Se acostó con el estómago vacío. Llegó a pedir yerba para tomar unos mates porque no tenía plata para comprar. Vivió con $ 500 por semana. Comió cuando los dirigentes le arrimaron algún paquete de fideos. Es canchero y sereno. Dice que no duerme. Descansa. Pero, pese a todas las dificultades, jamás abandonó a Cerro. "Mi familia no sabía nada que yo pasaba así. Me pasaba todo el día acá, pero al cuadro no lo dejaba tirado", dice y se queda en silencio mirando al horizonte la inmensidad del Tróccoli.
Pidió yerba, se acostó sin comer y vivió con $ 500 por Cerro
Walter Hernández, un héroe anónimo del club de la Villa que dejó su casa para irse a vivir al Tróccoli, donde es canchero y sereno