Sin esperar a que alguien hable y sin signo de pesos
Numerosos sellos discográficos digitales han aparecido en Uruguay en los últimos años y abren una puerta importante para la difusión y el desarrollo de nuevos artistas locales bajo una consigna clásica: “Hazlo tú mismo”
"La independencia no es la repulsión al negocio”, dice Salvador García. Y con esa frase, el responsable del sello Vía Láctea lo que hace es sintetizar lo que es una suerte de movimiento web montevideano que vincula música emergente de artistas que no consiguen o -no buscan- sello para distribuir lo que hacen, internet y gestión cultural. A través de esa mentalidad -un ojo puesto en la difusión gratuita y otro en darle sostenibilidad al proyecto sin morir en la orilla- han aparecido en Uruguay un grupo de discográficas, casi todas sin oficina física, dispuestas a aprovechar el hervidero de bandas carentes de representación en las grandes compañías. Como lo pone Fernando Henry, músico y gestor de Tarántula Recordings, era cuestión de tiempo que alguien empezara a hacerlo por él mismo. Pero resulta que no fue solo uno.
El caso clave para entender este movimiento musical paralelo es el de la discográfica Esquizodelia, de alguna manera el faro que iluminó el camino al resto de estos emprendimientos. Al principio fue la idea de un grupo de amigos con intención de sacar un disco sin esperar por intermediarios que se fue expandiendo a otros grupos con intenciones similares. Fueron pioneros en subir los discos a su sitio web para su descarga gratuita, y también en la búsqueda y el amparo de artistas sin intenciones comerciales.
Las propuestas musicales se fueron ampliando con el acercamiento de gente que no buscaba que hicieran las cosas “por él o para él”, como explica Hiram Miranda, uno de los referentes de Esquizodelia. Ese objetivo de Miranda y sus compañeros generó una mentalidad en el ambiente. Dice él que aparecieron “personas que están dispuestas a perder plata para apoyar a la escena artística local” al igual que ellos antes. Por la vía independiente, Esquizodelia puso de manifiesto que una banda podía grabar y no quedarse la música para sí, sino moverse y generar algo. De nuevo, la frase del principio: ser independiente no es repeler el negocio.
El gran espectro de sellos que existe hoy surgió cuando Esquizodelia implotó tras diferencias de sus integrantes y se convirtió en un colectivo artístico que edita las obras de su producción. De sus cenizas brotó algo nuevo.
Control total
Ese proyecto original ampara hoy cinco sellos: Módulo Records, Feel de Agua, Tarántula, Vía Láctea y Nikikinki Records. Módulo fue de los primeros, una empresa ideada por Juan Branaa –fundador de la primera Esquizodelia– para poder decidir él mismo qué editar. Branaa pretende lograr una vitrina para que las bandas “puedan mostrarse”.
Módulo es tal vez de los emprendimientos más desarrollados; junto con Vía Láctea tienen las páginas web mejor diseñadas para un acercamiento mayor mientras que otros tienen el mecanismo menos aceitado. Es allí donde se descargan los trabajos, en los que Branaa suele participar y recibir derechos de autor junto con el grupo. Como explica él mismo, si cobrara de otra manera, los artistas y él “estarían en distintos bandos”. En este ámbito de colaboración, ese no es el objetivo.
El caso de Vía Láctea es un poco más profundo: según García, un artista no solo pone su disco en la página del sello, sino que debe tener una identificación con el proyecto de trabajo en equipo y autogestión que ellos promueven. De hecho, Vía Láctea no maneja grupos, sino “proyectos”. “Les damos espacio e información acerca de la cultura libre y el licenciamiento de obras artísticas, que es lo que nosotros defendemos”, explica Salvador.
Según Branaa, su sello busca artistas “que hagan música desde el corazón”. “No tienen que estar inventando nada, pero tienen que ser sinceros y reales”, agrega. Si a eso se le suma el lema de Fernando Henry -“A lo comercial no le doy bola, eso me parece que es para los ‘sellos grandes’ que tienen el símbolo de pesos en los ojos todo el tiempo”-, se puede llegar a una nueva definición de este grupo de jóvenes y extraños empresarios de la nueva industria musical: sinceridad sin signo de pesos.
Henry comenzó repartiendo sus grabaciones con una mochila y luego decidió volcarse hacia algo más serio con Tarántula. “También en el catálogo tengo materiales de otros músicos que están haciendo cosas hermosas y que quiero difundirlos”, dice. “No me gusta para nada cómo se manejan las compañías, el trato que se tiene con la obra del músico. Acá en mi sello y en otros hay una cuestión de trato personal, de tener un total control de la obra que uno produce”. La página de Facebook de la compañía lo sintetiza: “100% hacelo vos mismo”. La red social y el mail son las únicas maneras de contactarse con Henry.
Otra identidad
Los hijos de Esquizodelia no son los únicos. Uruguayan Records, por ejemplo, es uno de los proyectos más definidos: un sello que apuesta a una producción sin raíces en la música tradicional local. De acuerdo con Miguel Campal, el inicio estuvo en la frustración, como pasa con casi todos los emprendimientos de este tipo. Al chocarse con la negativa de los grandes sellos a aceptar artistas con “falta de identidad” uruguaya decidieron abrir un canal propio para el estilo que ellos impulsaban.
“Creímos fuertemente en que se elija lo que se elija a nivel artístico, uno es parte de la definición de esa identidad”, explica Campal.
Uruguayan Records es el sello que mejor establece su postura en cuanto a la edición de los trabajos. “La edición física tiene sin dudas cada vez menos relevancia. No es algo que se sienta natural”, explica Campal. “Hoy día el público quiere estar sentado en la computadora o usando un dispositivo móvil y conocer nuevas propuestas musicales sin necesidad de ir a una tienda a comprar un objeto. Preferimos que esa inversión se vuelque a un espectáculo en vivo”. El resto de los emprendimientos son más ambiguos: consideran la edición física de los discos.
A pesar de que no tienen página web, Uruguayan ha logrado repercusión a través de YouTube y Facebook. Su principal artista –la cantante y modelo Micky Cohen- ha cosechado más de 70 mil vistas en sus videos.
Punk de papel
Un ejemplo en esta línea es el de En Los Nervios, un fanzine de punk que se edita desde 2009 y de a poco fue sumando discos a su propuesta. Andrés y Eduardo Delgaldo, los responsables del proyecto, explican que lo primero fue adjuntar al fanzine grabaciones de las bandas que aparecían en él. Luego se aventuraron a producir copias propias.
La organización como sello fue una evolución natural, en el estilo de discográficas como Sub Pop, que impulsó el género grunge de Nirvana en los años 90. Sellos que “habían impulsado movimientos”, afirman, y agregan: “Nos motiva mucho la idea de registrar todo cuanto podamos y aportar a los retratos de cada época”.
Hablando con ellos aparece otro posible lema para esta tendencia independiente. Lo que En Los Nervios busca aparece en cada contratapa del fanzine: “No esperar a que alguien hable para aprender cómo sobrevivir”.