Patricia Arquette ganó su Oscar como Mejor Actriz de Reparto por su rol en Boyhood, como se preveía tras haber recibido los otros cuatro premios importantes del cine comercial.
Patricia Arquette ganó su Oscar como Mejor Actriz de Reparto por su rol en Boyhood, como se preveía tras haber recibido los otros cuatro premios importantes del cine comercial.
En su discurso de aceptación, la actriz declaró "Es nuestro momento de reclamar la igualdad de una vez por todas", en referencia a la igualdad de género dentro de Hollywood, un tema que se ha discutido en los últimos años.
Patricia Arquette era una actorzuela semidesconocida, apenas famosa por la hermana menor de Rosanna, cuando cayó bajo la mirada del director Tony Scott, quien a su vez es hermano menor de Ridley, ya que viene al caso. Scott le dio el papel el protagónico femenino en Escape salvaje (True romance), con guión del debutante Quentin Tarantino. Ese fue a comienzos de la década de 1990. Llamó el ojo de Tim Burton, que la convocó para Ed Wood, y así, entre película y película, se transformó en una rubia de una película de Lynch, Carretera perdida. En ese filme brilló como nunca, con una belleza digna del recuerdo.
A lo largo de la década de 1990 navegó por diferentes aguas. Participó en filmes olvidables dirigidos por ignotos directores de segunda línea (por ejemplo, Leonard Nimoy... sí, leyó bien), pero también trabajó con nombres de respeto, desde Stephen Frears a John Boorman, desde Michel Gondry al mismísimo Martin Scorsese en Vidas al límite. En televisión, brilló como la protagonista de Medium, una serie donde encarnó a una mujer que tenía poderes sobrenaturales.
En la primera década del siglo XXI, Arquette osciló entre comedias donde era la “rubiecita” y películas de autor. Entre ellas, trabajó con Richard Linklater en Fast food nation.
Con é trabajó en Boyhood, donde a lo largo de los doce años de filmación , la madre de los niños avanza en una madurez que no solo es vital (su cuerpo con el paso del tiempo se va obviamente transformando), sino que la madurez correspondiente también juega a favor de Arquette. De la luminosidad de sus ojos poderosos a las arrugas en su cara, el cansancio de la crianza, las penalidades de las sucesivas separaciones de sus parejas masculinas, no muy lejanas de varias relaciones reales que Arquette ha tenido y superado (como por ejemplo, con Nicholas Cage, con quien estuvo casada nueve meses), se anudan en el espíritu de una actriz ya plenamente formada y capaz de enfrentar cualquier reto actoral.
El gran acierto de Linklater es haber descubierto a lo largo de los años, como si hubiera pelando una cebolla en cada una de sus capas, a una actriz de peso, que se anima a ponerse sobre las espaldas un papel complicado q ue explora los rincones más cotidianos y por esa razón complejos, de una mujer que luego de una vida de esfuerzo y trabajo se queda sola y piensa que sus manos quedaron vacías.