Peluquería griega ofrece recorte o navaja sioux
La crisis de deuda se transformó en un baile de eufemismos para disfrazar un default
Un buen corte de pelo es lo mejor que Atenas está ofreciendo hoy a los inversionistas en momentos en que un duro plan de austeridad provoca violentas manifestaciones. No es para menos. El programa implica aumento de impuestos, privatizaciones y un recorte de 20% en la plantilla de empleados públicos. Pero no es cosa de que los griegos se refugien en la estética ante la adversidad financiera y la agitación social.
Europa pretendía que los bonistas aceptaran una quita para evitar un corte a navaja inventado en el pasado por mercenarios europeos y adoptado por la tribu sioux. En esta crisis, transformada en un baile de eufemismos, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s llamó las cosas por su nombre y puso punto final a los sueños europeos de disfrazar un default.
Eso es lo que esconden las expresiones del tipo “reestructura” de la deuda y “participación voluntaria” del sector privado, en la solución. La agencia calificadora advirtió que cualquier decisión que implique una pérdida de capital para los bonistas será considerada impago y ello golpeó algunos planes que, a pesar de las enfáticas negativas de las autoridades, pretendían legitimar pérdidas.
Una de las propuestas emanadas de la banca francesa consistía en “persuadir” a los bonistas de aceptar un canje de bonos a 30 años y menor interés a efectos de otorgar aire a Grecia para calzar los pagos de su pasivo a sus futuras posibilidades fiscales. Otra alternativa que Estados Unidos y el Reino Unido han puesto sobre la mesa es similar al Plan Brady que permitió el desahogo de la deuda latinoamericana en la década de 1990. Supondría que un banco de inversiones anunciara la compra de bonos en el mercado abierto a efectos de que subieran los precios para beneficiar a los tenedores de papeles griegos.
Luego, esa entidad los cambiaría al gobierno de Grecia por otros títulos a largo plazo, respaldados por un bono AAA del Banco Central Europeo. Sin embargo la salida todavía está verde y las autoridades tienen que sopesar opciones.
El problema de Grecia es global. Un default implicaría una catástrofe y entre sus consecuencias podrían apuntarse: un colapso de los bancos europeos –y también de Estados Unidos– que entre sus activos tienen bonos griegos, un contagio de la crisis a Portugal, Irlanda y tal vez algún otro país de primera línea. También supondría un frenazo a la economía mundial y una tensión insoportable para la integridad de la Unión Europea que hoy impide a Grecia devaluar para impulsar sus exportaciones.
El riesgo es mayor y ante ello tal vez sea necesario recorrer caminos peligrosos y no deseados. Muchos de ellos conducen a la peluquería.