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Simon Cowell no sabe explicar el éxito de One Direction. El responsable de unir a Harry Styles, Niall Horan, Zayn Malik, Liam Payne y Louis Tomlinson en un quinteto cuenta sorprendido durante el film One Direction: Así Somos cómo, desde la primera presentación del grupo en The X Factor, los fanáticos comenzaron a agolparse fuera del estudio de televisión, cada vez de manera más masiva. “Fueron los fans los que se determinaron a transformar a One Direction en un éxito”, afirma en la película. Simon Cowell dice no entender. Pero seguramente entienda perfectamente.

Los cinco integrantes de One Direction fueron tocados por su varita mágica. Perdieron en el reality show, pero no demoraron en ser adoptados por la casa discográfica de Cowell, Syco Records. Los fanáticos habrán colaborado de manera fundamental en el éxito. Pero fue gracias a él que están aquí, protagonizando una película en 3D, presentada frente a una audiencia uruguaya ataviada de camisetas y buzos con sus figuras, que aplaude y canta bajito, ansiosa por verlos en vivo el año que viene.

Si bien Así somos pretende contar el relato de un grupo catapultado a la fama, también es una celebración y un agradecimiento a esos miles de personas que compraron sus discos, compartieron sus emociones en las redes sociales y van en hordas a sus conciertos.

Y ésas son las imágenes más fuertes de la película: las masas que los persiguen, los gritos ensordecedores, las caras llenas de lágrimas. Ese mismo panorama se repite, estén en Tokyo, Estocolmo o México DF. Es, como ya se dice hace tiempo, la beatlemania del siglo XXI.

Simon Cowell no entenderá el por qué de su éxito, pero sus fans sí. “Son perfectos”, dice una chica esperando que comience el concierto en el O2 Arena de Londres. “Sé que me aman a pesar de que no me conozcan”, afirma otra. “Las chicas están locas por ellos y no entiendo por qué. No soy neurólogo”, concluye Cowell.

Pero para responder esta pregunta aparece apropiadamente un especialista que explica los efectos de la dopamina en los fans: escuchar la música de One Direction motiva al neurotransmisor, produciendo placer en el cerebro. “Los fans no están locos”, dice el neurólogo, “están simplemente emocionados”.

Esa emoción se materializa en gritos. Muchos gritos. Algunos, incluso, sonaron en la misma sala de cine. Y a pesar de que los jóvenes sufran asedios constantes de fans –que en Ámsterdam, por ejemplo, los obligó a recluirse momentáneamente en una tienda de ropa–, ellos están más que agradecidos de su existencia. “Esto es un trabajo en equipo, entre nosotros y ellos”, dice Louis, mientras que Niall demuestra su dedicación con hechos: en medio de la entrevista se dirige hacia la ventana del hotel y la abre para que los micrófonos reciban el estruendo de los fans.

Jóvenes normales, trabajos anormales

Uno de los conceptos más fuertes del filme es que, a pesar de su reciente éxito, los One Direction son adolescentes comunes de clase media, que fueron extraídos de su vida mundana para transformarse en estrellas pop. “Somos jóvenes normales con trabajos anormales”, define Niall.

“Quería mostrar lo que son estos chicos, su sencillez y naturalidad. Son como son y no han cambiado, pese a la fama en la que viven desde hace tres años”, dice antes del lanzamiento de la película su director, Morgan Spurlock.

Sin embargo, a pesar de esta declaración de intenciones, la película deja entrever muy poco lo normales que son los cantantes. Se revelan apenas sus hobbies –Zayn dibuja y muy bien–, se demuestran las aptitudes actorales de Niall –y su condición de bufón del grupo–, se visita los anteriores trabajos de Harry y Louis. Y muy poco más.

Sus padres –muchos entre llantos– se lamentan ver a sus hijos apenas unos días al año, mientras que su familia durante la gira, los encargados de seguridad, vestuaristas y coreógrafos, destacan lo sencillos y bromistas que son.
Sin embargo, no puede sacudir la sensación de que muchas –digamos muchas y no todas– de estas imágenes y testimonios están estrictamente guionados.

El resultado final de Así Somos divierte mucho –a fanáticos y curiosos por igual–, pero deja con ganas de más. El rastro de Spurlock aparece únicamente en los créditos, pero no hay signos del autor en su realización. Es un documental donde la historia de los protagonistas se cuenta de la manera más aséptica y superficial. La trama está al servicio del entretenimiento, no del documentalismo.

“Quiero que nos recuerden como un grupo que la pasaba bien. Pero eran bailarines horribles”, dice Louis. Y es así como podrá recordarse este filme.
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