Sextorsión: ¿en qué manos cayó tu foto?

Muchos jóvenes son víctimas de este engaño, un fenómeno en crecimiento en el que una persona es presionada para que envíe dinero a cambio de que no se divulgue por internet una imagen íntima

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13 de agosto de 2018 a las 05:00

Una joven conoce a un chico por Instagram, se intercambian likes y luego los números de teléfono. Con el correr de los días, la confianza va en aumento y la chica se despierta con un "buenos días" y se va a la cama con un "buenas noches" de un extraño que intenta dejar de serlo. El entusiasmo crece y él le pide indirectamente que le mande una foto más íntima. Con algo de vergüenza y pudor, ella termina accediendo porque hasta le parece atractiva la propuesta. La envía y se va a dormir sin saber que al otro día comienza un gran tormento. El que ya no parecía tan extraño muestra otra faceta: la amenaza con que si no le da US$ 400 mil en unos días, la foto será divulgada por redes sociales.

Este caso es uno de los miles que suceden a diario en el mundo y que puede hacerle pasar un mal momento a cualquiera. Este fenómeno, denominado sextorsión, refiere al hecho de presionar a alguien para obtener dinero, según dijo el gerente regional de consultoría de Security Advisor, Hugo Koncke.

La sextorsión es igual que cualquier otro tipo de extorsión, con la diferencia de que intervienen imágenes íntimas o comprometedoras para un individuo; y, al producirse a través de internet, se trata de un ciberdelito. "Tiene el componente de material pornográfico o que es embarazoso para la otra persona o le da vergüenza", sostuvo.

Muchos de los afectados son los más vulnerables: los menores y los adultos mayores. Todavía no hay estadísticas para saber qué tan prevalente es exactamente este fenómeno.

¿Imágenes y qué más?

La sextorsión se puede manifestar de diferentes formas. Una de ellas es la mencionada: la persona que envía o comparte material muy íntimo corre el riesgo de que el destinatario no sea quien realmente dice ser y termine en un enredo.

Koncke insistió en que los cibernautas deberían plantearse hasta dónde está bien exponerse. "Lo que se expone online deja de tener el control del individuo. No existe aquello de lo borré y me quedo tranquilo" afirmó.

No necesariamente incide aquí la cuota de perversidad de quien recibió la fotografía, sino porque puede haber un hackeo del celular o robo.

El experto citó un caso de 2014 que terminó con la vida de una joven por la difusión de contenidos íntimos en internet. Alyssa Funke, una estudiante universitaria de 19 años residente en Minnesota (EEUU), protagonizó un video desde Las Vegas para la empresa porno Casting Couch. El video, en el que aparecía hablando y luego teniendo sexo, se difundió y provocó decenas de comentarios acosadores en Facebook y Twitter. Al comienzo respondió a los acosos, pero dos semanas después se disparó con una escopeta y terminó con su vida.

En 2016, la Agencia Nacional del Crimen (NCA) de Reino Unido realizó una campaña de concientización dado que detectó que miles de personas eran víctimas de sextorsiones y al menos cuatro suicidios podían ser adjudicados a ese tipo de amenazas.

Sextorsión

No todos los casos tienen un final trágico, pero lo cierto es que si el material "cae en manos de quien no debería, puede ser utilizado para extorsionar", dijo Koncke. Y agregó: "Tengo que saber que lo que publico, al momento de hacerlo, es eterno. Mientras exista la posibilidad de que un medio lo copie o lo respalde, eso seguirá allí".

Otros casos pueden vincularse al envío de amenazas en correos electrónicos a partir de códigos maliciosos.

Koncke, que realizó un informe reciente sobre el tema, explicó que en 2012 hubo un robo de credenciales de acceso a LinkedIn. Se hizo una copia de información de millones de usuarios. Inmediatamente, la red social notificó a los cibernautas y todos cambiaron sus contraseñas. Sin embargo, la mayor parte de los usuarios tiene la misma contraseña para las distintas plataformas, por lo que es probable que las mismas credenciales estén siendo utilizadas en otros sitios.

Grupos de ciberdelincuentes utilizaron esta información para extorsionar a la gente. Es decir, millones de personas recibieron un mail en el que se mostraba la contraseña, se les decía que tenían sus credenciales y que su sistema había sido infectado. En el mismo texto se amenazaba con que poseían un video del individuo mientras miraba pornografía online. De millones de casos, muchos se sintieron identificados y creyeron que era verdad. Además, el ciberdelincuente es capaz de capturar el sistema y controlar la cámara de la computadora.

A cambio de no difundir el contenido, se solicitaba que la persona diera una alta cifra de dinero. "Por todos los medios es un engaño y buscan simplemente engañar a la gente haciéndole creer que tienen esa información que dicen tener", indicó.

Un ejemplo muy ilustrativo de las sextorsiones puede verse en el capítulo Cállate y baila de la serie Black Mirror, en el que un joven es amenazado luego de que lo filman, a través de su propia webcam, cuando visita sitios pornográficos en los que hay menores de edad.

Vieja conocida

Este fenómeno no es algo nuevo, sino que es un tipo de delincuencia que existió siempre para sacarle dinero a la gente. Pero hoy se da una forma más intensa y abarcativa. Debido al aumento masivo del uso de la tecnología, este tipo de extorsión fue mutando. "A lo largo de la historia la tecnología ha permitido hacer cosas que ya se venían haciendo pero de una forma más eficiente", sostuvo Koncke.

Poder conectarse con quien se desee, cuando sea y desde donde se quiera trae de la mano un montón de beneficios, como también aspectos negativos. Lo mismo sucede en casos de ciberacoso, o ciberdelincuencia o bullying en redes sociales; el anonimato absoluto que permite internet es un componente adicional.

"El poder amplificador que da la tecnología es enorme, de la misma forma que una noticia se propaga y se transforma en viral. Puede llegar a tener un impacto desmedido en comparación con años atrás", comentó Koncke.

En la misma línea, José Luis López, representante de la empresa de seguridad ESET en Uruguay, opinó que las redes sociales conforman lo más emblemático de internet y el problema radica en la credulidad de las personas. Son más vulnerables a ser engañadas, ya sea para acceder a la información del dispositivo o directamente para compartir imágenes comprometedoras con otra persona. La extorsión siempre existió, lo nuevo es el nombre y la masificación provocada por internet.

Sexting vs sextorsión

Sexting es otra de las terminologías creadas debido al uso frecuente de las redes sociales. Refiere al envío de mensajes sexuales a través de teléfonos móviles. Si bien abarca todo tipo de contenido, el uso de las redes sociales lo fomenta aún más. Es un lenguaje muy utilizado por las nuevas generaciones de adolescentes.

López indicó que existe una delgada línea entre el sexting y la sextorsión. En ambos casos, se habla de un intercambio de imágenes o videos subidos de tono. La diferencia sería que, en el caso del sexting, es consensuado. Esto también puede vincularse con el ciberbullying y abuso sexual a niños y niñas por medio de las redes sociales.

El experto hizo hincapié en la importancia del rol de los padres. Si bien puede suceder a cualquier edad, los adolescentes son los más propensos a caer en la trampa de la sextorsión. Comienzan a hablar con alguien, se entusiasman con conocer a la otra persona e intercambian imágenes sin saber realmente quién está del otro lado de la pantalla.

Muchas veces los padres desconocen qué hacen sus hijos en las redes y es necesario que tengan cierto control sobre ellos para garantizar su bienestar. "Deben interesarse un poco más para evitar que los menores caigan en la trampa", concluyó.
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