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La apatía y la monotonía de la campaña electoral chilena fueron rotas ayer por la mañana cuando le tocó el turno de votar al candidato conservador Sebastián Piñera. El sufragio del opositor resultó bastante caótico y estuvo cercano a generarse incidentes entre simpatizantes de Piñera y del abanderado oficialista Eduardo Frei.

Para arrancar, el candidato de la derechista Alianza por el Cambio llegó una hora más tarde de lo previsto, a las 9.30, hora chilena. En el Liceo Cervantes, en la calle Agustinas y García Reyes del centro de Santiago, los simpatizantes de Piñera se agolpaban contra una de las vallas; al otro lado de la vereda, los periodistas, camarógrafos y fotógrafos, buscaban la manera de acomodarse ante un estrecho espacio.

Cuando arribó Piñera, que votó en la sala 10, mesa 126 del instituto secundario, empezaron las primeras complicaciones. El candidato se bajó de un Toyota azul marino acompañado por su esposa y algunos de sus hijos, acarició un perro y enfiló hacia la puerta del Liceo Cervantes.

Con una sonrisa tibia –quizás sabiendo lo que iba a suceder–, como queriendo resolver aquello rápidamente, recibió los primeros insultos. Pero no provenían de la tribuna, sino de algunos periodistas.

“Fascista de mierda”, le gritó una chica mientras sacaba fotos y notas, sin identificación alguna de su medio. “Ladrón, asesino”, le espetó otro cronista de TV mientras Piñera realizaba un breve discurso en el medio de la calle ante la gente y la prensa.


Antes, como para hacerle saber que en aquel barrio no estaba el fuerte de sus votos –en la primera vuelta ganó allí el izquierdista Marco Enríquez-Ominani–, uno de los vocales de su mesa lo recibió con una camiseta roja con el rostro del Che Guevara impreso en el pecho, y una gorra verde oliva con la estrella roja comunista en el centro y la bandera cubana a un costado.

Alta temperatura.


Mientras los periodistas continuaban a los empellones para contar con la mejor visual posible de Piñera, la atención se trasladó de inmediato hacia un costado: un grupo de seguidores de Frei apareció para criticar al candidato de la derecha y responderle con cánticos a los simpatizantes de Piñera. “Se siente, se siente, Piñera/Frei presidente”, era la tonada en uno u otro bando.

Los carabineros actuaron rápidamente para vallar la zona y evitar problemas. Pero no impidieron los insultos. “Delincuente”, “mentiroso”, “fascista”, eran los improperios más utilizados hacia Piñera. “Vas a perder la teta”, rebatía un seguidor del candidato derechista a los izquierdistas. “Se pasaron 20 años robando”, “ve a trabajar huevón”, agregaban otros que habían ido a apoyar a Piñera.

El alcalde de Cerro Navia –una comuna de Santiago–, Luis Plaza, cruzó la calle para enfrentar a la gente de Frei y gritarle en la cara “Piñera presidente”. Todos se le abalanzaron, incluidos los periodistas, claro está: recibió empujones, insultos varios y algunos escupitajos. Los carabineros se lo llevaron cual delincuente.

“El hijo de puta del alcalde no me va a decir cómo tienen que ser las cosas. Yo estuve preso en el estadio Nacional (durante la dictadura).

Ellos tienen a los periodistas comprados”, dijo enardecido Brain Abel Higgi Yara, un sesentón hijo de inmigrantes palestinos y, según él, un convencido democristiano como Frei.

El calor que ya pegaba en ese momento –durante la jornada electoral hubo un promedio de 30 grados– aplacó los ánimos y cada cual se marchó por su lado sin incidentes posteriores. Fue sí el momento más movido de una campaña electoral chilena muy tranquila y civilizada.

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