Recortes nostálgicos y livianos de la infancia
En "Verano del 79", la francesa Julie Delpy acierta en su retrato fresco de una reunión familiar, pero falla en articular sus escenas de forma más profunda
Pocos recuerdos son tan universales como los de los días de verano junto a la familia, aquellos en los que el sol parecía que nunca iba a dejar de brillar, en jornadas repletas de comida, primos cómplices y tíos alocados. En Verano del 79, la cuarta película como directora de la actriz Julie Delpy, la francesa revisita su propia infancia para crear un filme cargado de nostalgia, que sabe captar con frescura algunos de esos momentos tan efímeros como perennes aunque no logra profundizar en una historia que sea algo más que la mera evocación.
Delpy sabe diseccionar la impune inocencia y sexualidad de la infancia y logra generar empatía con sus recortes de la niñez, aquellos que transcurrían escuchando cuentos de terror bajo la luz de una linterna, jugando a las peleas de muñecos o bailando lentos a un brazo de distancia.
La frescura de los pequeños también está presente en el reparto de los mayores (entre quienes se incluyen Emmanuel Riva -la actriz de Amour-, Bernadette Lafont y Denis Menochet). No obstante, es en la interacción entre los grandes donde la cinta falla. La cantidad de actores deja a algunos personajes sin desarrollo o trazados de manera reduccionista. La atmósfera de liviandad entorpece los momentos en los que la directora quiere ponerse seria, como cuando pretende ahondar sobre los traumas de un soldado adicto a la guerra, interpretado por Menochet.
Delpy no logra tampoco articular la relación entre los niños y los mayores, algo que otro filme nostálgico como Un reino bajo la luna, de Wes Anderson, supo calibrar a la perfección. No obstante, la directora acierta en el tono natural y se distancia de su emulación a Woody Allen o a Richard Linklater (con quien hizo la trilogía de Antes del amanecer junto a Ethan Hawke), que derivó en la intelectualidad chirriante de Dos días en París.
En Verano del 79 Delpy sigue demostrando que sabe captar atmósferas y que tiene buen ojo como directora, pero todavía le falta tematizar un conflicto que, en definitiva, convierta a su obra en algo más que la mera articulación de palabras y momentos.