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Ser docente no es mal negocio

Esta columna del extinto abogado Daniel Ferrere fue publicada el 3 de enero de 2009 en El Observador. Las cifras y valores considerados corresponden a ese año.

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29 de agosto de 2015 a las 05:00

En notas pasadas centramos la atención en los grandes números. Veamos ahora el uso de los recursos humanos. Y así descubriremos una de las claves de la situación de la enseñanza en Uruguay: la reglamentación del trabajo docente no está pensada en función de las necesidades de la enseñanza, sino de los intereses de los docentes más antiguos.
Para empezar, se organiza una estricta jerarquización basada en la antigüedad. El mérito solo importa a igualdad de grado e igualdad de antigüedad en el grado. Y la jerarquización por antigüedad es muy importante.

Para empezar, los que deciden quién dicta clases en cada instituto no son las autoridades de la enseñanza, sino los docentes. El que tiene más puntaje conforme al sistema jerárquico de los docentes elige primero, el segundo elige después, y así sucesivamente hasta llegar al de menor puntaje, que elige entre lo que queda. El sistema parece diseñado expresamente para producir el peor resultado posible. Así los mejores docentes eligen los institutos más fáciles, y los más difíciles quedan para los más nuevos e inexperientes.

Pero la cosa es todavía peor. Porque al mejor calificado no le permiten elegir 40 horas semanales todas juntas, sino 20. Esto es para asegurar que todos los docentes antiguos tengan igual posibilidad de acceder a por lo menos 20 horas en los mejores institutos. Pero el precio se paga en términos de fraccionamiento del trabajo, porque así a las horas de clase habrá que agregar las horas de ómnibus, más el tiempo necesario para acomodarse al cambio de instituto, más las faltas y llegadas tarde causadas por los problemas de desplazamiento, más la desorganización que ocasiona a los institutos el tener docentes perpetuamente móviles.

Las ausencias. Según datos relevados por Secundaria en el primer semestre de 2007, una de cada siete horas de clase en el interior y una de cada seis en Montevideo no se dictan. De las ausencias, el 29,7% corresponden a licencias médicas, el 20,5% por el artículo del estatuto que permite faltar cinco días al año por "casos fortuitos", el 19,6% de inasistencia no justificada, el 10,7% por exámenes y reuniones de los profesores, el 10,6% por horas no asignadas y 4,1% por cursos autorizados por ANEP.

Aparte de la licencia reglamentaria, los docentes tienen derecho a licencias extraordinarias por enfermedad certificada o maternidad, como cualquier trabajador. También tienen un día al año por Papanicolau o radiografía mamaria, más licencia por lactancia cuando por informe médico no exista posibilidad de adecuación de horarios. Tienen 10, 4 o 2 días de licencia por fallecimiento de hijos, padres, cónyuges, hermanos, abuelos nietos, suegros, yernos o nueras, hijos adoptivos, padrastros o hijastros, más 15 días por matrimonio, 3 días a los padres por paternidad, 1 día por donación de sangre, más los días que se necesiten para asistir a cursos relacionados con la función docente en horario de clases, asistencia a las Mesas Técnicas de las Asambleas Técnico Docentes, hasta 5 días por cada examen o concurso universitario o de formación docente, más los días que necesiten para asistir a reuniones obligatorias de profesores o mesas de examen o concurso.

Los paros y huelgas suman de promedio otros 4 días al año. Y las madres adoptantes, además de la licencia por maternidad, tienen licencia por lactancia ante "la necesidad psicofísica de atención integral del menor y cuidado directo de su madre".

Todos los docentes tienen, por si lo anterior fuera insuficiente, hasta 5 días adicionales de licencia al año por cada subsistema en el que trabajan, con sueldo, por "casos fortuitos debidamente justificados". Y si no están de licencia, pueden pedir hasta 6 meses sin goce de sueldo, prorrogables por 6 meses más, licencia que será automática si es para cursos en el exterior, para cursos o para trabajar en organismos internacionales. Finalmente, puede faltar sin licencia ni autorización hasta 15 días seguidos, sin ser considerado renunciante.

Las horas anuales de clase en los países desarrollados están entre 900 y 1.000. Nuestros estudiantes recibirían unas 750 horas al año si nadie faltara. Pero como tenemos alrededor de 17% de ausentismo, las horas de clase promedio bajan a unas 620 al año. Y eso, siempre que se trate de institutos de nivel socioeconómico medio.

Los salarios. Como siempre sucede con los salarios públicos, es difícil saber cuánto ganan los docentes de la enseñanza pública. Se dice que son bajos. Pero hasta el año 2000 todos asumíamos que los sueldos públicos en general eran bajos. Y cuando el gobierno del doctor Batlle empezó a publicar los valores de los salarios públicos por internet, el mito se acabó.

Una vez computados los nueve (¡sí, nueve!) rubros que se adicionan al sueldo básico, un docente que trabaje 40 horas (30 horas efectivas de clase) semanales gana entre $ 16 mil mensuales (grado 1) y $ 25 mil mensuales (grado 7), con una variación en menos para los de Primaria, y en más para los de Secundaria.

Esta cifra no se puede comparar directamente con otros salarios no docentes, porque la actividad docente tiene tres grandes ventajas: diciembre, enero y febrero. La hora docente no dura 60 minutos, sino entre 40 y 45 minutos, y el año docente no tiene 12 meses sino 9, todo lo cual obliga a hacer cuentas para comparar sus salarios con los de otros trabajadores.

Los docentes trabajan unos 40 días laborables anuales menos que los demás trabajadores. Se dictan unos 180 días de clase al año, a lo que deben agregarse 20 días para exámenes y otras actividades fuera del año lectivo. Y si les sumamos 20 días de vacaciones, nos da que trabajan unos 220 días al año. Un trabajador privado, a su vez, trabaja 260 días anuales (25 días mensuales por 12 meses, menos 20 días de licencia y otros 20 días variados por feriados).

Comparar salarios docentes con los no docentes, entonces, obliga a subir el ingreso docente en 18,2%, o a bajar el ingreso privado comparable en 15,4%, para igualar los salarios a los tiempos trabajados.

En segundo lugar, hay que tomar en cuenta otros beneficios accesorios, explícitos o implícitos.
Los docentes titulados prácticamente no tienen riesgo laboral. Como todos los funcionarios públicos, gozan de una casi absoluta inamovilidad. Pero los docentes tienen una ventaja adicional, que los otros empleados públicos no tienen: el acceso a la función no depende de la suerte ni de los contactos, sino del estudio.

Existe una "carrera" que empieza en el momento en que el aspirante ingresa a los institutos de formación, y que termina cuando el docente se jubila, sin un solo momento de incertidumbre.
Tomado lo anterior en cuenta, una vez que uno hace los cálculos y ajusta el salario docente por los días efectivos de trabajo en comparación con otros trabajadores, y especialmente si toma en cuenta los "beneficios accesorios", nada habilita a sostener que los docentes "ganen menos que otros" trabajadores equivalentes.

Un salario entre $ 16 mil y $ 24 mil mensuales, trabajando 18,2% menos al año que un privado, con estabilidad laboral casi absoluta y un régimen de trabajo absolutamente tolerante, no parece mal negocio para un profesional con cuatro años de educación superior. l


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