ver más

Durante la festividad Holi, celebrada originalmente durante la primavera en India, las calles y las personas son teñidas de múltiples colores. Bajo la fusión de la música y el amor, la tradición de origen religioso celebra la victoria del bien sobre el mal arrojando al aire polvos de colores obtenidos de diferentes flores y elementos de la naturaleza. Así, se eliminan las castas sociales, mientras el color y la alegría se vuelven los verdaderos protagonistas del evento.

En José Ignacio, donde se realizó por segunda vez este formato de fiesta que se ha vuelto extremadamente popular en los países occidentales, las cosas fueron un poco distintas. “¡Esto es sagrado!”, le indicaba un adulto a un niño mientras protegía su mojito de ser llenado con un polvo de color fucsia. La escena se vio el viernes en el parador La Susana del balneario, en el que se llevó a cabo esta celebración bajo el nombre Holi Beach.

La consigna fue llenar la playa de música, alegría y, como indica el formato conocido mundialmente como Holi Festival of Colours, de la mayor cantidad de tonos posibles. Pese a que un viento constante impedía que las nubes de polvos se mantuvieran flotando en el aire, eso no impidió que todos los asistentes se enfrascaran en pequeñas guerras y pintadas.

Para la fiesta, los polvos de colores fueron importados de Estados Unidos y dispuestos en pequeñas bolsas que se entregaban en la entrada. El atuendo recomendable para la jornada era prendas cómodas y preferentemente blancas, para resaltar la presencia cromática de los polvos. Aunque se aseguró que eran lavables y no tóxicos, más de algún pequeño debió frotarse los ojos para calmar las molestias, al mismo tiempo que varias chicas se lamentaron las manchas en sus vestidos, pese a presenciar de primera mano cómo venía la mano.

De todas las edades

La celebración comenzó a las 15 horas, lo que generó que varios adultos fueran acompañados de sus hijos. Sin duda, los protagonistas de la primera etapa de la fiesta fueron los preadolescentes y adolescentes, que a eso de las 18 horas coparon el lugar.

Cubiertos de polvos por todos lados, los jóvenes no dudaron en registrar a cada momento su presencia en las redes sociales, mediante las selfis más coloridas de la temporada. Los más inteligentes llevaron sus cámaras GoPro y a través del selfie stick (un palo que sostiene la cámara y permite alejarla) posaron tirando besos y el infaltable signo de la paz o la victoria con el dedo índice y medio.

El ambiente familiar promovido por La Susana dio lugar a extrañas ocurrencias. Mientras que muchos padres disfrutaban de la alegría inconmensurable de sus hijos jugando con los colores, en otros rincones se podía ver algunos jóvenes bailando en trance, fumando y consumiendo lo que probablemente serían sus primeros encuentros con los vicios. “’¡Este es el primer polvo que nos echamos en el año!”, gritaba irónicamente una mujer con su marido mientras una joven le sacaba una foto y los envases de cerveza se apilaban en la arena al ritmo de un remix de Coldplay.

La música a cargo de varios DJ terminó de poner el toque final a una fiesta que convocó a cientos para una celebración diferente en las costas uruguayas y que, como adelantó el periodista Julio Rios en diciembre, puso la piel de colores.

Temas:

Estilo

Seguí leyendo