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La última semana, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no solo pudo recuperar el protagonismo en un mes que la atención había estado centrada casi exclusivamente en los candidatos republicanos, sino que también tuvo la oportunidad de situarse por encima de la mezquindad y rencillas propias de las campañas electorales y apelar a la unidad y a la igualdad de oportunidades, esos dos pilares fundamentales sobre los que se construyó la sociedad estadounidense y que forman parte intrínseca de su sentimiento como nación. Son las ventajas de ser el presidente cuando se busca una reelección, y vaya si Obama lo aprovechó esta semana.

Mientras en Florida los candidatos republicanos discutían en una amarga disputa temas tan incómodos como si Mitt Romney pagaba menos impuestos que la mayoría de los estadounidenses, o si la asesoría de Newt Gingrich a la cuestionada firma hipotecaria Freddie Mac había constituido alguna forma de lobby indebido, mil kilómetros al norte, en Washington, Obama se presentaba como el protector de la clase media, decidido a combatir y poner fin a la desigualdad económica. Fue un momento inestimable para la campaña de Obama, después de meses de luchar contra la incertidumbre económica, los resultados adversos y un mandato que carga con el lastre de no haber cumplido con las promesas más importantes de su campaña, ni colmado las expectativas que en un inicio despertó.

Desde el comienzo de la interna republicana, los estrategas de la campaña de Obama han considerado que Newt Gingrich no es rival para el presidente. Sostienen que es un candidato (además de dueño un pasado dañino para sus propias aspiraciones) muy conservador, que no logra generar adhesiones dentro de la franja de votantes independientes, donde realmente se disputa la elección nacional.

El republicano a vencer para Obama siempre ha sido Romney, que es más moderado, con una imagen más fresca que Gingrich, y que sí logra disputarle a Obama buena parte del electorado independiente, entre el que últimamente hasta lo ha superado en las encuestas.

Esta semana, Obama tuvo la oportunidad de mostrar un marcado contraste con Romney: mientras este daba a conocer su declaración de impuestos, la que revelaba que paga menos de 15% de impuestos sobre las ganancias (el estadounidense medio paga un promedio de 28%), Obama, en su discurso anual del Estado de la Unión, proponía casi al mismo tiempo aplicar la llamada “regla de Buffet”, una idea basada en las críticas que ha hecho del sistema tributario el magnate Warren Buffet, quien ha señalado el absurdo de que él pague sobre sus millonarias inversiones y ganancias una tasa impositiva considerablemente menor que la que pagan sus empleados que viven de un salario.

Obama tocó así una fibra de la clase media y, de paso, habló de su propuesta de vivienda para ayudar a los dueños de casa a refinanciar sus hipotecas, al tiempo de penalizar las prácticas abusivas en los créditos hipotecarios, un mensaje destinado a marcar a su vez un contraste con Newt Gingrich y el enredo en que este se encuentra por su asesoría a Freddie Mac.

Muchos en Estados Unidos tacharon al discurso de Obama de populista, pero le dio resultados. Días después, aparecieron las primeras encuestas: Obama recupera terreno entre los votantes independientes, mientras que Romney cae en esas preferencias. Y tal vez más importante aun, la visión negativa del ex gobernador de Massachusetts entre esa franja de electores se ha disparado 20 puntos porcentuales, de 29% a 49%. Además, los candidatos republicanos para apelar a su base conservadora se deberán ir corriendo cada vez más a la derecha a lo largo de la interna, lo que siempre aleja a amplios sectores de votantes independientes en estados clave para la elección nacional.

Por otra parte, a pesar de que la economía todavía no da signos de dejar atrás el estancamiento y de que hay frustración entre los votantes por la lentitud en la recuperación, la tasa de desempleo ha venido consistentemente a la baja, desde que alcanzara su pico de 9,9% a fines de 2009. Según cifras de la Oficina de Estadística Laboral de Estados Unidos, el desempleo hoy es de 8,7%. Y siempre que ese índice se ha registrado a la baja en Estados Unidos, el presidente en ejercicio ha sido reelecto, mientras que cuando ha estado al alza, el presidente nunca ha logrado un segundo mandato, los casos más recientes: Jimmy Carter en 1980 y George Bush padre en 1992.

De manera que aun con todos sus problemas de conducción, Obama parece tener buenas razones para sentirse optimista, algo que trasuntó en el tono de su discurso el martes; parecía otra vez el Obama de 2008. Por lo pronto, ha sido una semana redonda para su campaña. “Estados Unidos está de regreso”, dijo en un momento del discurso. El mensaje entre líneas parece claro: “Obama está de regreso”.
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