También es un clarísimo ejemplo del subgénero literario y cinematográfico conocido como coming-of-age donde el personaje sufre determinados cambios que lo hacen crecer. Advertencia: habrá dolor. Tal como el lugar común lo indica: crecer duele. Valdría un texto aparte la conversación de Elio con su padre y la lección de entereza y sabiduría que hay detrás de algunas frases mínimas.
Como si la película no fuera suficientemente solvente con el guión y las imágenes creadas por el director y el director de fotografía, el relato se termina de construir con dos ingredientes extras imbatibles. Una banda de sonido exquisita que mezcla una serie de hits ochentosos, melodías de Maurice Ravel y la voz inolvidable de Sufjan Stevens. Y, también, una serie de escenas de baile que funcionan como un caramelo para el ojo.
En una entrevista con Vanity Fair, Guadagnino explicó estas escenas. "Creo que una mujer que baila es la imagen más impactante. Pero un hombre que baila, para mí, es la imagen más erótica. Siempre que tenga la oportunidad de poner a un hombre bailando en la pantalla, lo haré", contó.
Guadagnino también habló de la naturalidad de los actores (que, para sorpresa de muchos, se conocieron una semana antes de empezar el rodaje). "Fue un baile constante entre una puesta en escena definida y limitarte a dejar que las cosas pasen y la película respire. Yo no lo llamaría improvisación. Lo veo más como dejar que los actores sean libres de probar cosas. Es muy diferente. Cuando estoy haciendo una película me olvido del guion. No me fijo en el texto y no miro el plan de producción. Al final de cada día de rodaje le pregunto a mi ayudante qué es lo que toca grabar al día siguiente. Leo la escena y al día siguiente me concentro en hacerla realidad", dijo el director.
Llámame por tu nombre está nominada a cuatro premios de la Academia (película, guion, actor principal y canción por
Mystery of Love de Sufjan Stevens). Puede que no gane ninguno. Poco importa. Dato no menor: el día de su estreno en el festival de cine de Nueva York el público aplaudió de pie durante más de diez minutos.
Llámame por tu nombre se convirtió así en el filme más aplaudido de la historia del acontecimiento.
Digamos, entonces que las películas como estas, esas que nos hacen palpitar el
corazón, las que nos dejan levitando por horas, las que logran que la emoción perdure por fuera de la oscuridad de la sala no necesitan de premios ni de puntajes. Alcanza con que nos hayan llevado a aquel momento en que entendimos, por primera vez, lo que significa flotar.