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El líder y cantante de una banda que, en vez de envejecer, rejuvenece (en público y propuesta) al estilo Benjamin Button compuso para el último disco su primera canción “sin humor” y mira al futuro de la banda como algo abierto, dispuesto a perder y ganar lo que las circunstancias vayan entregando. Entre viajes de prensa por México y líos para combinar vacaciones, giras y su trabajo en Montevideo, Roberto Musso conversó con El Observador y fue un poco más allá sobre el curioso caso de la actualidad del Cuarteto de Nos.

¿Cómo se lleva, después de varios años ya, esto de ser una banda del mercado latino? ¿Cómo es hacer viajes, por ejemplo, solo para hacer prensa?

Creo que tiene dos partes. Por un lado la gente te dice “che, qué bueno, estás de viaje” cuando en realidad es muy poco el tiempo que uno tiene para ver y conocer. Por ahí vas de gira de prensa y apenas parás para comer. Pero, por otro lado, está muy bueno esto de entrar a un país por un lado bien distinto al del turismo. Entrás a través de la prensa y la gente. En realidad, no llegaste vos por elección o trabajo, te llamó la ciudad, a esa ciudad le interesó lo que hacés y lo quiere ahí.

Pasaron de cantar No somos latinos a tocar para ese tipo de público. ¿No es una sensación un poco ambivalente?

En realidad, fue todo tan paulatino… Hace varios años que estamos en este camino de mostrarnos en esos sitios. Fue un cimbronazo. Aquí lo más interesante es lo que pasa cuando hacés música más acorde a tu idiosincrasia y la mostrás a gente que tiene una distinta. Porque Buenos Aires es una cosa más parecida en cuanto a códigos. Ahora, cuando te ves bien lejos de casa, con gente que no habla de la misma manera, es interesante. Y cuando ves en Venezuela, Ecuador, Colombia o México, no sé. Ver a alguien cantando “Iendo a la casa de Damián” (se ríe) es por lo menos extraño. Pero las canciones funcionan, evidentemente son más universales. Lo primero que llama la atención a la prensa de por allí son las letras, quizá estemos aportando al rock latinoamericano desde ese lado, quizá hay un vacío en ese sentido.

¿Un vacío compositivo o de mensaje?

Creo que quizá las letras se hacen muy en función de la música: para que coree un estadio, para que acompañe la música. Acá es distinto. Con ironía, con sarcasmo, hemos logrado que lo nuestro no se parezca a nada. O por lo menos eso es lo que nos dicen.

Hablás de universalidad, pero hay muchos compositores de rock en Uruguay que quizá tengan esa capacidad pero no llegaron tan lejos en el continente…
Es verdad. Pero para mí siguen siendo canciones raras. No sé cómo explicarlo, pero los personajes son muy bordes y recargados. Y, sin embargo, tenés un tema como Buen día, Benito, en el que se recarga mucho el tema de la venganza, y se convierte en un hit.


De todas formas, a nivel compositivo este disco parece más personal, reflexivo y hasta serio.¿Cómo fueron apareciendo las canciones de Porfiado?

A ver; sobre los temas, a mí me gusta mucho que haya canciones que “se venden” como positivas pero en las que en algún rincón, o algún verso, esconden algo oscuro. El lado soleado de la calle, por ejemplo. Es una canción que a lo mejor evoca cosas lindas en la música, pero el personaje se guarda esa forma de ver la vida, que está lejos de ser optimista 100%. En cuanto a encontrar cosas en las canciones, me pasa en todos lados, nunca tuve un método. Me pasó de acompañar a mi vieja y escuchar a una señora pedir desesperada por el médico: “Quiero ver al doctor porque me salió mal el encefalograma”. Me pareció terrible frase para usar, y eso derivó en la canción Solo estoy sobreviviendo. Aparecen en el laburo también, son cosas que saltan. Creo que Bipolar era un disco de mucha palabra, mucho más monolítico, en el que quería ir al límite de lo que sonaba en Raro. En Porfiado quería ir variando, que no fuera tan uniforme. Me autopropuse eso.


