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uego de la arrolladora recolección de galardones lograda por Argo, de Ben Affleck, la 85º edición de los premios de la Academia puede llegar a ser recordada como la segunda vez en los últimos 25 años en que un filme ganador a mejor película no obtiene el Oscar para su director. Esto sucedió en 1989 con Conduciendo a Miss Daisy, cinta que recibió la principal estatuilla y otras tres más, pero cuyo máximo responsable, Bruce Beresford, ni siquiera fue considerado por la Academia para una nominación.

La omisión de la candidatura para Affleck es un ejemplo de los olvidos y equívocos en los que incurre el jurado del principal premio de cine mundial cada año, que en esta edición dejó a muchos críticos y cinéfilos descontentos. Kathryn Bigelow, cuyo filme La noche más oscura también fue nominado como mejor película, es otra realizadora que se quedó fuera de la categoría personal, pese a que si hay algo que su cinta sobre la captura de Osama Bin Laden -más allá de la discusión sobre la tortura- es un perfecto mecanismo de relojería. Otro largometraje subestimado, que suscitó apenas la nominación a mejor guión original para Wes Anderson y Roman Coppola, es El reino bajo la luna. El filme, no obstante, fue uno de los mejores de 2012 y la cumbre del original universo “andersonita”. Muchos cinéfilos también discutieron que The Master, de Paul Thomas Anderson, haya quedado afuera, así como mostraron descontento por la nulidad de nominaciones de El caballero de la noche asciende, el último filme de la trilogía de Batman de Christopher Nolan.

En las categorías interpretativas hay consenso en que la Academia volvió a olvidar a uno de los mejores actores de su generación: Leonardo Di Caprio. El ganador del Globo de Oro por El Aviador (2004), que interpretó en Django sin cadenas a un malvado terrateniente, fue relegado por la Academia en otras ocasiones, como el año pasado por su papel del director del FBI por J. Edgar Hoover en J. Edgar. Otros actores que tampoco alcanzaron a entrar en las ternas interpretativas fueron Javier Bardem (Skyfall), Marion Cotillard (Rust and Bone), Matthew McConaughey (Magic Mike) y John Hawkes (The sessions).

No es de extrañar que la Academia incurra en omisiones. Este año llegaron a la cartelera uruguaya dos filmes interesantes que no obtuvieron ni una candidatura: Drive, de Nicolas Winding, pero especialmente Shame, de Steve McQueen, un filme soberbio sobre un adicto al sexo que cuenta con las memorables actuaciones de Michael Fassbender y Carey Mulligan. En este caso podría decirse -literalmente- que el olvido de Hollywood fue una verguenza.
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