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El movimiento que se va gestando a escala universal en favor de la transformación de la educación y de los sistemas educativos, en gran medida merced a las iniciativas y los logros de la Pre-Cumbre (París, 29-30 junio del 2022) y Cumbre sobre “Transformación de la Educación” (Nueva York, 16-17 y 19 de setiembre del 2022; Naciones Unidas, 2022; UNESCO, 2022; Guterres, 2022), abre discusiones sobre ideas y enfoques que no estaban, en gran medida, analizados en profundidad, visibilizados y encarados con suficiente fuerza en las agendas internacionales multilaterales. Uno de ellos es el reconocimiento y la toma de conciencia que la educación no puede ser solo globalista o localista per se en la medida que somos parte de un solo planeta y mundo con roles y responsabilidades compartidas que expresan diversidad de culturas, afiliaciones y sensibilidades.

No se puede opacar o simplemente ignorar la interdependencia sistémica entre los humanos y la naturaleza como un asunto global, así como tampoco los anclajes y las pertenencias de las personas y comunidades en contextos locales con identidades propias. Nos parece necesario profundizar en cuales podrían ser algunas de las claves fundamentales sobre una educación global y local. Identificamos cuatro aspectos. 

En primer lugar, uno de los efectos más significativos de la pandemia radica en entender más cabalmente la interdependencia planetaria en clave multidimensional y vinculante que esencialmente refleja la necesidad y la voluntad de cooperar entre los humanos en la búsqueda de respuestas comunes a temas globales. No debe subsumirse lo global en una visión única y hegemónica de la globalización ya que legítimamente existen diferentes maneras de entender y posicionar lo global. En efecto, somos parte de un mundo global que no implica la aceptación de la globalización como un hecho dado e inmodificable. 

Una educación global y local asume la interdependencia en toda su extensión con foco principal en los aspectos culturales, sociales y científicos. Por un lado, se trata de entender que las culturas, por más diversas y diferentes que sean, y sin renegar de las afiliaciones y tradiciones, pueden encontrar denominadores comunes para colaborar y hacerse responsable en formar a las generaciones más jóvenes para futuros mejores y sostenibles. Por otro lado, la interdependencia social implica la ideación y creación de imaginarios en torno a un mundo más justo y balanceado en oportunidades porque, en definitiva, las inequidades explosivas intra e interpaíses y entre regiones, no hacen a la interdependencia sino a la dependencia intolerable, esto es, que el bienestar de algunos pocos dependan de la desgracia de muchos. Asimismo, la interdependencia científica se sustenta en que el conocimiento no debería tener fronteras ni monopolios ni dueños, y que, como tal, es un derecho y un bien común global, patrimonio de la humanidad, que esencialmente refleja el derecho a los conocimientos en su máxima amplitud global y local. 
En segundo lugar, una educación global y local se asienta en compartir una serie de referencias y causas comunes que hagan sentido para diversidad de colectivos y grupos, y que contribuyan a que el plantea sea habitable y el mundo posible tal cual señala el pensador camerunés Achille Mbembe (2022). No es cuestión de circunscribirse a la defensa de valores particulares, o de asumirlos como universales y prescriptivos – generalmente asociado a visiones colonialistas - sino de encontrar los puntos de encuentro en aquellas referencias que son esenciales a la persona, y que responden a la pregunta universal formulada por el filósofo alemán Immanuel Kant de que es el hombre. Más allá que cada cultura o afiliación abrigue respuestas saludablemente distintas, lo esencialmente humano como tal no tendría que pasar únicamente por tamices culturales o afiliatorios. 

Nos parece que el concepto de un universalismo diverso e incluyente puede ser una manera efectiva de encontrar un justo balance entre lo común y lo propio (Opertti, 2019). No se trata de un universalismo circunscripto a una visión occidental y hegemónica sino de asumir el desafío de edificar sobre referencias comunes y vinculantes que hagan precisamente, como se señaló, al planeta habitable y al mundo posible. Un universalismo que, en efecto, aprecie e incluye la diversidad de maneras de encarar tales desafíos bajo la máxima que se pueden encontrar denominadores comunes entre culturas diferentes sin opacarlas ni minimizarlas, Asimismo, no todo es justificable y exento de referencias comunes aduciendo que es cuestión de respetar tradiciones bajo el rótulo de sagradas o con acepciones similares. En efecto, un universalismo que aprecie la diversidad en sus máximas expresiones se diferencia claramente de los burdos culturalismos, de los localismos auto referenciados y de los universalismos asimétricos e injustos. 

Las referencias comunes a un universalismo diverso e incluyente se sustentan en promover la libertad de las personas y de los grupos para expresarse, así como crear y compartir sin fronteras ni restricciones. La libertad como referencia universal, y como sostén insoslayable del pensamiento autónomo, crítico y creativo, se sitúa por encima de toda definición y justificación atinentes a culturas, contextos y circunstancias particulares.

