Se acabó el amor y paz
Los pioneros ingleses del heavy metal Black Sabbath arriban hoy a Argentina con uno de sus mejores discos en años
Tony Iommi inventó el heavy metal a los 17 años. Sufrió un accidente laboral que le cortó las falanges superiores de dos dedos de su mano derecha, la mano con que tocaba los acordes en su guitarra de zurdo, y su primera reacción fue abandonar el instrumento. Pero luego Iommi lo ajustó a sus necesidades: le bajó la afinación para que las cuerdas estuvieran más sueltas y le fuera más fácil tocar, y se empeñó en componer melodías simples y pesadas, basado en ese sonido más grave. Cuando se unió a principios de los años de 1970 con el bajista Geezer Butler, el baterista Bill Ward y el cantante John Michael “Ozzy” Osbourne –todos ellos con una tendencia marcada hacia lo oscuro, el ocultismo, el terror–, una leyenda de la música vio la luz: Black Sabbath daba sus primeros pasos.
Cuarenta años después, los pioneros del metal llegan hoy a Argentina en medio de una gira de reunión histórica, a caballo de 13, el primer disco de Sabbath con Ozzy Osbourne como vocalista desde Never Say Die! en 1978. Si bien el regreso es sin Ward, que decidió no formar parte y fue sustituido por Brad Wilk, miembro de la banda Rage Against The Machine, es una ocasión ideal para repasar la historia de una banda verdaderamente revolucionaria y estudiar su influencia en el heavy metal uruguayo. Para ello, El Observador conversó con varios referentes locales del género.
La combinación del sonido de Iommi, las letras ominosas de Butler, la potencia de Ward y la personalidad hipnótica de Osbourne supusieron la primera revolución en el rock desde que los Beatles decidieron que podían componer canciones por sí mismos una década antes. En 1970, un viernes 13 y con el cuarteto de Liverpool al borde de la implosión, Black Sabbath sacaba a la calle su debut homónimo, con una figura de negro terrorífica en la tapa: el mundo conocía canciones como el tema del título, con sus menciones de Satán y los gritos de ayuda de Ozzy que producen cosquillas en la parte trasera del cuello. El movimiento hippie llegaba a su fin.
“Black Sabbath inventó un género, hizo algo que no se había hecho nunca antes”, dice Marcos Motosierra, exvocalista de Motosierra y actual de Rotten State -la banda ganadora del Metal Battle Uruguay, más temprano en el año. Si bien ya existían el sonido pesado (con los Beatles y su Helter Skelter) y la teatralidad a la hora de las presentaciones en vivo (ya desde los años de 1950 con Screamin’ Jay Hawkins y su I Put a Spell on You), Sabbath propuso una mezcla violenta y chocante que cambió las reglas del juego. Sigue el vocalista de Rotten State: “Fue como que dijeron ‘se acabó el amor y paz, empezó la oscuridad’”.
Sabbath y Uruguay
Frank Lampariello, exbajista de Hereford y actual cantante de los Hermanos Brother, opina que Sabbath no tuvo un peso directo en el rock uruguayo, pero que sí influyó a través de las bandas que llegaban al país en los años finales de 1980 y la década de 1990, y que heredaban la tradición de los metaleros originales. “Sin dudas fue una influencia para el metal, es ilógico pensar que no”, afirma, “pero creo que primero se escucharon otras cosas y a Sabbath se la descubrió después, yendo para atrás”.
Parte de esa generación más joven, Gabriel Soria, vocalista de Crepar -que presenta su tercer disco Esencia en BJ el 19 próximo-, conoce Sabbath desde el principio y cuenta que Paranoid, una de las canciones clásicas del grupo, fue de las primeras canciones que tocaba con su banda. Soria explica con sencillez cuál es el peso de los británicos: “El metal está muy subdividido por géneros que se rechazan entre sí, pero Black Sabbath logra una combinación que a todo el mundo le agrada, porque de ahí nacieron todas las ramificaciones”.
El camino hacia 13
Entre 1970 y 1975 Sabbath editó seis discos que se cuentan todavía entre los clásicos de todos los tiempos del género. Luego decayeron, Ozzy se volvió errático, fue echado y no volvió a grabar con la banda hasta este año. El resultado del reencuentro es un álbum retro, con un estilo similar al de sus trabajos fundacionales, previos a la aceleración que sufrió el metal en los años de 1980: un heavy más blusero, más lento, más oscuro, más dramático, a la altura de las más grandes obras del grupo.
God is Dead?, el corte de difusión, es la canción metalera del año, con su sensación de banda sonora de cementerio y su letra profunda, vocalizado por Osbourne como si el tiempo no hubiera pasado. Con ese caballito de batalla, Sabbath desembarca en el Estadio Único de La Plata. Ya a los sesenta y largos, pero sin una sola cana, ni en la música ni en el pelo teñido de sus integrantes.