Los niños "extremadamente buenos" suelen pasar desapercibidos, ya que no fastidian. La educación de este tipo de niños se basa en la docilidad y la obediencia. Molestan lo menos posible, y son sumisos y calladitos.
Los niños "extremadamente buenos" suelen pasar desapercibidos, ya que no fastidian. La educación de este tipo de niños se basa en la docilidad y la obediencia. Molestan lo menos posible, y son sumisos y calladitos.
En ocasiones, los padres se creen que ésta es una situación ideal. Sin embargo, un niño que pide poco, que no juega normalmente y se conforma con lo mínimo, debería ser objeto de preocupación de los adultos. Si bien el comportamiento puede resultar cómodo, son pequeños que tienen dificultades.
"Mi hijo es buenísimo, es tan bueno que no parece un niño", quienes dicen este tipo de expresiones, desconocen las consecuencias alarmantes en el desarrollo de un niño.
Es normal que haya niños que por su temperamento sean más tranquilos que otros. Algunos infantes son traviesos e inquietos, pero naturalmente pueden tener un día tranquilo. El problema puede surgir con aquellos que son siempre "santitos", que "no se les escucha en todo el día".
Por lo general, cuando se piensa en niños problemáticos vienen a la imaginación niños muy inquietos, mentirosos o agresivos. Pero los"demasiado buenos" también suelen ser problemáticos.
Se espera que los niños sean niños y no adultos en miniatura. Los infantes sanos pueden ser a veces obedientes, revoltosos, inquietos e insoportables. Pueden tener la capacidad de estar callados pero también de gritar, de aceptar o rechazar una orden.
Cuando un niño se comporta demasiado bien hay que prestarle atención. ¿Qué busca el niño con este comportamiento? ¿Reconocimiento? ¿Aprobación? ¿Ser tomado en cuenta? ¿Qué hay detrás de esta "perfección"? Por lo general, estos pequeños tienen unos padres excesivamente severos, exigentes y que carecen de habilidades para expresar calidez y cariño.
Desde chiquito aprende a que deberá hacer todo lo mejor posible para obtener el amor y la aprobación de sus padres. Lo que termina siendo un objetivo frustrado para al niño. Para ellos que el niño se comporte bien es una obligación de este último.
El pequeño puede llegar a pensar que sus padres no lo quieren, y a conformar la creencia de que "no merece ser querido". Aunque se esfuerce con toda su alma en obtener, a través de estos tipos de conducta, el cariño, la aprobación y aceptación que necesita por parte de sus progenitores, nunca será suficiente. Para lograr esto último probablemente se esmere en convertirse en un niño "modelo".
Todo esto trae aparejado como consecuencia que estos niños vayan desarrollando una baja autoestima, inseguridad y una escasa capacidad para disfrutar de la vida.
Este fenómeno se da tanto en niños como niñas, aunque en el último caso muchas veces se relaciona con una educación sexista. Es decir, se generan conductas distintas por parte de las niñas: sumisión, deseos de complacer y adaptarse, excelente conducta. Mientras que la autoafirmación, la rebeldía y la independencia son percibidas como supuestas características masculinas. Si los padres valorizan esta conducta modelo, la niña se comportara así para sentirse más querida y valorada.
De esta manera los niños perciben que el amor que reciben de sus padres está sujeto a un comportamiento perfecto e intachable, y no a un amor incondicional.
Es conveniente que los progenitores implanten sus normas y límites premiando su cumplimiento con su aprobación y afecto. En cambio, si lo que prevalece son exigencias y normas, y las expresiones de cariño no predominan, el niño carecerá de espontaneidad, alegría, juego y de las manifestaciones más propias del comportamiento infantil.
Frecuentemente estos infantes perfectos no son populares ni estimados por sus compañeros; por lo general suelen ser ignorados y excluidos de sus juegos. De esta manera los "demasiado buenos" se sienten más inseguros e insisten en querer agradar al otro ilimitadamente.
Los niños deben jugar, expresarse y ser espontáneos. Asimismo, es bueno también que aprendan a ser dóciles y obedientes y, a recibir por parte de los adultos muestras de cariño que no estén sujetas a condiciones. Así podrán desarrollar un buen autoconcepto.