ver más

La siembra y cosecha de bagre negro en establecimientos agropecuarios de Uruguay está dando muy buenos frutos, en una experiencia que comenzó a fines de 2010 y que ha permitido que algunos productores hayan obtenido sus primeros ejemplares adultos, listos para el consumo.

Un caso es el de un tambero remitente de Conaprole, Oscar Artus, de Colonia Miguelete (Colonia), quien sin alterar sus actividades productivas habituales innovó sembrando en forma extensiva 200 ejemplares, y además desarrolló una pequeña experiencia de engorde en jaula. Ambas apuestas las desarrolló en un tajamar (de 50 por 30 metros) que ya disponía para sus manejos productivos, sin más inversión adicional que la compra de los bagres.
En el caso del cultivo extensivo obtuvo bagres de 800 a 900 gramos promedio tras un año y medio de cría, cuando el tamaño apto para el consumo es desde 400 gramos.

Artus había sembrado antes una de las especies de carpa, la carpa herbívora, que tras dos años las pesca con un peso de 3,8 kilos, por lo que desarrolla en realidad un cultivo mixto.

Si bien la carpa común es una especie invasora exótica, que ha causado algunos problemas, la carpa herbívora es otra especie, no invasora, incapaz de reproducirse en ambientes acuáticos como los existentes en Uruguay, dado que es oriunda del norte de China donde hay condiciones ambientales (frías y de deshielo) que acá no existen. Por lo tanto acá la reproducción es inducida artificialmente en laboratorios.

Artus sembró inicialmente la carpa con el objetivo de controlar la maleza actuática, para lo cual esa especie es muy eficiente, y dado el éxito por consejo de quienes le han suministrado los peces sumó el cultivo de bagre para disponer de alimento para autoconsumo, pudiendo ser un objetivo a trazar, en caso de lograr cierta escala, comercializar el excedente.

La alimentación para carpas y bagres este productor la realizó con insumos de su actividad principal: ración para ganado lechero.
Granja Acuícola Punta Negra

Las carpas y los bagres fueron provistos a Artus por granja acuícola Punta Negra, ubicada en la Colonia Victoriano Suárez, en Punta Negra, Maldonado, que se encargó de la asistencia técnica correspondiente.
Claudia Turra, licenciada en biología (especializada en hidrobiología), egresó de la Universidad de la República, realizó capacitaciones en el exterior y es la responsable técnico de la granja. Explicó que el bagre negro es una especie autóctona, obviamente 100% adaptada a los fríos crudos y a los calores intensos, muy conocida en el mercado porque es una de las especies que está entre las que más se pesca y consume, junto con el sábalo y la boga.

Es, además, una especie que aporta una carne de una textura firme, sabor agradable que puede presentarse tras varias formas de cocción y que, en un detalle nada menor, es de agua dulce y podría ser un buen sustituto de las importaciones del pangasius, un bagre vietnamita, cuya calidad es a veces cuestionada.

La granja acuícola Punta Negra, que además produce peces ornamentales (carassius y carpas koi) y langostas pinzas rojas, está en un predio del Instituto Nacional de Colonización (INC) de 18 hectáreas. Cuatro de ellas están dedicadas a la acuicultura, de las cuales 1,5 ha es el espejo de agua donde se realiza la producción y el resto está destinada a caminería, la sala de reproducción e incubación, la sala de producción de raciones, la sala de calderas para el mantenimiento de la temperatura en invierno para las langostas, estanques de engorde, laboratorio para el reconocimiento y seguimiento de la sanidad del cultivo (en conjunto con el Instituto de Investigaciones Pesqueras).

En el resto del predio hay actividades rurales complementarias, compatibles con el rubro principal que es la acuicultura, como ganadería y huerta, y existe un espacio donde se desarrollan degustaciones y talleres técnicos y de difusión de la actividad.

