El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató ataques en las últimas semanas contra algunos de sus adversarios, la mayoría de ellos integrantes de minorías que lo acusan de tratar de sembrar discordia en el país.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató ataques en las últimas semanas contra algunos de sus adversarios, la mayoría de ellos integrantes de minorías que lo acusan de tratar de sembrar discordia en el país.
El mandatario es recurrente en devolver los golpes con fuerza y luego recular, además de rechazar las acusaciones en su contra. "Soy la persona menos racista del mundo", dijo a periodistas en la Casa Blanca.
En las dos últimas semanas, Trump atacó a cuatro congresistas demócratas, a un legislador negro, representante del área de Baltimore, y a un activista de los derechos civiles de minorías, mientras aviva a su base -conformada mayoritariamente por hombres blancos conservadores- de cara a las elecciones de 2020.
El abierto y polémico reverendo Al Sharpton ha sido un referente en la comunidad afroamericana durante 30 años, pasando de ser un apasionado partidario de las causas negras en Nueva York a un influyente activista de los derechos civiles.
Cuando anunció el lunes que visitaría Baltimore para defender a esta ciudad de mayoría negra de la costa este, recientemente catalogada por Trump como "infestada de ratas y roedores", el presidente atacó.
"Al es un estafador, un agitador", señaló Trump, quien conoce a Sharpton desde hace décadas. Así echó más leña al fuego en su cuenta de Twitter: "Odia a los blancos y los policías!"
Sharpton, ahora de 64 años, se hizo un nombre como una voz de los descontentos, a menudo marchando en apoyo de las víctimas de la brutalidad policial. Fue encarcelado algunas veces por su activismo.
A medida que su relevancia personal creció, se vio acusado de mal uso de fondos, se topó con problemas de impuestos y se enfrentó a acusaciones de avivar las divisiones raciales. Y, aunque moderó su enfoque en los últimos años, el lunes respondió al presidente diciendo que "tiene un veneno particular hacia los negros".
El fin de semana, Trump lanzó un recio ataque contra Elijah Cummings, un respetado veterano con 23 años en el Congreso.
Cummings, que es negro, es un crítico de alto perfil del gobierno en el Congreso, donde preside el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, que está realizando investigaciones sobre Trump y su administración.
Nació y creció en Baltimore, y representa a la ciudad de Maryland, a solo 72 km al noreste de la Casa Blanca.
El domingo, en un lenguaje que los demócratas calificaron inmediatamente como racista, Trump dijo que el distrito de Cummings es un "desorden infestado de ratas y roedores", donde "ningún ser humano querría vivir". Además lo calificó de "racista" y dijo que "¡su 'supervisión' radical es una broma!".
Cummings, de 68 años, le respondió el domingo con otro mensaje en Twitter: "Señor presidente, voy a casa a mi distrito todos los días. Cada mañana, me levanto, y voy y lucho por mis vecinos".
Las tormentas de tuits cargadas de tinte racista por parte de Trump comenzaron a mediados de mes con su sorprendente llamamiento a que cuatro congresistas provenientes de minorías étnicas, todas ciudadanas estadounidenses, "regresen" a sus países si no les gusta como marcha Estados Unidos.
Los mensajes de Trump, en los que se refirió a las legisladoras como "un grupo de comunistas" que "odian" Israel y Estados Unidos, estaban dirigidos al cuarteto llamado el "Escuadrón".
Estas legisladoras progresistas demócratas en ascenso, que ejercen su primer mandato, son Ilhan Omar y Rashida Tlaib, las dos primeras mujeres musulmanas en el Congreso, junto con Alexandria Ocasio-Cortez (de origen puertorriqueño) y Ayanna Pressley (de raza negra).
Trump ha tenido un problema particular con Omar, una refugiada somalí que se encontró en problemas este año cuando sugirió que el dinero de lobbies es la razón por la que tantos políticos estadounidenses apoyan a Israel.
Ocasio-Cortez, en tanto, es seguidora de una línea más populista que introdujo la iniciativa del Green New Deal -tratado que establece medidas drásticas para reducir las emisiones de carbono-, y que Trump calificó como un asalto socialista a la economía estadounidense.
Tlaib llamó la atención por el fuerte lenguaje que empleó al manifestar su deseo de que Trump sea destituido, mientras que Pressley lo hizo al decir que el Partido Demócrata no necesita "más caras negras que no quieran ser voces negras".
Fuente: AFP