Al igual que la banda, el público parece hacerse cada vez más joven. ¿Cómo se lleva eso?
Bueno, es extraño, sí. Cuando tocamos en el Luna Park lo que más se veía en las tribunas era niños con los padres. Por supuesto que en cualquier caso uno intenta trabajar más, no cambiar el ángulo de lo que escribe, responder siempre a las cosas que le pasan. Pero me pasa también que canciones como El balcón de Pol me suenan muy al Cuarteto de los años de 1980.

Y está también Cuando sea grande, que casi no tiene humor. Escuchando las canciones del Cuarteto uno siente que el chiste es casi obligatorio.

Bueno, creo que es la primera canción del Cuarteto sin nada de humor. Tenía mis dudas cuando la terminé. Es un tema que conecta mucho con el sentimiento que tengo por mis viejos. Mucha gente me dijo que llora cuando escucha ese tema. Pero insisto en que mis canciones no son divertidas en su acepción más ingenua, aunque lo sean. Yo sigo pensando que Me agarré el pitito con el cierre es de alguna forma una crítica al consumismo.

Este fue también el primer disco sin Riki (Musso) en el estudio. ¿Cómo fue entrar al proceso sin su hermano?
Desde la perspectiva es algo que ya está, que hace tres años pasó, entonces perdí la noción. Ya pasaron millones de shows. Los primeros conciertos sin él fueron muy complicados, eso sin duda, pasaron muchos años. Ahora, con tres años, es como la vida de una banda nueva.

En una entrevista hace unos meses, Riki hablaba del duelo que hizo por salir de la banda, de lo que extrañaba la dinámica de viajar y tocar, a pesar de los motivos que lo hicieron dejar el grupo. ¿Cómo lo vive con él?
Separando la parte artística de lo personal, que creo que es algo que hemos hecho bien. Obviamente que el tema siempre está, y no creo para nada que sea un tema que siquiera esté cerrado, creo que se ha dilatado y nada más.

Si él estuviera dispuesto a volver, ¿podría en estas condiciones de la banda?
La verdad es que ahora mismo no lo sé. Deberíamos verlo todos en su momento, y ver en qué porcentaje depende de cada uno.

¿Cuánto juega la influencia en los discos del Cuarteto? ¿Sigue estando al tanto de lo que suena en el mundo, o esa es más una tarea del productor?
En realidad, Juan (Campodónico) me pasa muchos discos que no llego a escuchar. Sin embargo, yo siempre trato de estar al tanto de lo que suena en el mundo. Para Bipolar seguí escuchando mucho a (el rapero) Kanye West, cosa que ya había hecho para Raro. Juan suele acercar al estudio referencias de sonido, que a veces usamos.

¿Es imposible pensar en un disco del cuarteto sin Juan Campodónico como productor?
Ahora mismo, sí. Siempre decimos que es un integrante más. Decodifica muy bien mis canciones y forma de componer, y siempre le da en el clavo a los arreglos, a la canción final. Claramente, él tiene esa visión que yo no.

¿Nunca te ofrecieron producir alguna banda?
No, debo ser muy malo en eso. Produzco mis propios demos (risas). Quizá se me hayan pegado cosas de Juan en el estudio a la hora de planificar el material. Pero lo otro no, no creo que tuviera tiempo.

Ahora tocan y en noviembre hacen una nueva gira internacional. ¿Cuál es la mejor anécdota de un festival o concierto que recuerde?
Creo que la mejor fue un día en un festival en México DF. Estábamos en el camerino, descansando después de la prueba de sonido, y empezó a probar otra banda. El ruido era fortísimo y entonces preguntamos a la organización si podían bajar un poquito el volumen. De repente, cortaron todo y quedó todo en silencio. “¿Saben quiénes dejaron de probar por ustedes?”, nos preguntó la gente de la organización. “¡Green Day!”.

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