En tercer lugar, una educación global y local implica abrirse al reconocimiento que el conocimiento se gesta, desarrolla y comparte en diversidad de culturas y contextos como respuestas a los desafíos que ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia, para reproducirse, desarrollarse y sostenerse. El conocimiento como tal no es patrimonio ni monopolio de una cultura, por mas “desarrollada” que se le defina como tal, así como tampoco puede reducirse a visiones y prácticas hegemónicas de algunas culturas y pueblos en particular. 

El posicionamiento y vitalización de los conocimientos locales es clave en varios planos complementarios. Por un lado, tiene que ver con hacer justicia a saberes del mundo que han estado colonizados, minimizados y sub valorizados en su relevancia a la luz del propósito de ampliar, profundizar y sustentar diversidad de perspectivas sobre temas que hacen a la humanidad en su conjunto. Por otro lado, los conocimientos locales en diálogo propositivo con otros tipos de conocimientos pueden desempeñar un rol clave en buscar precisamente respuestas comunes a temas de la humanidad que no se pueden encarar únicamente desde visiones y prácticas localistas.

En cuarto lugar, una educación global y local requiere de propuestas curriculares y pedagógicas que redefinan el para qué, el qué, el cómo, el dónde y cuándo de educar, aprender y evaluar de cara a redefinir las bases culturales, políticas, sociales y económicas de la sostenibilidad de las sociedades a presente y futuro y a la luz de entender la interdependencia global como un asunto de supervivencia, bienestar y desarrollo vinculante. Se trata de asumir el desafío de repensar los saberes que son requeridos para formar a las nuevas generaciones en lo que el pensador francés Jacques Attali (2022) define como el nuevo cuadrivio entre arte, ciencia, ecología y ética, así como los valores (respecto de si y de la vida, empatía, altruismo, el placer de aprender y el amor a la verdad) de una manera mucho mas personalizada y conectada con todos los alumnos por igual.

Bajo el desafío de buscar respuestas que implique repensar la educación y el currículo, la Oficina Internacional de Educación (OIE-UNESCO), que es el instituto de la UNESCO que a escala global se especializa en los temas vinculados al currículo, a los aprendizajes y asuntos conexos, propone el concepto de currículo endógeno (Opertti, 2021). Se le entiende como una manera posible de redefinir las relaciones entre lo global y lo local, y en particular, contribuir a transversalizar los conocimientos, las culturas y las afiliaciones locales en las propuestas y desarrollos curriculares y pedagógicos. No se trata de preconizar un currículo localista ni auto referenciado sino de entablar diálogos constructivos entre saberes a diversas escalas para formar mejor y más comprehensivamente a las nuevas generaciones. La revalorización de los saberes locales no puede quedar solo circunscripto a reparar injusticias – cuestión totalmente legítima - sino puede también implicar animarse a forjar futuros mejores sobre la base de la complementariedad de saberes emanados de diversidad de culturas y credos. 

Un renovado diálogo entre saberes requiere de encuentros más horizontales, inclusivos, empáticos y constructivos entre diversidad de “stakeholders” que en general, no disponen de espacios para forjar procesos de construcción colectivas sostenibles en el tiempo. Un currículo endógeno se sostendría en actores e instituciones comprometidas y responsabilizadas en su desarrollo y gestión, y ya no solamente convocados para participar o para simplemente recabar sus inquietudes y tomar “debida nota”.

Un currículo endógeno se podría desarrollar a través de cinco enfoques complementarios: (i) inter e intra generacional que propenda a establecer referencias y bases comunes de convivencia, desarrollo y bienestar sustentado en compartir responsabilidades y compromisos vinculantes; (ii) intersectorial ya que se entiende que progresar hacia efectivizar el derecho a la educación, a los aprendizajes, a los conocimientos y la conectividad gratuita en educación requiere del fortalecimiento de la educación como política cultural, social, económica, ciudadana y comunitaria; (iii) interinstitucional que coadyuve a tender puentes y remover barreras entre múltiples formas de entender y gestionar la educación; (iv) interseccional que combata frontalmente prejuicios y discriminaciones así como los discursos y las prácticas clasistas, de odio y racismo; e (v) inter comunitario que valorice los aportes de las comunidades locales en forjar saberes relevantes y sostenibles para formar a las nuevas generaciones en visiones y prácticas más inclusivas y tolerantes a diversidad de credos y afiliaciones. 

Finalmente, el soporte de un currículo endógeno va a residir en los entendimientos entre sistema político, sociedad civil, ciudadanía y sistema educativo, en torno a un contrato social de amplio y sólido sustento programático (UNESCO, Comisión Internacional sobre los Futuros de la educación; 2021), así como fortalecer los modos de gobernanza y apoyos institucionales y financieros requeridos, que contribuyan a efectivizar nuevas maneras de entender el rol de la educación en las vidas individuales y colectivas. 

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