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Las elecciones legislativas en Venezuela dejaron un nuevo panorama político en el cual la oposición tiene en la mano equilibrar el poder que ostentó el chavismo desde hacía 17 años. Dentro de tres semanas, cuando se establezca la nueva Asamblea Nacional (AN), las fuerzas opositoras que alcanzaron la mayoría especial de los dos tercios de los 167 diputados –escenario para solicitudes fundamentales– tendrán la posibilidad de marcar el ritmo en varios aspectos de la vida política del país.

Según datos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), este partido opositor alcanzó los 112 diputados (67,06%), mientras que el oficialista Partido Socialista Unido (PSUV) obtuvo 51 bancas (30,43%). Faltan cuatro bancas por definir y la oposición especula que podrían recaer todos en ellos. "Estos datos debieron ser difundidos anoche por el Consejo Nacional Electoral (CNE), pero se quiso disminuir el impacto de la derrota sufrida por el oficialismo", dijo Enrique Márquez, presidente de Un Nuevo Tiempo.

"Mas del doble, compañero", dijo ayer con entusiasmo el líder opositor, Henrique Capriles, en conferencia de prensa.

Para empezar, se acaban los días de protagonismo de Diosdado Cabello, el presidente de la AN, de alto perfil dentro del gobierno del presidente Nicolás Maduro. Los dos tercios de la AN le permitirán a la oposición, constitucionalmente, cambiar puestos claves como por ejemplo, las autoridades del CNE. Además, puede iniciar el camino hacia un juicio político contra el presidente y ministros, aunque para esto debería renovar el Tribunal Supremo de Justicia, hoy controlado por el chavismo.

"Cambiará el poder de negociación de la oposición. El gobierno debe reconocer a su contraparte", aseveró Luis Vicente León, director de la consultora Datanálisis.

Ya con mayoría simple, la oposición podía buscar una amnistía para unos 75 presos políticos, designar las autoridades de la AN, aprobar leyes ordinarias, y una enmienda constitucional para acortar el mandato presidencial, pero esto debe ser sometido a referendo.

"Maduro desperdició la oportunidad de liberar los presos políticos y ser dueño de esa acción. Ahora ocurrirá como resultado de su derrota", indicó León en su cuenta de Twitter.

Las legislativas representaban, según el politólogo John Magdaleno, la posibilidad de un "contrapeso" en un Estado cuyos poderes "están totalmente controlados por el oficialismo". El analista Nicmer Evans, afín al fallecido Hugo Chávez pero crítico de Maduro, señaló que estos comicios evidenciaron que "la polarización ya no da para más" en Venezuela.

Hilar fino

"Venezuela merece poderes públicos al servicio del país y no de grupos que integran el tanque de pirañas que es hoy el oficialismo", dijo el jefe de la MUD, Jesús Torrealba, tras conocer los primeros resultados oficiales. "Con esta victoria empieza un ciclo en la vida política e institucional de Venezuela, con el respaldo de todos los ciudadanos. Ahora Venezuela tiene una Asamblea que trabajará para todos", agregó.

Sin embargo, la MUD tendrá que hilar fino si quiere remover a los integrantes del CNE o del Tribunal Supremo de Justicia ya que para ello necesita la aprobación de la propia justicia. Desde que Chávez asumió como presidente del país petrolero en 1999, los poderes públicos han respondido, casi sin chistar, a los designios del Ejecutivo y tras la asunción de Maduro hace dos años, poco cambió.

El experimentado político opositor Henry Ramos, quien ganó un escaño por Caracas, aseguró que a pesar de los atropellos sufridos, lo mejor es optar por la mesura y dejar atrás revanchismos.

"Lo primero que vamos a hacer es no volvernos locos, no atropellar a nadie, actuar sin engreimientos, sin vanidad, sin creer que somos la quintaesencia", dijo a periodistas en un comando de campaña opositor desbocado de alegría.

Ramos, cuyo nombre resuena como el nuevo presidente de la Asamblea para suceder al poderoso Cabello, adelantó que una Ley de Amnistía y correctivos para enderezar la profunda crisis económica también son su prioridad.

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La MUD podrá sacar adelante lo que asegura será su primer acto legislativo, una amnistía para 75 políticos presos, entre ellos el líder radical Leopoldo López, condenado a 13 años y nueve meses de cárcel en setiembre pasado acusado de incitar a la violencia en las protestas que buscaban la renuncia del presidente Nicolás Maduro en 2014 y que dejaron 43 muertos.

Estará en capacidad de designar a las autoridades del Parlamento y aprobar una enmienda constitucional, mediante la cual podría incluso acortar el mandato de Maduro, si bien esto tendría que ser validado en referendo.

Igualmente podrá aprobar leyes ordinarias que impactarían el modelo económico chavista, que tiene al Estado como principal protagonista apalancado en la renta petrolera.

aNTE el descalabro del oficialismo, la MUD está blindada –incluso con mayoría simple– frente a leyes habilitantes que le han permitido a Maduro gobernar por decreto, especialmente en materia económica.

Las tres quintas partes de los diputados (101) facultan a la Asamblea Nacional para sancionar esos superpoderes, así como para aprobar la moción de censura al vicepresidente y los ministros, lo que podría implicar su destitución.

Ya con mayoría calificada la MUD tiene poder para remover a los integrantes del Consejo Nacional Electoral (CNE), previo pronunciamiento del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

Este punto es sensible, pues la oposición considera que el CNE está regido por el chavismo y no es garantía de imparcialidad, aunque analistas consideran que una situación similar se presenta con el TSJ, por lo que se podría generar un "choque de trenes".

Con las dos terceras partes del parlamento, la oposición puede convocar un referendo sin necesidad de firmas ciudadanas, impulsar una Asamblea Constituyente, remover a magistrados del TSJ, al defensor del pueblo y designar a los miembros del CNE, entre una amplia gama de facultades que otorga tener 112 bancas en la Asamblea.
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