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Si estamos de acuerdo que Uruguay es un país agropecuario, lo que está ocurriendo en la coyuntura ganadera debe preocupar a todos. En eso tiene razón el presidente José Mujica.

¿Qué ocurre? Durante los últimos años se intensificó la producción ganadera por varios motivos: la valorización del ganado y de la carne en los mercados externos; la expansión agrícola que permitió tener más comida y mejorar los procreos; el acceso a nuevos mercados –solo resta Japón– y la nueva Cuota 481 de alta calidad de carne terminada a grano. A ello hay que sumar, la concreción de la trazabilidad, la certificación de procesos –Uruguay Natural– y productos y un estatus sanitario reconocido. Pocos países reúnen tantas condiciones en el mercado cárnico. En ese contexto, la industria frigorífica se sumó al camino productivo y reclamó 3 millones de terneros. Y los 3 millones de terneros llegaron en 2013. Fue la frutilla en la torta que terminaba con la capacidad industrial ociosa. Era el paraíso: producción, industrialización, precios y mercados para ambos. Con el novillo gordo a US$ 3,80 el tren se paró. Comenzó a bajar el precio –hasta US$ 3,25, según Consignatarios–, se cayó la faena y los campos tienen un stock que no se soporta. Los buenos precios de la carne en los mercados externos continúa. Tiene razón el presidente: hay que preocuparse.

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