañado”, afirma. Y no tiene problemas en reconocer que guarda “buenos recuerdos” de las navidades en familia que pasaba cuando era niño.

El psicólogo social Hugo Monetti, director de la Escuela de Psicología Social de Montevideo, explica este fenómeno mediante el concepto de “fragmentación social”.

“Hoy en día, la vida que lleva la gente, con multiempleos y rodeada de tecnología, dificulta el encontrarse y generar vínculos. El vínculo necesita trabajo y preocuparse por los demás”, sostiene.

Esta realidad parece “reactivarse” en las fiestas de Navidad y de fin de año, “cuando los hijos están dos minutos con la familia y se van con los amigos”. Así, la celebración se “vive de forma ansiosa” y provoca que “se le pida al otro, cosas que durante el año no se piden”, como por ejemplo, su compañía. Y es que “la identidad se construye en los espejos, en la mirada del otro”, de la madre, del padre, del hermano, pero si esa “mirada” no existe, “los vínculos aflojan y la sociedad se fragmenta. Así los abuelos terminan pasando solos o con sus hijos, pero no con sus nietos”, agrega.

Por esto pasa también la angustia que las fiestas generan en Amanda, con sus padres separados y ella sin pareja. “Durante el resto del año no siento ese fantasma tan presente, no me visita tan a menudo como en Nochebuena o fin de año. Es tener que dividirse, repartirse y quedar bien con todos”, manifiesta. “Me gustaría no tener que dividirme y que todos pasáramos juntos, pero tampoco sé si sería lo mejor”, afirma.

Para el director de la Escuela de Psicología Social de Montevideo esto es cierto, “la reunión fuerza esos vínculos y crea una ilusión de unión, pero a la estructura le cuesta adquirir esa forma”. Considera que otro factor que influye en esta nueva forma de vivir las fiestas es el “hiperconsumismo”.

“El consumo hace que la gente ponga la expectativa en el objeto material, pero no en el otro. El tema es que la confirmación personal viene de lo simbólico, del otro, del reconocimiento. Por eso el consumismo opaca las verdaderas necesidades y los vínculos se resquebrajan”, explica.

“En estas fechas cuando la emotividad está a flor de piel y los sentimientos andan al palo, las peleas y reproches se hacen más frecuentes y el por qué te quedaste más rato allá que acá, a veces genera hastío”, manifiesta Amanda. Para Monetti, la razón es obvia: esta falta de vínculos personales es lo que determina el aumento de la ansiedad, de la violencia, la locura en el tránsito y el incremento en el consumo de alcohol y de psicofármacos.

Consultas y emergencias llenas
De esta realidad quienes pueden dar mayor cuenta son los psicólogos y psiquiatras, que por estas fechas ven colmados sus consultorios.

“En diciembre es el mes que hay mayor consultas por depresión y se reajusta la medicación”, señala Freedy Pagnussat, secretario regional para el Conosur de la Asociación de Psiquiatras de América Latina.

Con este dato coincidió la psicóloga del Centro Clínico Tres Cruces, Ileana Caputto, quien advirtió que sobre todo aumentan los casos de “descomposición” que se evalúa en psicoterapia.

Los especialistas creen que el incremento de consultas va de la mano del aumento en el consumo de psicofármacos, pero es un dato que refleja el olfato de los expertos pues el Ministerio de Salud Pública (MSP) no lleva un registro sobre este problema.

“Mi impresión es que aumenta el consumo de fármacos automedicados y de los que se medican. En estos días tengo que aumentar la dosis de psicofármacos a muchos pacientes. Las fiestas marcan un punto de inflexión y se intensifican los sentimientos de soledad y de desesperanza”, indica Pagnussat.

En este sentido, el psiquiatra señala que el “consumismo” que últimamente caracteriza estas fechas también busca “aplacar” los síntomas depresivos.

“La gente se compra algo en un intento de mejorar su estado de ánimo. El problema es que si no puede acceder a lo que quiere, le genera frustración”, agrega.

Un dato que es de interés para los médicos, pero que no ha sido investigado, es que durante las fiestas las emergencias psiquiátricas rebosan de pacientes, señala Hebert Tenenbaum, presidente del departamento de Salud Mental del MSP. De esto da cuenta el aumento en la cantidad de intentos de autoeliminación que se registran por estas fechas.

Si bien Tenenbaum no maneja cifras concretas, Pagnussat manifestó que llega a 15% en comparación con el resto del año.

No obstante, ambos coincidieron en que la cifra de suicidios se mantiene estable, respecto al resto de los meses del año.

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