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¿Cómo será la vida con 67 grados de temperatura? La respuesta la tuvieron esta semana los habitantes de Terán que viven en las inmediaciones del aeropuerto de la ciudad iraní, donde se registró este pico casi incompatible con la vida humana. 

Buena parte del hemisferio norte está pintado de rojo en los mapas meteorológicos; en Estados Unidos este fin de semana el calor extremo afectará a unos 80 millones de personas, con temperaturas de 40 grados y superiores. Y seguirá, porque el “domo de calor”, un fenómeno por el cual el calor queda “atrapado” en zonas de alta presión, se está intensificando en el sur de ese país. De hecho, son varios los domos de calor que afectan al hemisferio “de arriba”, incluyendo el del sur de Europa y norte de África. Y no ceden.

Podría seguir citando récords, y lo haré, pero antes me pregunto cuándo comenzaremos a prevenir para que el calor, para el que estamos incluso menos preparados que para el frío, no nos termine matando o afectando seriamente la salud. ¿Cuándo será obligatorio construir casas y edificios con ciertas características de aislación o refrigeración que le den alivio a un organismo humano que funciona muy mal incluso desde los 35 grados para arriba? ¿Cuándo pensaremos en las ciudades desde el punto de vista del calor, como los países nórdicos han desarrollado las urbes del frío? 

Parece utópico hacerse estas preguntas cuando, en este y en muchos otros países, estamos luchando día a día con las consecuencias del clima en general, y no solo del calor. En Uruguay la crisis hídrica se traduce en agua más salada derivada de una de las sequías más agudas de las que se tenga registro. En otros países intentan apagar incendios que devoran hectáreas como si fueran centímetros, mientras que las inundaciones afectan severamente desde Vermont hasta Corea del Sur.

Parece utópico pero es necesario prever cómo sobreviviremos al calor extremo, aunque desde este invierno uruguayo parezca una locura siquiera plantearlo. Hay gente que muere de frío durante nuestras breves y relativamente benignas olas “polares”. Y hay mucha más gente que morirá de calor, o más bien de afecciones que no se llevan bien con el calor.

Julio será el mes más caluroso registrado en la Tierra, y posiblemente en más de 100.000 años. En demasiados puntos el calor está poniendo a prueba los límites de la supervivencia humana. El cuerpo humano resiste bastante bien al calor extremo, pero la combinación de calor y humedad (un registro llamado temperatura de bulbo húmedo) puede hacer que sea más difícil, o incluso imposible, enfriarse. 

En los últimos días China registró su máximo histórico de 52°, mientras que en el Valle de la Muerte (California) sobrepasó los 53. Está temperaturas abruman la capacidad del cuerpo para regular su temperatura interna. Los investigadores estudian desde hace tiempo los efectos de estos calores sobre el ser humano, porque saben que los episodios ahora considerados extremos se volverán cada vez más frecuentes. 

Phoenix hierve y, sin embargo, miles de vidas se salvaron porque la energía no se cortó y buena parte de las casas, oficinas y “estaciones de enfriamiento” que existen en la vía pública pudieron usar los sistemas de aire acondicionado. Si la red de energía de esta ciudad cayera por la alta demanda, Estados Unidos podría experimentar “el Huracán Katrina del calor extremo”, afirma el periodista científico Jeff Godell en su libro  “The Heat Will Kill You First” (El calor te matará primero). 

Si bien gran parte del enfoque en el calor extremo es el riesgo inmediato para la salud humana, el calor crónico puede causar varios problemas crónicos de salud. Días y años de exposición al calor persistente pueden afectar el corazón y los riñones, complicar el sueño y hasta afectar la salud mental.

Todo parece exagerado y distópico, hasta que la realidad se empieza a parecer demasiado a las series de ciencia ficción. Prevenir los efectos del calor es una necesidad ya, de la que sin embargo no se habla demasiado. Además de lo obvio (suficiente energía), y de lo no tan obvio (regulaciones para construcción y hasta exenciones impositivas para sistemas de aire acondicionado), prever también supone pensar cómo se desarrolla una ciudad. ¿Dónde deben plantarse los árboles para que den sombra y refresquen el aire? ¿Qué materiales deben usarse para construir las nuevas calles y plazas? 

Prever también supone pensar en el mundo laboral; ¿qué pasa con quienes trabajan al aire libre? ¿En qué horarios ya no podrán hacerlo y cómo se intentará proteger a estas personas para que no sufran episodios de sobre exposición al calor?

Siguiendo con las preguntas, ¿qué límites tendremos para el uso de aires acondicionados, que consumen mucha energía, generan emisiones y no colaboran en el proceso de que los organismos se aclimaten a temperaturas más cálidas? ”.

Un informe de julio de 2023 de la Universidad de Oxford destacó un "aumento sin precedentes en la demanda de refrigeración". La investigación estima que la energía requerida solo para el enfriamiento para 2050 será equivalente a la capacidad eléctrica combinada de Estados Unidos, Unión Europea y Japón en 2016.

Todo lo anterior es difícil de prever incluso en economías desarrolladas que ya empiezan incluso a nombrar a “gerentes de calor” en las plantillas municipales. Mucho más en el sur, que ya espera un verano de 2024 que, a influjo de El Niño, será también en estas latitudes, un pequeño infierno. 

“Una ola de calor es un evento depredador, uno que elimina a las personas más vulnerables”, recuerda Godell en su libro. Es hora de prever para no arder, pero es difícil prever cuando algo siempre arde.

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medio ambiente

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