ver más

De los creadores de Liam Neeson contra el avión llega Liam Neeson contra las tumbas” bromeaba un colega ante la mera visión del poster de Caminando entre tumbas. Y algo de razón tiene en su prejuicio. Desde el estreno de Búsqueda implacable, Neeson ha reconstruido su carrera como veterano héroe de acción, aquel que maneja el consabido “conjunto de habilidades especiales” y que será capaz de enfrentarse y destruir a un numeroso conjunto de enemigos.

Neeson es el mascarón de proa de un grupo de actores (Denzel Washington, Kevin Costner y Pierce Brosnan) que han encontrado en este tipo de películas una segunda vida como protagonistas del cine de Hollywood, pero al mismo tiempo se ha encasillado en este rol lo que tiene como riesgo inmediato generar el prejuicio con el que da comienzo esta reseña.

Pero en Caminando entre tumbas, las cosas son bastante distintas. Neeson es Matt Scuder, un investigador privado sin licencia, expolicía al mismo tiempo que exalcoholico, quien a fines de la década de 1990 es convocado por un traficante de drogas (Dan Stevens) para que encuentre a los hombres que secuestraron a su mujer. Pronto descubrirá que hay bastante más de lo que aparenta el caso y la situación se irá complejizando hasta terminar involucrando a una temible dupla de asesinos en serie.

La primera gran diferencia está en que no va solucionando todo a las piñas. Y tampoco falta el clásico momento de historia de detectives privados donde al héroe le rompen la cabeza. En vez de ir utilizando el conjunto de habilidades especiales, Scudder habla, pregunta, camina, conoce a la gente y se mueve en una zona lo suficientemente gris como para conocer con quién tiene que hablar y de qué. En el proceso de la investigación, Scudder genera una simpática relación con un adolescente que vive en la calle y hasta por momentos, la película asume aspectos de las Buddy Movies de la década de 1990, pero sin exagerar o ir francamente por ese camino.

El ritmo de la película dirigida por Scott Frank apoya este mismo accionar. Quizá ya la novela de Lawrence Block que es aquí adaptada contenga el mismo ritmo pausado, pero lo cierto es que Frank apela a ir contando paso a paso y de manera convincente una investigación a la usanza clásica en vez de apoyarse en cualquier secuencia de filme de acción (que las hay también, no vayan a creer).

Y probablemente sea el ritmo elegido el mayor logro de la película, porque se propone diferente en el contexto actual de thrillers de acción o policiales.

Caminando entre tumbas no es perfecta. Hay cierta facilidad poco verosímil en lo sencillo que Scudder encuentra todo. Asímismo, ciertas puntas que aparecen en algún momento no cumplen más rol que el de distraer y no aporta nada a la trama de manera significativa. E incluso, en su recta final, la película involucra a Scudder de manera casi forzada en el clímax final. Pero en definitiva estos fallos no influyen de manera tan negativa como para terminar arruinando la película, sino que por el contrario, el sabor final que deja es completamente satisfactorio.

Seguí leyendo