De la semilla al tajamar
La producción de semilla de bagre este año comenzó en octubre con la reproducción de los primeros ejemplares. Las primeras hembras maduras comenzaron a aparecer a mediados de octubre, lográndose los primeros desoves y, de esa forma, los primeros juveniles se obtuvieron a inicios de diciembre. Esos juveniles pueden ser transferidos a tajamares de productores agropecuarios y otros clientes de inmediato. Por lo tanto, se estima, porque depende de diversos factores, que la cosecha de juveniles se puede extender hasta mediados de febrero.

Ya se realizaron las primeras transferencias de juveniles de bagre negro a establecimientos en distintos puntos del país, algunos que están repoblando y otros que inician la experiencia, existiendo de momento una buena disponibilidad.

Los peces son embalados en bolsas con agua y oxígeno, dentro de cajas térmicas, para que el traslado se haga en las condiciones adecuadas, siendo casi nula la mortandad, con una sobreviviencia casi total del lote.
El tambero de Colonia Miguelete, en un uso eficiente de sus recursos, echa mano a la ración de los vacunos, incluso a los restos que las lecheras no comen, pero quienes exploten otros rubros no tendrán dificultades para sacarle más provecho a sus tajamares porque el bagre negro es una especie rústica, omnívora, que puede aprovechar diferentes alimentos que encuentra en esos cuerpos de agua, siendo aconsejable que se le suministre en forma adicional, para acelerar el crecimiento, un balanceado que es sencillo ubicarlo en el mercado.

Está casi todo para un verdadero despegue

Consultada sobre qué perspectivas aprecia para el desarrollo acuícola en Uruguay, Claudia Turra destacó que el país posee recursos naturales e infraestructura que actualmente se utilizan en otras producciones agropecuarias, que está la logística y el mercado, que ya hay gente capacitada y que además a finales de 2013 egresarán del Campus Tecnológico Arrayanes las primeras personas de la capacitación en acuicultura continental.

Lo que hace falta “es avanzar en la existencia de un marco regulatorio de la actividad y apoyo de parte del gobierno y de las intendencias para desarrollos productivos complementarios de los existentes”, explicó. Un aspecto a mejorar en esta cadena es en el eslabón existente entre el acuicultor y el resto de la cadena, “por eso es fundamental avanzar en regular el sector”.

“También que la academia desarrolle investigación y, sobre todo, se genere una real transferencia del conocimiento”, indicó.

Se considera que hay rubros tradicionales, como la ganadería y la agricultura, incluso la granja, donde el desarrolló acuícola puede sumarse aprovechando la infraestructura existente, permitiendo por un lado acceder a un alimento de alto valor nutritivo y, además, mejorar la rentabilidad del negocio.

Piero Candoni, integrante de Granja Acuícola Punta Negra, consultado sobre cómo aprecia al mercado, dijo: “está en un crecimiento lento pero sostenido. Cada vez hay más conciencia en cuanto a que el pescado se puede cultivar y no solo extraer”.

“Los productores se están dando cuenta que los embalses de agua que ya tienen para diversos usos, como riego, pueden utilizarlos para un desarrollo acuícola”, señaló, en tanto agregó que “se puede ir desde una manejo muy simple, extensivo y de mínima inversión a algunos emprendimientos intensivos que requieren una tecnología comparable con un feedlot a nivel ganadero”, comentó.


Competencia
Piero Candoni expresó que “lamentablemente, nuestro emprendimiento no puede expandirse con más velocidad debido a que, por la falta de regulación y objetivos claros, nos encontramos con una competencia por parte del organismo que nos controla y nos regula, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara); yo llamo a un productor para venderle y resulta que ya le compró a la Dinara, incluso se nos planteó desde la Dinara un eventual control del precio al cual nosotros debemos vender los alevinos”. Añadió que “desde hace ya algunos años hemos planteado toda esta situación y por ahora seguimos a la espera de una solución”.

Seguí leyendo